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viernes, 19 de diciembre de 2008

LA ESTRELLA (UN FALSO CUENTO DE NAVIDAD)



Por allí cerca había unos pastores que pasaban en vela y al raso las horas de la noche, guardando sus rebaños.
LUCAS, 2, 8.


Zaheridas las plantas de sus pies por las piedras del sendero, Yusef rezongaba amargamente sobre su destino mientras la noche lo envolvía con un manto de escarcha. Diminutos copos de nieve, arrastrados por los aires de levante que se habían alzado a orillas del Jordán, azotaron de improviso el lado izquierdo de su rostro, quedándose adheridos a los hilos de una barba desordenada. Interrumpió entonces su marcha Yusef y sacudióse con las dos manos las humedades que lo empapaban. Giró sobre sus pasos y acarició la cerviz de la mula que Ismael, el aguador, le había prestado para tan largo viaje.
Desfallecido por los días de camino y penurias que había soportado desde las tierras de Galilea, aquel fornido animal parecía no poder mantenerse en pie por mucho más tiempo, y ahora que por fin se había detenido, rehusaba con un gemido lastimero ante los tirones que, con indulgencia, Yusef proporcionaba a la humilde montura. Para su lomo, la más delicada de las cargas era también la más pesada. Frágil como una hoja de palma al viento, aterida por el frío, en medio del delirio que su cuerpo experimentaba ante un nuevo y desconocido dolor, la encinta María se apoyó con esfuerzo sobre los hombros de su esposo.
-Yusef –María temblaba, acuciada por los envites de la vida-, no llegaremos a tiempo a Bethelem.
Y se sintió desfallecer mientras el más atribulado de los hombres la sujetaba con fuerza.
-¡Maldito sea el censo! ¡Malditos todos los romanos!
-¡Yusef!
-Aguanta, esposa mía –su mano notó la calentura que inundaba la frente de María-, aguanta. Recuerda a los pastores que encontramos a un lado del camino, no ha mucho tiempo. ¿Ves aquella colina que asciende hacia el sur? Pues uno de ellos, un tal Zabulón, la señaló con su mano humilde diciéndome que detrás de ella, apostada en su falda, se encuentra la aldea que perseguimos con tanto ahínco. ¡Ánimo María! Pronto estaremos en Bethelem.
Pero la siempre sosegada María no pudo reprimir un grito de dolor que casi la descabalgó de la mula. Palpóse la túnica y la halló empapada.
-¡Yusef! –se aferró a su esposo, perentoria- ¡No hay tiempo! ¡Llegó su hora! ¡He roto aguas!
Entonces, desesperado, Yusef ciñó a su cintura la cuerda que guiaba al animal, tomó en brazos a María y caminó sacudido por la nieve, soportando la doble carga, buscando un lugar a cubierto en el que resguardarse del invierno, un espacio cualquiera donde ella pudiera dar a luz.
-¡Oh, Yavé –oraba en silencio Yusef, como nunca lo había hecho-, o Alto Dios, que guiaste a Tu Pueblo a través del desierto, conduce ahora los pasos de uno de Tus Hijos, permite que venga al mundo lejos de la noche y la tormenta, arropado por el calor de Tu Inmensa Misericordia, presérvalo, oh Dios Mío, para que sea bendecido bajo la Luz de Tu Nombre y crezca consagrado a enaltecer la Gloria Eterna de Tu Reino!
En estas cavilaciones estaba cuando, de pronto, un mugido surgió de entre las rocas cercanas. La mula, soliviantada, respondió con un rebuzno insólito y aceleró el paso entre los matojos, arrastrando al bueno de Yusef, que llevaba la cuerda ceñida al cuerpo. Yusef se soltó y observó cómo el animal hallaba, en un recodo entre los riscos, un abrigo lo suficientemente amplio para guarecerse de la ventisca.
Entonces Yusef sonrió alzando su mirada al cielo.
-¡Alabado seas por siempre, mi Señor!
Y siguió a la tozuda bestia hasta el interior de aquel refugio providencial. Se trataba de una especie de cobertizo que, sin duda, los pastores del lugar habían acondicionado para proteger el ganado de las lluvias. La mula corrió hacia un depósito de forraje junto al que pastaba con parsimonia el buey que, con su mugido, había señalado la existencia de aquel amparo divino. Pero no había tiempo que perder. Yusef posó a su esposa sobre el suelo de tierra, encendió un fuego con lo que pudo, apiló una gran cantidad de paja en la pared de la roca y llevó allí a María, a la que ayudó en el último trance con todo lo que sus rudas manos de carpintero podían hacer. Poco después, mientras aflojaba la tormenta, una estrella fulgurante apareció entre los resquicios de las nubes y dos llantos rasgaron la noche.
Yusef cortó el cordón con los dientes, limpió a la criatura como pudo y la envolvió en un manto seco.
-¡María, -acarició las mejillas de su esposa, rendida por el esfuerzo-, es un niño!
Ella sonrió con dulzura mientras Yusef alzaba al recién nacido sobre su cabeza y pronunciaba palabras de alabanza a Dios.
-¡Oh Yavé, he aquí a Tu Hijo!
Luego, Yusef entregó el niño a María y se ocupó de atenderla lo mejor que supo. En ello estaba cuando unos hombres con los rostros desencajados entraron en el cobertizo. Yusef, atemorizado al principio, reconoció el de Zabulón, el pastor que les había señalado el camino hacia Bethelem.
-¿Eres tú Yusef, de Bethelem, carpintero en la aldea de Nazaret, en Galilea?.
A Zabulón le temblaban las piernas.
-Sí, soy yo –contestó desconcertado Yusef. Zabulón prosiguió.
-Y, ¿es esta tu esposa, María, la que acaba de dar a luz a un niño?
Yusef, cada vez más perplejo, se acercó al pastor.
-Así es. Pero, ¿cómo sabes tú tanto sobre nuestras vidas?
Entonces Zabulón y los demás pastores cayeron al suelo y postráronse de rodillas, las lágrimas cubriéndoles los ojos, mientras Yusef no daba crédito a lo que veían los suyos.
-¡Alabado sea Dios, porque el Mesías ha sido finalmente enviado! -entonaron al unísono los pastores.
Yusef, fuera de sí, zarandeó con violencia a Zabulón.
-¿El Mesías? ¿De qué locuras estáis hablando? ¿Acaso habéis bebido?
Entonces Zabulón, movido por una fuerza invisible que lo apartó de las lágrimas, miró el rostro de Yusef y respondió:
-Has de saber, Yusef, que poco después de que vosotros continuaseis camino de Bethelem, nos disponíamos junto al fuego para dormir cuando, de pronto, un ángel del Señor se presentó ante nosotros, y la gloria del Señor nos envolvió con su luz, quedando todos sobrecogidos de espanto. Entonces el ángel alzó su voz y nos dijo:
”No tengáis miedo. Mirad, vengo a comunicaros una grata noticia que será motivo de alegría para vosotros y para todo el pueblo. Os ha nacido hoy en la ciudad de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esta será la señal para reconocerlo: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
De improviso se abrió el cielo y se dejó ver junto al ángel un ejército celestial que alababa a Dios cantando:

Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra paz a los hombres, en quienes Dios se complace.

Cuando los ángeles volvieron al cielo, recordamos que tú, Yusef, te dirigías a Bethelem por la vertiente norte de la colina, y supusimos que la nevada os habría sorprendido antes de llegar a vuestro destino, así que decidimos buscaros por estos abrigos que, construidos con nuestras propias manos, abundan en la ladera para proteger en la tormenta a nuestras ovejas. No fue difícil encontraros. Vimos la luz que desprendía este fuego que has encendido y supimos que estaríais aquí. Sin duda hemos sido afortunados. Ahora nos postramos para adorar al Hijo de Dios.
-Pero…
Yusef, anonadado por lo que acababa de escuchar, no tuvo tiempo para protestar, porque en aquel preciso instante tres extranjeros, ataviados con magníficas y desconocidas vestiduras y cubiertos por joyas que sólo podían provenir de las ignotas montañas de Oriente, entraron en la estrechez de aquel refugio y, acercándose a María, se postraron ante el niño dormido, al que adoraron de hinojos. Y abriendo las arcas en que traían sus tesoros, le ofrecieron los presentes de oro, incienso y mirra. Y entonces todo fue alborozo y alegría, y los pastores danzaron enfervorecidos, y hasta los mismos padres de aquel niño dormido acabaron convencidos de que todo aquello era verdad, y surcaron en la noche alabanzas a Dios, porque el Mesías había nacido.
Porque, en efecto, no muy lejos de allí, justo en el punto destacado por la estrella, una mula rumiaba junto a un buey cadencioso a las puertas de un pequeño cobertizo, construido allí por los pastores para resguardar en el invierno a sus ovejas. Y en su interior, junto a la pared de la roca, yacían María y su Hijo concebido sin pecado, mientras el laborioso Yusef, de la Estirpe de David, también carpintero en la aldea Galilea de Nazaret, cavilaba sobre la manera de acercarse a Bethelem para cerrar el embarazoso asunto del censo, ajeno al inminente error del destino, a la decisión que obligaba desde el cielo a cambiar en el último momento los papeles, a la condena que cumplirían los esbirros de Herodes sobre su Hijo a cambio de salvar al otro mediante un ángel de sueño y la huida a Egipto.
Aquel niño comenzó a llorar. María, aún muy débil, se levantó tambaleándose y salió al umbral del cobertizo con el niño en sus brazos.
-Hijo mío –le dijo enternecida-, observa la hermosura de este mundo.
Entonces el niño sonrió y señaló al cielo con su mano regordeta. Allí permaneció, hermosísimo, en los brazos de su madre, extasiado por el resplandor de una estrella que brillaba en el horizonte.

