Pages

miércoles, 2 de junio de 2010

GEOGRAFÍAS LITERARIAS: GÁRGOLAS EN LA GALERIE DES CHIMIÈRES (NOTRE-DAME DE PARIS)

Grupo de gárgolas obra del arquitecto y restaurador Eugène Emmanuel Viollet le Duc oteando el horizonte de París desde la Galerie des Chimières de la catedral (Notre-Dame) de París.

Un sueño alguna vez cumplido: ascender a través de la intermitable escalera que lleva a la Galerie des Chimières, ese estrecho corredor al aire por encima del rosetón que flanquean las dos torres de Notre-Dame de París, apoyarse en la balaustrada sintiéndose por un momento en vilo, a la merced del viento, y entonces otear a lo lejos, contemplar ese paisaje urbano, el Sena rompiendo en dos la imagen como buena cicatriz cruzada de puentes, y en algún lugar del panorama una torre inconfundible y metálica, mucho más joven que estas piedras; o desviar la mirada hacia el atrio, émulos de Quasimodo, para comprobar la relatividad de los espacios y, una vez más, nuestro proverbial aspecto de hormigas.
Por el Quasimodo jorobado y heróico que inmortalizó Victor Hugo (1802-1885) subimos y subiremos muchos hasta aquí, para comprobar una y otra vez, a vista de gárgola, que Esmeralda ha escapado de la horca y ahora se fotografía junto a los transeúntes que recorren la gran explanada. Es innegable que lo que hizo aquel jovenzuelo de veintiocho años al publicar en 1831 esa gran novela dividida en once entregas titulada Notre-Dame de Paris fue catapultar el edificio (ya de por sí importante) hasta esa suerte de mito romántico que es hoy. Mito trágico que nada tiene que ver con la adaptación de Disney. Mito gótico-literario, además del original arquitectónico. Consiguió dar vida a estos muros, humanizarlos de algún modo. Tal es el poder de la literatura. A veces.
La fotografía que encabeza este texto os puede dar una ligera idea (a los pocos que aún no hayáis estado allí) de lo que os cuento. El grabado de más abajo fue realizado por Alfred Barbou para la primera edición del texto de Victor Hugo. Como curiosidad, ni las gárgolas de la fotografía ni las del grabado estaban ahí en 1831, cuando Victor Hugo escribió Notre-Dame de Paris. Son una ficción, una reconstrucción del pasado. En efecto, no fue hasta 1844 cuando comenzó la restauración de la catedral de París, devastada por el paso del tiempo, las revoluciones y otros acontecimientos. Eugène Emmanuel Viollet le Duc, arquitecto encargado de la misma, completó la balaustrada de la Galerie des Chimières con las gárgolas decimonónicas que hoy conocemos, mucho más grandes que las originales y desaparecidas de origen medieval. ¿Se basó en aquellas o en el texto de Victor Hugo? En realidad no importa demasiado. Están bien ahí donde están, presidiendo esta geografía literaria.

ARCHIVO 02: Galerie des Chimières, Notre-Dame de Paris, con los codos apoyados, la mirada hacia adelante...


Ilustración de la edición original de Nuestra Señora de París, de Victor Hugo, realizada por Alfred Barbou (1831).

No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

Dádle voz al oráculo