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lunes, 25 de abril de 2011

ESTRUCTURA

Libros apilados en una instalación de Matej Krèn

Habitante esporádico que ha de ajustarse a la desconsideración del prisma, un dolmen se yergue en cada espléndida terraza, gigante con pies de barro. Las sombras impactan sórdidas sobre efímeras trazas de luz, expuestas a la sustitución metamórfica. No busquéis aquí la antigüedad obsoleta del templo, el riesgo reservado a unos muros amedrentados por los flashes y el eco. La traición a la lengua prospera cada vez que una idea se complica. Generaciones enteras de espectros han concebido a su modo la estructura. Cada anodina revolución soporta su camino de vuelta. No saber, desconocer. Es más fácil repetirse cuando las costumbres forjan un borrón y cuenta nueva. Y aún así algo avanza. Un horizonte que arrebaña el plato, un maestro que incita a la perversión, la impasible mirada de los bueyes, prendida en el valor de la etiqueta; las orlas, los circos, el amor, la rebeldía, los delirios, los ritos, las drogas, los futuros, los miedos y equipajes, las iglesias, los primeros muebles que pronto ocuparán el espacio vacío de la inminente deuda. Y al final la muerte, aceptada sin asombro. Y aún así algo avanza. Habitante esporádico, a lo lejos veo esa multitud desconocida con la que comparto todo y entonces siento batir alas sin voz y mi cabeza despierta una imagen cotidiana que no quiero, esa extraña rabia, esa efervescencia anunciada, ese relincho de potro insolente que me descabalga y arroja, fardo de huesos, sobre las líneas retorcidas del fango.


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