martes, 16 de diciembre de 2008

ÁNGELES DESPOJO

Ritmo extraño,
vibraciones,

muchacho sin cabeza
gesticula por la muerte del rock:
tú permaneciendo,

ojos de alas desgastadas
remontan la pirámide holística.

En la niebla titilan haces escarlata,

las gargantas arden atoradas por el humo,
sonido colectivo,

bocas brazos venas
de temblor,
más fuerte la reverberación que los latidos.

¿Cómo salvarte de tu tristeza?
Tomo la mano, dejo mi copa,
te llevo hasta la luz, que venga el aire.
Pero es lo mismo:
sentados en la acera
somos ángeles,
despojo de la noche.

jueves, 11 de diciembre de 2008

YA LO DIJO CASIMIRO PARKER

Los que conocemos al Marcus Versus poeta podríamos hablar de la fuerza que desprende sobre el escenario y también de cierto modo de escribir que rompe inteligentemente con las reglas sentenciosas, silenciosas y entrometidas de la propia poesía. Este hombre que enamora a las momias, este agitador laberíntico que viene del Renacimiento saltando de tejado en tejado se caracteriza, como no podría ser de otra manera, por ser un animal polifacético. 

Que no os sorprenda pues la nueva aventura en la que ahora está embarcado. No es fácil ser emprendedor en tiempos como estos, y bien lo sabe él, que su tiempo y trabajo le está llevando sacar desde el vientre su proyecto.
La editorial Ya lo dijo Casimiro Parker nace con el propósito de regalarnos notas de alta calidad, y os aseguro que Marcus Versus ha puesto todo su empeño en conseguirlo.
En esta linea, Casimiro Parker arranca con la publicación de dos poemarios que no tienen desperdicio: Si Dios me pide un Bloody Mary, de Carlos Salem (otro animal polifacético) y Canción de Cuna para un Héroe, de Óscar Aguado, de verso implacable y ávido.
Ambos textos se presentarán próximamente en el Bukowski Club (San Vicente Ferrer 25, Metro Tribunal) en estas fechas:

viernes 19 de diciembre, 21:30:
presentación de Carlos Salem, SI DIOS ME PIDE UN BLOODY MARY

sábado 20 de diciembre, 21:30:
presentación de Óscar Aguado, CANCIÓN DE CUNA PARA UN HÉROE


La editorial se presentará el mismo sábado 20 de diciembre a las 20:30 horas.


Estáis todos invitados. Os aseguro que valdrá la pena.

martes, 9 de diciembre de 2008

COLONO


Mórbido lazo, estrago

que se vierte entre los yerros,

como el agua

fluye en un instinto ondulante,

y un sesgo en los zapatos

marca en el légamo silencio,

la herida en sus dos ojos,

ya no camina consigo.


-Por senderos estrechos,

todo se alía para enloquecerme,

porque arrastro las noches

y veo en los rostros la rabia de siempre,

pierdo los objetos,

la mansedumbre atenaza mis venas, 

y aparece un cielo limpio

si deseo las sombras-.

jueves, 4 de diciembre de 2008

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA "ES HORA DE EMBRIAGARSE (CON POESÍA)" Nº 2-3 EN LAVAPIÉS


No hace mucho tiempo que hablamos por aquí de la edición digital de esta revista que, sin olvidar su esencial modernidad, retoma esa forma cuidada y meticulosa de tratar los textos que últimamente parece tan olvidada. 
Ahora ha llegado el momento de la presentación en sociedad de la versión impresa de "Es hora de embriagarse (con poesía)", un fantástico número doble (2-3) y más de cien páginas de poesía y tantas, tantas otras cosas.
Para ir abriendo boca el martes 9 de diciembre de este viejo 2008 algunos poetas que han participado en la publicación se juntarán en el TAPAS Y FOTOS (c/Doctor Piga nº 7, Lavapiés) para darle un repaso otoñal y lenguaraz a la recién nacida. Será a partir de las 21:30 horas.
Imprescindible, si queréis embriagaros... de poesía, claro.

