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jueves, 17 de julio de 2008

LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS

A menudo resulta complicado distinguir entre la propuesta meramente comercial y el designio artístico con que nace cada película, quizá porque en principio ambos elementos deberían ser las caras de una misma moneda: destreza y entretenimiento unidos en un efímero producto. No siempre sucede así. Hollywood nos tiene acostumbrados a esos taquillazos denostados por la misma crítica que luego ensalza dramas nórdicos o experimentos estonios que casi nunca superan la barrera de la versión original. La balanza se agita entre los dos aspectos, destreza y entretenimiento, con una virulencia incontrolable, mientras el público adolescente demanda mucho, mucho más o mucho, mucho menos.
Sin embargo, en contadas ocasiones y sin que sirva de precedente, surgen películas que se acercan a la conjunción deseada, autores que recogen lo mejor de nuestro tiempo para elaborar joyas personales que ante el éxito serán luego imitadas una y otra vez. Juntemos en el mismo saco un poco de animación y diseño, cierto dominio de la publicidad y el video-clip, la fascinación por el comic y el surrealismo, la escenografía futurista y un gran angular ojo de pez. Puede que por arte de magia todo se transforme en una película de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro.
Esta pareja de locos franceses nos regaló en 1991 una comedia negra apocalíptica sobre carniceros convertida en objeto de culto: Delicatessen. La película creó escuela: humor, amor y misterio a todo color, oscilaciones rocambolescas entre los resortes de la "Nouvelle Vague" y el Freaks de Tod Browning. En España, por ejemplo, se advierte el mismo tono visual y estético en comedias como El milagro de P Tinto.
Su peculiar estilo fue incorporado años después al cine norteamericano, al que Jeunet y Caro aportaron la cuarta entrega de Alien (Alien:Resurrection). Luego, de regreso a Europa, Jean-Pierre Jeunet continuó su carrera en solitario por derroteros de éxito como Amélie o Largo domingo de noviazgo. Pero (como diría Michael Ende) esa es otra historia que deberá ser contada en otro momento.
Antes de su aventura americana Jeunet y Caro realizaron uno de sus trabajos más destacados, La ciudad de los niños perdidos, oscura fantasía de enrevesado guión y fotografía impecable que narra las andanzas de un doctor que secuestra a niños para robar sus sueños. Recuerdo haberla visto en el cine antes que Delicatessen, en versión original y con poco público. También recuerdo mis búsquedas infructuosas del DVD, aliviadas hace muy poco. Recuerdo la sensación de poesía que desprendían aquellas imágenes, el barroquismo, la cara de botarate de un duplicado Dominique Pinon, la gigante tristeza de Ron Perlman (los dos actores fetiche de Jeunet y Caro).
La ciudad de los niños perdidos, una metáfora adherida a lo imposible, una parábola sobre nuestro destino forzoso en un mundo de adultos. Ahí van los datos técnicos y el trailer.

Título: La ciudad de los niños perdidos (1995)
Título original: La Cité des enfants perdus (Francia)
Dirección : Jean-Pierre Jeunet & Marc Caro.
Reparto : Ron Perlman, Daniel Emilfork, Judith Vittet, Dominique Pinon, Jean-Claude Dreyfuss, Geneviève Brunet, Mireille Mosse, Serge Merlin, Mapi Galán.


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