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lunes, 16 de julio de 2012

LA AURORA (OBRERO PARADO) DE FEDERICO GARCÍA LORCA


Federico García Lorca vivió in situ el crash de Nueva York y experimentó la angustia de aquellos acontecimientos que conducían a la miseria a millones de norteamericanos y auguraban la oscuridad que luego tomó forma en la Segunda Guerra Mundial. Este desasosiego rezuma a lo largo de los versos de Poeta en Nueva York (1930), un libro que es algo más que surrealismo. El mejor ejemplo, "La aurora", un poema que aparece en el manuscrito original con dos títulos tachados: "Obrero parado" y "Amanecer". Ahí os lo dejo. Tristemente, el poema goza, en estos tiempos que corren, en estas latitudes añejas y descoloridas, de la mayor actualidad.



LA AURORA
(OBRERO PARADO)
(AMANECER) 
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus
huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

GARCÍA LORCA, F.,
Poeta en Nueva York,
III. Calles y Sueños, 1930

Así suena el poema en la voz de Enrique Morente.



En Youtube.

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