SEDA D'ESTE




Seda en vos sediento jardín d´Este se encabalga,
la fuente no descubre al colibrí que lejos precipita.
Algarada lengua dedo a labio el roce los paraguas
el antiguo porvenir la juventud la voz te dilapidan.
Un ojo aprehende el sexo de llanuras explanadas,
seda deshojado acaso así todo parezca a la tarde.


O sabes que tu lado de la página es el más fresco.

lunes, 1 de diciembre de 2008

CLÁSICOS DE LA LITERATURA PARA NINTENDO DS

No suelo hacer publicidad de este tipo de productos, pero en este caso, que tiene que ver con la literatura en general y, sobre todo, con esa dura tarea que hoy en día representa el hecho de la lectura, me parece una idea de lo más acertada.

Nintendo ha anunciado el lanzamiento de 100 Classic Book Collection, la versión británica del original japonés DS Bungaku Zenshuu, un título que recogía clásicos literarios nipones.

No se ha detallado por el momento si habrá versiones específicas para todos los mercados europeos, o si habrá una única versión con clásicos literarios en múltiples idiomas.

Por el momento, se sabe que la versión inglesa recogerá, como indica su título, cien clásicos de autores como Charles Dickens, William Shakespeare, Thomas Hardy, Jane Austen... por lo que habrá títulos como Treasure Island, Pride and Prejudice o A Tale of Two Cities.

La consola se sostiene con las pantallas ladeadas (como, por ejemplo, en Brain Training) para facilitar la lectura y asemejarla a la posición con la que se tendría abierto un libro. Se pasan las páginas con el stylus, y es posible configurar al gusto el tamaño de las letras. Incluirá funciones de búsqueda por diversos campos, así como comentarios introductorios a las novelas incluidas.

Por último, también se contará con la posibilidad de descargas más novelas a través de la Conexión Wi-Fi de Nintendo.

Se lanzará en el Reino Unido el 26 de diciembre.

viernes, 28 de noviembre de 2008

YO ME ACUERDO DE LAS CIANOBACTERIAS - CAPÍTULO IV (Y FINAL) - DESPIERTA, ALICIA



IV.

Cuando amanezca, a medida que la luz del día vaya dejando de un lado a las sombras, a medida que aquella fosforescencia se convierta en un declinar viscoso, recordarás que no quedó ni un solo libro en todo el mundo, que no quedó ni un solo árbol intacto, que el papel se perdió para siempre. Recordarás el orfanato en que creciste, todo lo que tuviste que aprender. Recordarás que lo que queda del conocimiento es virtual, restos de un naufragio salvado por la tecnología, palabras que ahora son una corriente en descarga y se transfieren de unos a otros a través de una pantalla más o menos plana. Tal vez volverás a verle a él, tan tímido y estirado, enamorándote. Intentarás no pensar demasiado en el hecho de que tu marido sea guardabosques, curioso nombre para una profesión que ahora sólo implicará el concepto de atención, de espera contenida ante la más que previsible amenaza. Intentarás olvidar que tú marido ha tenido que vivir los dos últimos años lejos de ti, en lo alto de un puesto de vigilancia meteorológica. Mirarás, apoyada en la pared la cama de noventa en la que duermes, el monitor de plasma a través del cual habláis todas las noches, ahora apagado. Y al encontrar por fin el mando, al conectar el intercomunicador, tratarás de fingir cierta sorpresa al ver vacío el otro lado de la cama, al entender lo que significa que esta mañana nadie pueda susurrarte al oído un despierta, Alicia. 

I FESTIVAL DE CINE ITALIANO DE MADRID EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES



Entre el 2 y el 7 de diciembre, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acogerá el Festival de Cine Italiano, que se inaugurará con el film ‘Il passaggio della linea’, de Pietro Marcello, y que nos ofrece una selección de la cinematografía de este país mediterráneo desde 2002 hasta nuestros días.

