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sábado, 7 de junio de 2014

NORMANDÍA

Normandía

Hace algunos veranos estuve en Normandía y sobre todo me llamaron la atención dos cosas: los terribles boquetes abiertos por las bombas sobre el terreno en el que se habían establecido las defensas alemanas para evitar el famoso desembarco y el enorme culto a la memoria de la batalla que ahora cumple 70 años en todos y cada uno de los rincones de aquella región. 
El desembarco, al parecer un estilo muy propicio para acceder a la zona desde el mar. Así es el canal de la Mancha. En la Edad Media los ingleses habían intentado invadir el cercano Mont Saint-Michel infinidad de veces, pero a menudo sus barcos encallaban y los caballos de los más atrevidos solían quedar atrapados para siempre en las arenas movedizas que dejaba la marea baja. Desembarcos.
En la operación aliada que marcaría un punto de inflexión en la II Guerra Mundial se eligieron unas playas largas y despejadas para realizar un gran transporte de tropas, pero aquellas arenas eran fácilmente defendibles desde las colinas cercanas. Los alemanes las sembraron de minas y establecieron verdaderos búnkeres en las pendientes de la costa, desde los que barrieron literalmente a base de ametralladora a todo aquel que llegaba a la playa. Desarbolar esos promontorios fue uno de los primeros objetivos de los soldados que tocaron tierra, y lo lograron con el apoyo de la artillería desplegada desde sus barcos, claro, pero a qué precio. El famoso día D desembarcaron 156.000 soldados aliados. Se estima que las bajas de aquel día ascendieron a 10.500 hombres, por otras 10.000 del lado alemán. En fin, no es este un espacio para más historias. Impresionan los cementerios cerca de las playas, algunos inmensos, con sus impolutas cruces blancas sobre verde césped, mantenidos y administrados por los gobiernos a los que pertenecieron los caídos. Estadounidenses, pero también británicos, canadienses, alemanes. No solo cruces. Los muertos fueron de todas las razas y confesiones religiosas. Hombres de a pie, peones de unos pocos, claro.
¡Qué importante es la memoria! En Caen, capital de la región, prácticamente devastada durante la guerra, se estableció un Memorial en el que de una manera muy didáctica y europea pueden recorrerse los desastres de aquellos días. Una visita de lo más recomendable para los que viajan de verdad, a través del espacio pero también del tiempo.
Triunfo táctico o no de los Aliados camino de la liberación de París, la batalla de Normandía fue una carnicería. Los cementerios nos lo recuerdan. ¿Hemos aprendido algo?
Puede. Una vieja amiga insistía en que Europa está construida sobre una incontable montaña de cadáveres. Sin duda. No lo sé. Siempre tropezamos en la misma piedra.

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