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viernes, 28 de enero de 2011

NIHIL PLUS BENE ET NIHIL BONO PLUS (VUELVE LA MECÁNICA PLANETARIA DE DANIEL ORVIZ)


Cierren los ojos, ciérrenlos y olvídense por un momento de sus años de cotización, del calendario maya y la era de Acuario, de Ofiuco y Estafilococo, de la teoría Zeitgeist, de los papeles de Wikileaks, del cubo de Rubik, del bocadillo de Chopped (chop, chop, chop...), olvídense, sí, tan sólo por un breve lapso de tiempo de todos sus pequeños e irresolubles problemas, de cada una de sus vanales e intensas alegrías, para refugiarse en el reparador silencio y la unidad primordial, los chakras dispuestos, los sentidos preparados para captar sin barrera alguna el último y revolucionario experimento de amor y humor y arte y transformación ontológica.
¿Qué?
Que de qué les estoy hablando.
Ah, es verdad. Abran los ojos ahora, vean el abajo presente vídeo y luego vuelvan a cerrarlos.



Ahora que conocen hasta dónde es capaz de llegar el Chamán de la Peca para introducirse en sus vidas, pueden volver a cerrar los ojos y visualizar gráfica, mental, sensiblemente... su voluntaria presencia en el lugar y la hora precisos (o sea, en Los Diablos Azules, c/Apodaca, 6, Metro Tribunal, MADRID; hoy viernes 28 de enero de 2011, a las 20:30 horas), convocados por tan esforzado gurú mediático, transportados por su psiquis hacia un viejo nuevo mundo regido por las leyes de la Mecánica Planetaria, esa obra incompleta regordeta in progress in crescendomastodóntica multifórmica flexipoética y sobre todo hermosa, que un buen día empezó a salírsele de la cabeza a lo más parecido a una filosofa griega o a un dios (ya que los dioses no existen) de las letras: por sus mil mortadelianas, por el ritmo de su báculo invisible, por la rima que se anima y el lápiz que traza y el clic que ejecuta y el dedo que pinza el ukelele... maese Daniel Orviz (y aunque no lo crean esto no es una declaración de amor) os espera.

A las 20:30 horas.
Hoy.
28 de enero de 2011.
En Los Diablos Azules.


jueves, 27 de enero de 2011

NOCHE DE ESTRENO PARA NACHO ALDEGUER Y LVR(ediciones


Porque son varios estrenos en uno: Quiero a todo el mundo, pero este libro de amor no lo escribí para nadie es el primer poemario de ese hombre renacentista y a la vez contemporáneo que atiende al nombre de Nacho Aldeguer y también es el primer poemario que, desde el otro lado, sacan a la luz los cerebros de LVR(ediciones, siempre con el propósito de difundir más cultura y más belleza y toda la felicidad posibles, apostilladas con la inequívoca expresión "sin ningún ánimo de lucro" que define, entre otros criterios, a la Asociación Cultural La Vida Rima, esa cueva de las ideas en la que poco a poco comienza a modelarse el barro. ¡Enhorabuena!
Ahora es tiempo de presentaciones, oídos atentos y mecanismos de comunicación. Esta noche de jueves 27 de enero de 2011 comienza la andadura de este libro y este autor y esta colección. Será en la librería Tipos Infames (c/San Joaquín, 5, Metro Tribunal, Malasaña, MADRID), a las 20:30 horas.
A Nacho le acompañarán Joaquín Aldeguer, Daniel Orviz, Rafael Sarmentero, Paco Sevilla y los dos cerebros de los que hablábamos, José Naveiras y Ángel Muñoz.
Si los conociérais un poco, sabríais que lo de esta noche va es serio y que se van a salir. Así que ya sabéis, no vale perdérselo. Yo tengo excusa: la gripe me tiene atado a la cama. Pero... ¿y vosotros?

sábado, 22 de enero de 2011

ABRACADABRA EN EL ENTRELÍNEAS LIBREBAR


Esta noche de sábado 22 de enero de 2011, a eso de las 21:30 horas, Historias de magia en el Entrelíneas Librebar (c/Gonzalo de Córdoba, 3, Metros Bilbao / Quevedo, MADRID). Sin trucos. No os perdáis el espectáculo de los cuentos.