Ya que, por algún absurdo motivo, es difícil que lleguen a España películas del país vecino en estrenos en salas convencionales, esta oportunidad que nos ofrece el Círculo de Bellas Artes puede venir bien para repasar lo que se ha cocido durante los últimos años al otro lado del Mediterráneo.

Entre los autores cuyas obras se proyectarán durante el Festival de Cine Italiano se encuentra el escritor Alessandro Baricco, autor de la célebre novela ‘Seda’; Marco Bellocchio, director de ‘Buenos días, noche’ (‘Buongiorno, notte’); Uberto Pasolini, productor de ‘The Full Monty’


Durante el certamen se proyectarán también algunos cortometrajes de producción reciente.

El ciclo se clausurará con la entrega de premios de los cortometrajes finalistas y con la proyección de ‘Gomorra’, filmada por Matteo Garrone y ganadora del Gran Premio del Jurado en la última edición de Cannes.

Los largometrajes que se podrán ver en el Círculo son:

  • ‘Lezione 21’, de Alessandro Baricco, Italia/Gran Bretaña, 2008, 91’, VOSE
  • ‘Mar nero’, de Federico Bondi, Italia / Rumanía / Francia, 2008, 95’, VOSE
  • ‘Il papá di giovanna’, de Pupi Avati, Italia, 2008, 104’, VOSE
  • ‘Il resto della notte’, de Francesco Munzi, Italia, 2008, 101’, VOSE
  • ‘Machan’, de Uberto Pasolini, Italia, 2008, 110’, VOSE
  • ‘Un altro pianeta’, de Stefano Tummolini, Italia, 2008, 81’, VOSE
  • ‘Gomorra’, de Matteo Garrone, Italia, 2008, 137’, VOSE
  • ‘Il passato é una terra straniera’, de Daniele Vicari, Italia,2008, 122’, VOSE
  • ‘I galantuomini’, de Edoardo Winspeare, Italia, 2008, 100’, VOSE
  • ‘Un’ora sola ti vorrei’, de Alina Marazzi, Italia, 2002, 55’, VOSE
  • ‘Bellissime’, de Giovanna Gagliardo, Italia, 2004, 125’, VOSE
  • ‘In un altro paese’, de Marco Turco, Italia, 2005, 92’, VOSE
  • ‘Il fantasma di corleone’, de Marco Amenta, Italia, 2006, 85’, VOSE
  • ‘Il mondo adosso’, de Costanza Quatriglio, Italia, 2006, 90’, VOSE
  • ‘Volevo solo vivere’, de Mimmo Calopresti, Italia, 2006, 72’, VOSE
  • ‘Sorelle’, de Marco Bellocchio, Italia, 2006, 70’, VOSE
  • ‘Il passagio della linea’, de Pietro Marcello, Italia, 2007, 60’, VOSE
Para más información pinchad aquí.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

YO ME ACUERDO DE LAS CIANOBACTERIAS - CAPÍTULO 3 - METAMORFOSIS


III.

Que lloviese durante diez días seguidos fue recibido en aquellos tiempos de sequía con un deleite fuera de lo común. La gente estaba que se subía por las paredes, alborotaba, caminaba bajo la espesa cortina de agua con la impudicia del que recibe un regalo anhelado desde siempre. Muchos prescindieron de los paraguas. Algunos otros fomentaron la costumbre de dejar por un instante sus parapetos y permitir que aquel líquido terso resbalara sobre los rostros, escapara zigzagueante hacia las comisuras de los labios.

Para la hija del bibliotecario todo aquello resultaba de lo más curioso. En aquellos días su padre la sorprendía a menudo mientras observaba la lluvia desde de la ventana, extasiada por aquella maravilla, o al sacar las manitas por entre los barrotes del balcón para sentir la mojadura palpitante sobre la piel.

-A tu madre le hubiera gustado verte así de alegre- le decía entonces su padre abrazándola con una fuerza emocionada, algo que una niña de cinco años como ella no acertaba todavía a comprender, pero que de todos modos le gustaba. Después el padre le explicaba el ciclo del agua, y ella se convertía en una gota de agua que caía desde las blandas nubes para unirse con sus amigas en un río largo largo que corriendo corriendo viajaba por el mundo y fluía hasta el mar, algo así como un charco inmenso, desde donde luego se iba volando de nuevo al cielo para viajar, qué blandura tan bonita, sentada en su rincón algodonoso de nube. Aquel cuento le parecía tan divertido que insistía todas las noches a su padre para que se lo repitiera de nuevo, una y otra vez, hasta quedarse dormida.

