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domingo, 20 de abril de 2008

ORFEO ANTE LOS DEVORADORES DE TRAGEDIAS



Traes tierra en la boca,
desconocido,
y en tus ojos extranjeros
tiembla para siempre
el fulgor de la pérdida.
Quién fecundará esta noche
nuestros pálpitos sino tú,
engendrado en los odios de otros.
Sentimos el frío, ciertamente,
el mutuo abandono
en la sombra reconfortante.
Detestamos el silencio que nos define.
Tú, que has producido en tu imprudencia
una lástima inservible,
recoge para nosotros el dolor
que arrojaste
o las sombras que te acechan
acabarán devorándote.
Hazlo, desdichado.
Si no es así,

de qué entonces al abismo descender te sirve.

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