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lunes, 8 de junio de 2009

MORFOLOGÍA DEL CUENTO

A veces la Filología se me escapa por los pespuntes recosidos de las venas para recordarme dónde estuve un día. Las tediosas mañanas en las que el estructuralismo ruso iba desplegando su afán clasificador y axiomático sobre los pupitres dormidos de la facultad han vuelto como un soplo de aire profano invadiendo la tranquilidad del templo.
Caperucita y el lobo comparten suaves sábanas de blonda en el grabado de Doré, y me pregunto quién de los dos es más ingenuo.
Es entonces cuando pienso en la leyenda de la que surge este cuento y recuerdo con toda nitidez ese momento en que descubrí que tiene más de una versión: la más antigua de Charles Perrault (1697), una Caperucita que es una leyenda cruel y sanguinaria plena de erotismo, en la que el lobo acaba con la niña; la más difundida, de los hermanos Grimm (1812), versión inocente en la que triunfa el bien sobre el mal, un cuento que se puede contar a los niños sin asustarlos, porque la abuelita y la niña se salvan de las garras del lobo.
Y esa primordial existencia de varias versiones contrapuestas funciona como la magdalena de Proust y su aroma me transporta de nuevo a las tediosas mañanas estructuralistas para darme cuenta de que no lo he olvidado todo, para darme cuenta de que alguna de las cosas aprehendidas a lo largo del tiempo han valido la pena a nivel creativo o formal, aunque sólo sea para descartarlas.

El señor de la foto es Vladimir Propp, del que precisamente extraigo estos recuerdos filológicos fundamentales. Este sabio pasó su vida dedicado al análisis de los componentes básicos de los cuentos populares rusos desde un punto de vista estructural para identificar sus elementos narrativos irreducibles más simples. Su teoría fue plasmada en Morfología del cuento, obra publicada en ruso en 1928 pero no difundida en Europa hasta los años 50.
En ella Propp desarrolla una analogía entre la narración y la estructura de la frase, si comparamos el “sujeto” de una frase con los personajes típicos (héroe, villano, etc.) y el “predicado” con los acontecimientos típicos de tales narraciones.
Aunque en cada uno de los cuentos exista toda una profusión de detalles, los mismos están construidos sobre el mismo conjunto de 31 “funciones”. Una función es una unidad básica del lenguaje narrativo y hace referencia a las acciones significantes que forman la narración. Estas funciones siguen una secuencia lógica y, aunque ningún cuento las incluye todas, en todos los cuentos las funciones conservan su orden.
Estas son las funciones señaladas por Propp:

01) Alejamiento. Uno de los miembros de la familia se aleja.
02) Prohibición. Recae una prohibición sobre el héroe.
03) Transgresión. La prohibición es transgredida.
04) Conocimiento. El antagonista entra en contacto con el héroe.
05) Información. El antagonista recibe información sobre la víctima.
06) Engaño. El antagonista engaña al héroe para apoderarse de él o de sus bienes.
07) Complicidad. La víctima es engañada y ayuda así a su agresor a su pesar.
08) Fechoría. El antagonista causa algún perjuicio a uno de los miembros de la familia.
09) Mediación. La fechoría es hecha pública, se le formula al héroe una petición u orden, se le permite o se le obliga a marchar.
10) Aceptación. El héroe decide partir.
11) Partida. El héroe se marcha.
12) Prueba. El donante somete al héroe a una prueba que le prepara para la recepción de una ayuda mágica.
13) Reacción del héroe. El héroe supera o falla la prueba.
14) Regalo. El héroe recibe un objeto mágico.
15) Viaje. El héroe es conducido a otro reino, donde se halla el objeto de su búsqueda.
16) Lucha. El héroe y su antagonista se enfrentan en combate directo.
17) Marca. El héroe queda marcado.
18) Victoria. El héroe derrota al antagonista.
19) Enmienda. La fechoría inicial es reparada.
20) Regreso. El héroe vuelve a casa.
21) Persecución. El héroe es perseguido.
22) Socorro. El héroe es auxiliado.
23) Regreso de incógnito. El héroe regresa, a su casa o a otro reino, sin ser reconocido.
24) Fingimiento. Un falso héroe reivindica los logros que no le corresponden.
25) Tarea difícil. Se propone al héroe una difícil misión.
26) Cumplimiento. El héroe lleva a cabo la difícil misión.
27) Reconocimiento. El héroe es reconocido
28) Desenmascaramiento. El falso queda en evidencia.
29) Transfiguración. El héroe recibe una nueva apariencia.
30) Castigo. El antagonista es castigado.
31) Boda. El héroe se casa y asciende al trono.

No es difícil darse cuenta de que estas funciones no sólo se presentan en los cuentos folklóricos rusos y no rusos, sino también en comedias, mitos, epopeyas, libros de caballería y narraciones, antiguas o contemporáneas, en general.
Propp añadió siete “ámbitos de elección” o roles a las 31 funciones: villano, donante (proveedor), colaborador, princesa (persona buscada) y su padre, ejecutor, héroe (buscador o víctima) y falso héroe. Por ejemplo, Edipo es a la vez héroe, proveedor, falso héroe e, inclusive, villano.
En fin, lo dicho, a veces la Filología se me escapa por los pespuntes recosidos de las venas para recordarme dónde estuve un día. Espero no haber sido demasiado tedioso y estructuralista.
Si queréis profundizar más en el texto de Propp, pinchad en Morfología del Cuento.

Propp, Vladimir, Morfología del Cuento, Madrid, Akal, 1998.

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