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martes, 28 de octubre de 2008

MÍRATE A LA CARA

Como esfinges aladas, altivos los ojos, dos caminos ciegos frente a frente. Mírate la cara en el espejo de esta pocilga, por qué demonios dices que soy tu amante. Cuando lo esperado no existe, allí uno y otro, abismos de papel a cada lado. Desconecto la mandíbula de tus sueños de cristal para afeitarme remoto, entre huesos lenguaraces: tal vez sea eso lo que quieres. Hiede el aire reconcentrado, la mesa de los círculos estólidos, tópico de colillas y cascos verdes ávidos, cerveza y algo de whisky, eso es todo lo que se derrama en este minuto ajeno, ahora, como cualquier mañana demasiado brillante para la resaca. Una mosca se alimenta de mi sangre, ella es sólo para mí. Por qué no montarla y agarrado a sus alas volar hacia un cielo terso. Y él se abre paso a través de la tregua que le da el ventilador, tropieza con un libro pringado de alcaparras y casi se desnuca en el impulso del salto, abandonándose vencido al vómito con el que cede su alma, apenas a un metro, junto a la taza del váter. Ella es lo que verdaderamente necesito, ella es sólo para mí, vacía mi vacío, roe a Dios en mi cabeza, tan absurdo como hierro entre neuronas. Izado al fin sobre el trono, reflexiona, no encuentra el papel higiénico pero no importa, siempre podrá arrancar las hojas de alguna revista. Si bebes del lúbrico labio, si el ansiolítico envenenara un poco más esta locura podría ser tu rey en la tristeza de los necios, encantado mercenario de tu mundo. Pero la sucia cara se refleja en el espejo de esta pocilga, una lengua víctima que dirime el chicle fresa y nunca vuelve, o la bala atraviesa el vidrio que se hunde como un barco panameño, una sobrecarga más de sexo y se levanta, ardiente. Sal de aquí. Giro mortal en mitad del ascenso, el ojo que sin quererlo asusta. No puedes ignorarlo, ha cortado tu mano delatora. Lamo las cisuras. Ella es sólo para mí, ella es lo que verdaderamente necesito.

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