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miércoles, 15 de febrero de 2012

SUPERFICIE


¡Ávida piel, frustrada!
En el vacío cicatrizan
pedestales y espectros.
Los ojos buscan
la oscuridad enigmática del vidrio,
la esfinge muestra un escorzo inútil
ante los que interceptan su orgasmo.
El plasma merodea
sobre la pendiente de un hilo
que se mece en los mástiles.
Al sonidista le corrompen
las horas de este mar hediondo,
código longitudinal del tiempo.
Una lengua de hierro
detrás de la máscara
en que levitan los astros y los escudos.

Es tarde.
Las lindes resplandecen.
El acero erizará
un hervidero de moscas
con su música hipérbole.

¡Ávida piel extrínseca
donde desembarcan las caderas!
Un turbio organillero desmadeja el miembro.

Cada vientre se entromete en el abismo.
Pensamos pasear nuestros minutos.
Pronto olvidaremos la razón del acertijo,
el valor aproximado del misterio.
Los bustos parlantes arrastran su sonrisa sobre piernas altivas,

los marineros se tropiezan en mis piernas altivas,
los obispos sujetan tus piernas altivas
y los vientos tremebundos azotan nuestras piernas altivas,
en ebrio instante,
contra el corazón de la luz.

¡Apaga la luz,
ávida piel,
apaga la luz,
hora fecunda!
Es tarde.
Las lindes resplandecen.
Vayámonos todos, apaga la luz.
Apágala.

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