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domingo, 14 de junio de 2009

EL HECHIZO


El hechizo sobrevuela nuestro espacio,
legión invulnerable, asombrado espíritu,
el hechizo cae ahora como líquido ardiente,
justo en la mitad de un pensamiento:
mientras las nubes se alejan es imposible
vislumbrar el paisaje.
Un lago de sangre se despeña en el abismo
por torrentes palpitantes que recorren los brazos,
como un grito en curso sobre la llanura mortal,
surcada por arcángeles-destino.
¡Qué pequeño es nuestro mundo!
Cada cual es la amenaza de si mismo.
Con qué atrevimiento se van deslizando las consecuencias
de nuestra propia libertad.
Sedación y hechizo,
moderada corrección,
vida en conserva.
El fascinante mecanismo de las hormigas se aceda
en las vísperas tormentosas.
No hay matices en este tablero blanco y negro.
Quién demonios ha mirado más allá.
Sobreviven las gastronomías de las más pequeñas patrias,
el absolutismo del cincuenta por ciento,
los volcanes globales dirimidos en magníficas mesas,
las vociferantes fes de siempre,
ancladas a profetas, largas togas, faraones y altavoces,
la mentira de dos caras que, apoyados en atril,
difunden los modernos sofistas cada vez que hablan,
las migajas disputadas en convincente lucha:
esto no es un valle de lágrimas,
es la enésima partida que culmina en tablas,
la peonza que gira una y otra vez sobre un mismo punto inmóvil.
El hechizo sobrevuela nuestro espacio,
el hechizo que cae como líquido ardiente,
justo en la mitad de un pensamiento.
Todo está bien.
Acaso todo va bien.
¿Es eso lo que crees?
Todo está bien, todo va bien.
Hay una reina, muchas obreras y algunos zánganos.
Todo está bien.
Hay también rey, dos alfiles, caballería, defensas y suficientes peones.
Todo va bien.
Banderolas de colores se agitan desmedradas en los puentes.

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