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miércoles, 19 de octubre de 2011

GEOGRAFÍAS LITERARIAS: LOS ESPEJOS DEL CALLEJÓN DEL GATO


No por conocidos dejan de sorprender estos espejos deformantes. Aunque sean una mera reproducción en plástico brillante o nos parezcan, al pasar por delante, mucho más pequeños de lo que esperábamos. Al pasear por este tabernario callejón del Gato (o más bien de Juan Álvarez Gato, ilustre poeta madrileño cancioneril que fue mayordomo de la católica Isabel) resulta imposible sustraerse al impulso que guía la mirada en busca del reflejo que nos devuelve nuestra imagen menos profunda, quizá más real: convexo sanchopancesco, cóncavo quijoteril. Ingenio físico que no debería ir más allá de un truco de feria, y eso es lo que sucede a menudo con los viandantes, divertidos, vocingleros, extasiados ante su propio rostro enmendado, contentos luego al reanudar su camino hacia Sol o a Santa Ana.
Pero ahí, en la idea del espejo enfrentado al camino empieza ese todo literario tan importante que marcó el siglo XIX y buena parte del XX, el realismo, definido con precisión por Stendhal. "La novela es un espejo que ponemos en el camino", señala, insiste el bueno de Henry Beyle en una de esas frases lapidarias que casi son lugares comunes.
Ramón María del Valle-Inclán, mucho más moderno y mucho menos decimonónico, debía cavilar a menudo sobre el asunto con el secreto afán de removerlo. En la raíz del problema, otra vez el espejo, y una conclusión aparentemente parecida a la de Stendhal pero mucho más brillante, en boca de un tal Cervantes (otro ilustre habitante y manco de la Villa y Corte madrileña) que al definir la comedia decía que esta "nos pone un espejo a cada paso delante, donde se ven al vivo las acciones de la vida humana".
El manco que se paseaba por el callejón del Gato desarboló la tragedia. Aunque todo maquinaba ya en su cabeza, aquellos reflejos aberrados debieron de apuntalar, casi seguro, el nuevo concepto artístico de Valle-Inclán, el hoy tan cacareado esperpento. Los espejos deformantes reflejan la realidad de forma ridícula. Los hechos más grandilocuentes pierden el regusto trágico y moral en mitad de la extravagancia. Y por ello mismo el mensaje resulta más efectivo. Valle-Inclán comentó en una de sus entrevistas que "... estoy iniciando un género nuevo, al que llamo género estrafalario. Ustedes saben que en las tragedias antiguas, los personajes marchaban al destino trágico, valiéndose del gesto trágico. Yo en mi nuevo género también conduzco a los personajes al destino trágico, pero me valgo para ello del gesto ridículo. En la vida existen muchos seres que llevan la tragedia dentro de sí y que son incapaces de una actitud levantada, resultando por el contrario grotescos en todos sus actos". Eso es el esperpento, representado metafóricamente por la mejor imagen posible: los espejos deformantes del callejón del Gato.
Hoy en día, mucho tiempo después de toda esta morralla literaria, los dueños del bar Las Bravas, local que mantiene la tradición especular del transitado callejón, nos brindan la posibilidad de rememorar esos paseos de escritores. Tal vez, ante el rotundo olor de sus patentadas patatas bravas, Max Estrella hubiera dudado un momento antes de irse esperpénticamente de este mundo. Así nos vuelve reflejada su figura, junto a la de su lazarillo don Latino de Hispalis, en ese libro deslumbrante y casi irrepresentable obra teatral conocida en el mundo entero como Luces de Bohemia (Esperpento):

MAX: ¿Debe estar amaneciendo?
DON LATINO: Así es.
MAX: ¡Y que frío!
DON LATINO: Vamos a dar unos pasos.
MAX: Ayúdame, que no puedo levantarme. ¡Estoy aterido!
DON LATINO: ¡Mira que haber empeñado la capa!
MAX: Préstame tu carrik, Latino.
DON LATINO: ¡Max, eres fantástico!
MAX: Ayúdame a ponerme en pie.
DON LATINO: ¡Arriba, carcunda!
MAX: ¡No me tengo!
DON LATINO: ¡Qué tuno eres!
MAX: ¡Idiota!
DON LATINO: ¡La verdad es que tienes una fisonomía algo rara!
MAX: ¡Don Latino de Hispalis, grotesco personaje, te inmortalizaré en una novela!
DON LATINO: Una tragedia, Max.
MAX: La tragedia nuestra no es tragedia.
DON LATINO: ¡Pues algo será!
MAX: El Esperpento.
DON LATINO: No tuerzas la boca, Max.
MAX: ¡Me estoy helando!
DON LATINO: Levántate. Vamos a caminar.
MAX: No puedo.
DON LATINO: Deja esa farsa. Vamos a caminar.
MAX: Échame el aliento. ¿Adónde te has ído, Latino?
DON LATINO: Estoy a tu lado.
MAX: Como te has convertido en buey, no podía reconocerte. Échame el aliento, ilustre buey del pesebre belenita. ¡Muge, Latino! Tú eres el cabestro, y si muges vendrá el Buey Apis. Lo torearemos.
DON LATINO: Me estás asustando. Debías dejar esa broma.
MAX: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
DON LATINO: ¡Estás completamente curda!
MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO: Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.
MAX: Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta, Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO: ¿Y dónde está el espejo?
MAX: En el fondo del vaso.
DON LATINO: ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!
MAX: Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.
DON LATINO: Nos mudaremos al callejón del Gato.


VALLE-INCLÁN, R.Mª del, Luces de Bohemia, Escena Duodécima

Archivo 08: Espejos del callejón del Gato, Madrid, esa tragedia nuestra que no es tragedia.

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