Pages

martes, 20 de junio de 2017

EL AULLIDO DE ALLEN GINSBERG



Beat your lips. Beat that ears. Beat on deep. Mind your beats.

"Six poets at the Six Gallery". Una noche cualquiera de 1955, que luego será conocida como la del "Renacimiento poético" de San Francisco. Ginsberg lee un texto sobre el cual está trabajando hace tiempo y que no tiene intención de publicar: Howl (Aullido). Canta sus versos, los gime, y en la parte final de su lectura camina al borde del llanto, golpeando. Esta performance causa una emotiva reacción en el público. Beat. Estallan la locura y el escándalo. Ginsberg comprende entonces que exponiendo su personalidad sobre el escenario puede conmover al público. Get my beat. Beat your mist. La idea de crear una nueva audiencia para la poesía ya no le parece tan descabellada.

Howl tiene uno de los comienzos más impactantes de la historia de la literatura universal (lo digo en serio, lo pongo al lado de Homero, de Cervantes):

"He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.

Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.

Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.

Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.

Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes..."

GINSBERG, A, Aullido (Howl, 1955)

El texto continúa, por supuesto. Aquí.
Aquella noche suena irreemplazable.

Aunque el primera grabación de Aullido es esta, de apenas unos meses después. El artista Eric Drooker ha construido sobre la misma una magnífica versión gráfica.

Poetas, aullad. Aullar sigue siendo imprescindible.




jueves, 8 de junio de 2017

GOYTISOLO EN LA GRAN PLAZA


Goytisolo, Juan, memorable y difícil : habrá quienes no quieran comprender a este incómodo picaresco transterrado, Juan, sin tierra, un tal Cide Hamete contemporáneo reivindicando a don Julián y al beduino : buscando unas señas de identidad : que el todo y la nada dependan de una simple inacción : observando periférico el ocaso de las ciudades cementerio : Europa atrás, la maqbara en la que yacen los Imperios y el capital : España Una : una forma de hablar hipodérmica y a menudo censurada de la oscuridad del dictado de la culpa de la excepción y la hipoteca del tiempo y el escombro : el asombro de un dios postpuesto ante el gran viaje : con la lengua infiltrada : fragmentada : fragmentaria : diafragmática : aljamiada : con el portento viril : el horizonte de Marrakech está en la pluma y en la lengua y en la gola : no saber a qué esperan vuestros cuerpos desnudos y excitados : para correr en libertad : para perderse en los trayectos : ¿quieres visitar la kasbah? : Juan podrá llevarte donde no llegan los turistas : de memoria : difícil : página a página : más allá del atardecer y los encantadores, al otro lado de los puestos : donde apunta la quibla : tocando el aceite con las manos : luz bergamota : permite que el cuentacuentos te acompañe a la gran plaza y de pronto alce su verga mítica o su probóscide milenaria o su serpiente ancestral y se marche entre los distintos ocasos de Occidente dejándote pendiente de una ojiva, de un hilo ambulante, Teseo : rodeado de cuerpos en Xmaá la lenguaraz Xmaá el Fna la humana Jammaá/Yammaá/Jemmaá la que cuenta tu historia desde las afueras : tan lúcida y laberíntica la vida : adiós a la sonoridad del comienzo de la noche 1001 : adiós al ojo azul del mar : al rojo callejeo : a la esquina de la que parte el camino : al mayo del 68 : a cualquier 69 : al calor ávido : al canto alminar : al grito sin nombre, pues así es la lúcida y lógica y arquitrabada muerte salvo por lo que queda (y quedará) luego en algún papel y en aire y en la sangre : olvido memorable y complejo : otra maqbara en Larache : nunca o tal vez es el fin esto de desandar : demudar : deshojar : desaprender : desprenderse de la piel y de los huesos.  

viernes, 12 de mayo de 2017

MAROSCURO



En los ojos era un maroscuro
de aguas tristes
e insospechadas calmas.


—¡maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!
El fantasma de la tarde,
cuando cae,
extiende el aire que fecunda
todas las entrañas,
toma lo que brota con sus infinitas lenguas,
y amenaza siempre,
un vendaval furioso
para ti depara,
quiere ensordecer tus voces,
arrastrarlas donde nadie,
nadie más las pueda oír.
¡Rápido, maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!—


maroscuro en los ojos náufrago de la muerte,
último hijo del amor-que-ya-no-era.