Una tarde quiso comprobar si aquellas gotas solitarias podían juntarse de verdad como pasaba con el agua del grifo, así que cogió una jarrita de plástico de la cocina y se la llevó a la terraza del balcón, dejándola allí un ratito. Cuando volvió a por ella se dio cuenta de que sí, de que las gotas amigas se querían tanto que se habían unido todas en la jarra muy apiñadas, así que se quedó tan contenta que se las llevó a su habitación.

Cuando el bibliotecario apagó la luz del cuarto aquella noche se sorprendió al comprobar el extraño fulgor verdoso que se desprendía de la jarra. Se asomó inquieto a la ventana y descubrió que en mitad de la noche las gotas de lluvia brillaban como pavesas iridiscentes que caían a plomo en vez de elevarse, disolviéndose con estrépito en luminosos charcos que se disgregaban sobre los adoquines empapados de la calzada. Se fue intranquilo a la cama pero no tuvo demasiado tiempo para preocuparse. A la mañana siguiente había dejado de llover y el sol volvía a deslumbrar en el cielo, así que pronto se olvidó de todo.

La vida parecía recobrar su normalidad después de aquella temporada de lluvias. Las gentes retomaron su aspecto taciturno y despistado. La hija del bibliotecario volvió a aburrirse como una ostra, si es que las ostras se aburren. Estaba harta de hojear aquel ejemplar de Alicia para niños que su padre le trajo la mañana en que cesó la lluvia y odiaba aquellos dibujos, que en el fondo le daban miedo. Sólo le gustaba el episodio en el que Alicia se hacía tan grande tan grande tan grande que ocupaba todo el espacio de la casa. Le divertía aquella llorona, haciéndose luego tan pequeña tan pequeña tan pequeña que tenía que nadar en un mar creado por sus propias lágrimas. Qué cuento tan raro, pensaba. Pero al fin y al cabo la mente de los niños es tan ávida que pronto se interesó por cualquier otra cosa y se olvidó de la otra Alicia, y también de la jarra.

Por eso no comprendió la noche en que su padre, con un gesto de repugnancia, se llevó el recipiente a la cocina. Ella sólo vio, junto al cerco que había quedado en la mesilla, un gusanito verde que le saludaba sonriente. Le resultó tan simpático que decidió esconderlo en una cajita de cartón y dejarlo encima del cuento. Al despertar por la mañana no encontró ni la cajita ni el libro. En su lugar sólo vio una oruga de medio metro que también le saludaba sonriente. Ella gritó y su padre llegó a tiempo para arrojar la oruga por la ventana. Lo que desde allí vieron les horrorizó. Cumplida la metamorfosis, las aceras estaban cubiertas por aquel extraño ejercito reptante que se arrastraba sin pausa. Las orugas gigantes lo ocupaban todo. Algunas, empujadas por su voracidad, comenzaron a subirse por las paredes, amenazando a los vecinos asomados a los balcones. El bibliotecario cogió en brazos a su hija y salió a la calle lo más rápido que pudo. No sabía que hacer, así que intentó sobreponerse a la sensación que suponía caminar sobre aquel suelo escurridizo y se dirigió lo más rápido que pudo hacia la biblioteca.

-¡Mis libros! ¡Oh, mis libros!

Esto fue lo único que el bibliotecario acertó a decir cuando, al llegar a sus queridas estanterías las encontró repletas de esos asquerosos bichos, que se atiborraban de buena gana con las obras completas del Proust. Aquellas bestias engullían sin piedad. Le pareció una farsa monumental, sintió como si el cerebro se le carcomiera ante la inminente destrucción de la palabra. Enloquecido, aquel hombre arrancó de las fauces de uno de esos monstruos lo que quedaba de Por el camino de Swann, tomó de la sala de limpieza una botella de alcohol, arrancó algunas páginas y las utilizó como mecha de un improvisado cóctel incendiario que arrojó, sin percatarse del peligro al que estaba exponiéndose, sobre el multitudinario banquete literario. De alguna manera aquellas criaturas no eran inmunes al fuego, porque en poco tiempo la sala se vio envuelta en llamas, aullidos de terror y olor a chamusquina. El bibliotecario sacó de allí a su hija como pudo, la dejó en los brazos de un funcionario que pasaba por allí despavorido y volvió a entrar en aquel infierno con el propósito de recuperar alguno de sus más preciados tesoros. Ella no lo volvió a ver nunca más.