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martes, 14 de abril de 2009

AMSTERTIME


Podré recordar la hoja de seis dedos

impresa en el plástico,

retornaré sin duda en la memoria

de neones insólitos y algo simples

como una sombra borrosa más,

inclinada en la llama y la hebra y el señuelo.

Será tu imagen guardián de mi espalda,

la luz que se adentra para salvarme del chasquido

cuando cruzo despistado cada noche

las vías medio vivas de la Rembrandtplein.

Ik zie je graag.

No tendré que buscarte en otro gesto

porque siempre inundarás de voz mi calma,

no tendré que buscarte soñando amaneceres sin techo,

imaginando la curva bajo las sábanas,

bajo la cortina de lluvia que resuena en el baño

mientras aquí proclama borborigmos

el indolente café de los domingos.

Volverás a regalarme el borde de las calles

como ese dulce endurecido en el que resuenan todavía los dientes,

y en las terrazas madrugadas,

habitadas por el viento solamente,

ajenjo amor, deleite.

Yo mismo engendraré los restos

de alguna de mis vidas,

pediré la cuenta en mal inglés,

y abriré la puerta,

como una sombra más,

esfumándome en la llama y la hebra y el señuelo.


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