MORALES, L., El vértice inconstante

jueves, 20 de abril de 2017

AUTOR PERDIDO EN BUSCA DE SUS PERSONAJES


Ya me hubiera gustado a mí, tan cervantino, tan metalingüístico y retorcido como soy, haber asistido hace ya casi un siglo a la primera representación de Sei personaggi in cerca d'autore en el Teatro Valle de Roma. 9 de mayo de 1921. Me imagino con la boca abierta y sorprendido mientras el público enviaba al infierno o al manicomio al pobre autor incomprendido.
¡Ay, cómo cuesta lo difícil de entender! Cómo cuesta en general (¿verdad?) abrir los sentidos y la razón de nuestros contemporáneos. La desintegración del espacio. La ruptura de las paredes. El atrapamiento del espectador. La visualización de la trampa, del mecanismo que oculta cualquier trama. Incluso hoy en día se suelen utilizar técnicas parecidas cuando se quiere 'asombrar' al público.
Al final el bueno de Luigi Pirandello tuvo que explicar con un prefacio su drama, sus intenciones dinámicas y temáticas. Y eso le llevó al éxito. 
Primera de las obras de la trilogía del Teatro dentro del Teatro, Seis personajes en busca de autor tiene momentos sublimes y acotaciones de lo más aclaratorio. Como muestra este botón, casi al inicio, sobre la presentación de los personajes:

Quien vaya a intentar una puesta en escena de esta comedia debe valerse de todos los medios disponibles para lograr un efecto gracias al cual estos SEIS PERSONAJES no se confundan nunca con los ACTORES de la compañía. La disposición de unos y otros, indicada en las anotaciones,cuando ya se encuentren en el escenario, será sin duda útil; tanto como una intensidad luminosa variada de reflectores especiales. Pero el medio más eficaz e idóneo que se sugiere será el uso de máscaras especiales para los PERSONAJES: máscaras especialmente elaboradas con una materia que el sudor no ablande, así que no serán ligeras para los actores que deberán llevarlas; se confeccionarán de tal modo que dejen libres los ojos,la nariz y la boca. Se interpreta de esta manera el sentido más profundo de la comedia. Los PERSONAJES no deberán, por lo tanto, aparecer como fantasmas, sino como realidades creadas, elaboraciones inalterables de la fantasía: y por lo tanto más reales y consistentes que la voluble naturalidad de los ACTORES. Las máscaras ayudarán a dar la impresión de la figura construida artísticamente y fijada de manera inalterable en la expresión del propio sentimiento fundamental, que es el remordimiento en el PADRE, la venganza en la HIJASTRA, el desdén en el HIJO, el dolor en la MADRE, con lágrimas de cera, fijas en lo más lívido de las ojeras y las mejillas, como se puede ver en las imágenes esculpidas y pintadas de las Mater dolorosa de las iglesias.
PIRANDELLO, L., Seis personajes en busca de autor, 1921.

Máscaras especialmente elaboradas... La máscara siempre es la clave. Pero claro, los seis personajes no son solamente eso. 
EL DIRECTOR. (Primero sorprendido, luego fastidiado.) ¡Déjenlo! ¡Cállense! (Luego, dirigiéndose a los PERSONAJES.) ¡Y ustedes váyanse de aquí! ¡Despejen el lugar! (Al DIRECTOR DE ESCENA.) ¡Por Dios, sáquelos de aquí!
EL DIRECTOR DE ESCENA. (Acercándose, pero luego deteniéndose como si lo retuviera una rara turbación.) ¡Fuera! ¡Fuera!
EL PADRE. (Al DIRECTOR) Mire, nosotros...
EL DIRECTOR. (Gritando.) ¡Basta, tenemos que trabajar!
EL PRIMER ACTOR. No es posible que alguien se burle así...
EL PADRE. (Resuelto, adelantándose.) ¡Me sorprendo de su incredulidad! ¿Acaso no están los señores acostumbrados a ver cómo aparecen casi vivos aquí, uno frente a otro, los personajes creados por un autor? ¿O a lo mejor no tienen (señalará la concha del APUNTADOR) un guión que nos contenga?
LA HIJASTRA. (Colocándose frente al DIRECTOR, risueña, zalamera.) Puede creer, señor, que somos de verdad seis personajes interesantísimos. Lamentablemente frustrados.
EL PADRE. (Apañándola.) ¡Sí, frustrados, eso es! (Al DIRECTOR, de inmediato.) En el sentido, claro está, de que el autor que nos dio vida, después no quiso o no pudo materialmente introducirnos en el mundo del arte. Y de verdad que fue un delito, señor, porque quien ha tenido la suerte de nacer como personaje vivo, puede reírse incluso de la muerte. ¡No morirá jamás! Y para vivir eternamente ni siquiera necesita de dotes extraordinarias o realizar prodigios. ¿Quién era Sancho Panza? ¿Quién era don Abundio? Y, sin embargo, son eternos, porque —semillas vivientes—
¡tuvieron la suerte de encontrar una matriz fecunda, una fantasía que supo nutrirlos y desarrollarlos, darles vida eterna!
EL DIRECTOR. ¡Todo lo que dice está bien! Pero ¿qué quieren aquí?
EL PADRE. ¡Queremos vivir, señor!
EL DIRECTOR. (Irónico.) ¿Por toda la eternidad?
EL PADRE. No, señor. Por lo menos un momento, a través de ustedes.
UN ACTOR. ¡Qué ocurrencia!
LA PRIMERA ACTRIZ. ¡Quieren vivir en nosotros!
EL ACTOR JOVEN. (Señalando a la HIJASTRA) Por mí no hay problema, si a mí me toca ella.
EL PADRE. Fíjense, fíjense: todavía hay que hacer la comedia; (al DIRECTOR) pero si usted quiere y sus actores están dispuestos, la organizamos rápidamente entre nosotros.
EL DIRECTOR. (Molesto.) ¿Pero qué quiere organizar? ¡Aquí no se hace nada de eso! ¡Aquí se interpretan dramas y comedias!
EL PADRE. ¡Por eso mismo! ¡Hemos venido con usted justamente por eso!
EL DIRECTOR. ¿Y dónde está el guión?
EL PADRE. Está en nosotros mismos, señor. (Los ACTORES reirán.) El drama está en nosotros, somos nosotros, y estamos impacientes por representarlo, así como dentro nos urge la pasión.
PIRANDELLO, L., Seis personajes en busca de autor, 1921.

