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viernes, 1 de julio de 2011

BARES DE LIBRO, LITERATURA EN LOS BARES


Aunque no existen datos concretos sobre el asunto, lo más probable es que ya hubiera algún que otro bar abierto en la Malasaña prehistórica, y a tenor del comportamiento neandertal que siguen demostrando muchos de los que se acodan en las barras podríamos extraer la nada imparcial conclusión de que el proceso evolutivo de nuestra especie resulta, todavía y esencialmente, lento.
Malasaña, bares. Bares, Malasaña. La movida madrileña (sobre todo, aunque no solo, musical) se agitó mucho por aquí en los 80. De aquella época quedan en pie un par de bastiones: La Vía Láctea, el Penta...
Mi desembarco ya tardío en el barrio se remonta a los 90 largos. Recuerdo algún chinazo lanzado por los vecinos, indignados por las meadas en los portales, por el rumor tamborilero de la Plaza del dos de Mayo, por los atardeceres en las Cumbres de Gredos y el abismo oscuro de los plásticos manchados de kalimotxo, allá, de madrugada. También recuerdo el Chill Out, y el Mecánico, el Tupperware, el Jazzmadrid...
Todo fluye, nada permanece, pensó Heráclito al mirar el río del tiempo. Luego llegaron otros momentos más pausados. Star Café, Café Manuela, Redbar... y partidas de ajedrez y de Trivial y hamburguesas... o noches de música experta y amigos en el Only You. Malasaña. Bares.
Con lo que no contaba era con la literatura. De pronto nos topamos con el Bukowski Club. Un punto de encuentro cultural. Unas fabulosas jam de poesía en las que todo el mundo tenía su momento, su voz. Allí conocí a Carlos Salem y a Inés Pradilla, allí se forjaron las primeras colaboraciones, las primeras publicaciones, allí me arrejunté con la mayoría de los que ahora son mis amigos y compañeros de letras... y de bares.
Todo fluye, nada permanece, pensó Heráclito. Es el espíritu del cambio. Tocó crecer y concebir y ser padre. Tocó deshacerse de los bares y perfeccionar la escritura, dejar paso a otros en la noche, ver las cosas desde una hermosa, cercana barrera. Malasaña crece culturalmente. La música, terriblemente limitada por las ordenanzas municipales, está en declive, pero la literatura, la poesía, el relato... el estilo jam implementado por el Buko se ha expandido por el barrio, ramificándose en librerías, editoriales independientes y, cómo no, en otros bares. Nueva movida, como dicen algunos, no promovida por el ayuntamiento, ni por ninguna de las instituciones habituales. Movida literaria. Forjada en los bares.
Por eso es agradable conocer la existencia de una antología de relatos como esta que publica Amargord, La vida es un bar -Cuentos de Noche- Malasaña, un libro que recoge textos vidriosos y brillantes sobre el proceloso mundo de los bares: el contenedor de borrachos y escritores que se transforma en sujeto literario. Es impagable saber que han sido seleccionados (con toda la lógica del mundo) por Carlos Salem. Y que entre sus páginas hay gente como Inés Pradilla, Daniel Orviz, Rafa Sarmentero, Daniel Ortiz Peñate, Talía Luis Casado, Marcelo Luján, Olaia Pazos, Marcus Versus, José Ángel Barrueco... y mi querido Daniel Herrera, entre otros muchos y buenos inquilinos de barra y/o editores de libros.
Hoy 1 de julio de 2011 la antología se presenta, como no podía ser de otra forma, en los Diablos Azules (c/ Apodaca, 6, Metro Tribunal, Malasaña, MADRID), un lugar que ha recogido toda esta red de experiencias literario libertarias al calor de las cervezas. Será a las 21:30, hora española. Salem y muchos de sus autores estarán allí para leer, beber y firmar ejemplares (no sé en que orden). No os lo perdáis si estáis por Madrid. Si no es así, tenéis la posibilidad de visualizar el evento en directo a través de http://www.lahojaenblanco.es/, en cualquier playa o agujero del mundo.

PD. La próxima vez seré más breve, pero qué quieres Carlitos, a veces no puedo contenerme.

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