Ya me hubiera gustado a mí, tan cervantino, tan metalingüístico y retorcido como soy, encontrarme alguna vez con unos personajes así.

miércoles, 8 de marzo de 2017

MITOLÓGICA DE ALMENDROS



En honor a las hijas de la memoria
te respiro mitológica de almendros,
paseando las orillas
de su mar primavera.

Manuscritos
desplegados
sobre arena,
nácar púrpura verbena
los senderos que se vierten
bueyes detenidos no regresan,
apostados en altares
a tu aire esteatopígico.

Y celebras junto a ellos
libación por tus edades
mientras surcos recolectas
sin virtud, pues sospechas
que muy pronto zarpará
tu pedazo de página,
y que yo te pondré
más morena la perplejidad.

MORALES, L.
Surco en lo blanco

viernes, 20 de enero de 2017

EL ARCA INTERRUMPIDA


Recuerdo este poema en el día en el que cambia parte del mundo (el resto ya ha cambiado hace tiempo). ¿Qué nos deparará el futuro que ya es presente? La verdad es que no lo sé. Eso sí... desconfiemos de los héroes.

EL ARCA INTERRUMPIDA

Un héroe otea.
Hoy has visto: muchas son las horas desatendidas.
El sol somete el trayecto a las olas de la semilla,
el ojo se convierte en lágrima austera,
el ojo, con esa forma de rostro acuchillado.
Lo sientes: algo te ciñe la frente.
La oscilante voz en el límite de las plazas,
el hormigueo en el bazo,
la continua presión en la nuca,
la celeridad de la trampa,
el flujo esparcido en la corriente,
arrastran, por entre los cuerpos extraños
y la dura incógnita,
a los hombres cercados por la rabia del hambre
y del golpeo.

Ahí van los que conquistan nuestro mundo,
segando los acertijos plantados en el tiempo,
buscando algún abismo del que sacarnos;
La razón y el deber están con ellos;
Abrirán con parsimonia las puertas del arca,
nos han prometido un diluvio un sacrificio
una salvación.
Desilusiones bajo la quilla,
en las atroces noches que nos queden.

Por la memoria que tiembla en la estructura
–un océano de olores dilucida el miedo,
las lenguas jóvenes trepidan ajenjo en las esquinas-,
por las sombras compartidas en este horizonte trunco,
se atisba, revolviéndose como un loco
en la inmovilidad forzosa de la camisa,
arqueado, retorcido sin fin, un hervidero.
Una multitud aliada del dolor, frente a los paladines y los líderes,
mientras en lo alto siluetas de luz y mensajes se suceden,
señales, arquetipos de una imagen auditiva.
No lo sabéis: algo nos ciñe la frente.

Ángeles suicidas bloquean la entrada porque no,
aquí no hay sitio para un arca que flota por encima de este sueño.
El misterio y el miedo y la inquietud insolentes,
el aire puro que trae el humo de presentes quiméricos,
fresca libertad todavía, fresca lucha de palabras
que sujetan su volumen a este ritmo de viento.

Un héroe otea encerrado en su arca.
Algo rezonga. Y cobarde escapa.

LUIS MORALES
Publicado en la antología En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis (2014), de Bartleby Editores.