viernes, 21 de enero de 2011

QUE RÍAN LOS VERSOS, UN CONCURSO DISTINTO DE POESÍA ORGANIZADO POR LA VIDA RIMA Y EL BADULAKE KLUB


A tod@s l@s poetas (cualesquiera que sea su origen y/o nacionalidad) residentes en este extraño confín del mundo llamado España tal vez pueda interesarles esta primera edición del concurso de poesía Que rían los versos, que a iniciativa de la Asociación Cultural La Vida Rima y el Badulake Klub, se plantea como una alternativa a la avalancha de certámenes convencionales.
Podéis ver las bases del mismo en LVR EDICIONES y también en el blog de la Asociación, pero ya os voy adelantanto que tenéis tiempo hasta el 28 de febrero de 2011 (incluido) para enviar vuestros textos vía e-mail a concursopoesia@lavidarima.es.
Cada autor o autora podrá presentar un mínimo de 5 páginas y un máximo de 20 de obra poética de temática, estructura y métrica libres, en lengua castellana, en formato A4, párrafo a doble espacio y tipografía Times New Roman de 12 pt.
Los originales deben entregarse en formato Word 97 (.doc) o Libre Office (.odt), como archivo adjunto, a la dirección de correo concursopoesia@lavidarima.es. Dicho archivo debe contener el nombre del autor o autora, título del conjunto de poemas, así como dirección de correo electrónico y número de teléfono de contacto. El nombre del archivo será en el siguiente formato Nombre_autor-Titulo.doc o Nombre_autor-Titulo.odt (ej.: Jose_Garcia-Poemas_mios.doc)
El premio consistirá en la publicación de un libro a cargo de la Asociación Cultural La Vida Rima que saldría a la venta en el mes de septiembre de 2011. Dicho libro estaría compuesto por una selección de los poemas del ganador (la mitad del libro) y 5 páginas para cada uno de los 3 finalistas con una pequeña selección de los presentados a concurso. Cada uno de los autores ganadores, recibirá 2 ejemplares de dicho libro en concepto de derechos de autor. Además, se repartirán varios premios entre ganador y finalistas, donados por diversos proveedores. Los beneficios de la venta del libro irán a parar a la Asociación Cultural sin ánimo de lucro La Vida Rima y se destinarán para la siguiente convocatoria del premio que tendrá lugar en 2012. La entrega de premios (a excepción del libro que saldrá en septiembre de 2011) tendrá lugar el día 23 de marzo de 2011.
Si queréis saber más sobre el concurso, no dudéis en consultar las bases y atrevéos a participar. Vale la pena.

miércoles, 19 de enero de 2011

LA RISA A DEBATE (EN EL BADULAKE)


Para desternillarse o morirse de... según se mire, para tomárselo a risa, sí, con alegría, que es lo que todos necesitamos, para partirse y mondarse y salir después, un poco más ufan@s, camino de nuestros respectivos habitáculos. Para todo esto y mucho más vuelve el debate poético que mensualmente propone La Vida Rima en el Badulake Klub (c/ Salitre 30, Metro Lavapiés, MADRID), ese diálogo de nuevos priamieles entorno a un tema siempre fundamental. Esta vez, la risa. Será esta noche de miércoles 19 de enero de 2011, por primera y majestuosa vez en este año, a cargo de dos juglares eméritos y quincuagésimos peinados, duchados y muy duchos en el tema: Danilac y Daniel Orviz (y no es un juego de palabras). En el Badulake Klub.
No os perdáis esta noche jocosa.
Que nadie os quite las ganas de reír.
Ya os esperan.

viernes, 14 de enero de 2011

UN POEMA DEL QUE TODO EL MUNDO CONOCE LOS PRIMEROS VERSOS (LA CANCIÓN DEL PIRATA, DE JOSÉ DE ESPRONCEDA)


Esos cuatro (o tal vez ocho) versos que casi todos recitan de memorieta... y todo lo que sigue y a menudo el impaciente mundo ignora.

CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


ESPRONCEDA, J. de, Canciones

miércoles, 5 de enero de 2011

ESCRITO EN EL AGUA, UN POEMA EN PROSA DE LUIS CERNUDA


Los huesos del poeta inglés John Keats yacen en una tumba del cementerio protestante de Roma. Sobre la lápida resuena en piedra su epitafio: "Here lies one whose name was writ in water" ("Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua"), una frase que resume a la perfección nuestro efímero paso por la vida. Casualidad o no, uno de los grandes poetas de la Generación del 27, Luis Cernuda, llamó Escrito en el agua a este poema que cerraba reflexionando sobre esa misma certeza existencial la primera edición de Ocnos (1942), una estilizada creación de poesía en prosa. El poema fue suprimido por el autor en ediciones (extendidas) posteriores porque actuaba como un tapón que bloqueaba por completo cualquier posible continuación.
Sin embargo (para mí) su lectura fue, es y seguirá siendo imprescindible.

ESCRITO EN EL AGUA

Desde niño, tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado la eternidad. Todo contribuía alrededor mío, durante mis primeros años, a mantener en mí la ilusión y la creencia en lo permanente: la casa familiar inmutable, los accidentes idénticos de mi vida. Si algo cambiaba, era para volver más tarde a lo acostumbrado, sucediéndose todo como las estaciones en el ciclo del año, y tras la diversidad aparente siempre se traslucía la unidad íntima.

Pero terminó la niñez y caí en el mundo. Las gentes morían en torno mío y las casas se arruinaban. Como entonces me poseía el delirio del amor, no tuve una mirada siquiera para aquellos testimonios de la caducidad humana. Si había descubierto el secreto de la eternidad, si yo poseía la eternidad en mi espíritu, ¿qué me importaba lo demás? Mas apenas me acercaba a estrechar un cuerpo contra el mío, cuando con mi deseo creía infundirle permanencia, huía de mis brazos dejándolos vacíos.

Después amé los animales, los árboles (he amado un chopo, he amado un álamo blanco), la tierra. Todo desa­parecía, poniendo en mi soledad el sentimiento amargo de lo efímero. Yo solo parecía duradero entre la fuga de las cosas. Y entonces, fija y cruel, surgió en mí la idea de mi propia desaparición, de cómo también yo me partiría un día de mí.

¡Dios!, exclamé entonces: dame la eternidad. Dios era ya para mí el amor no conseguido en este mundo, el amor nunca roto, triunfante sobre la astucia bicorne del tiempo y de la muerte. Y amé a Dios como al amigo incom­parable y perfecto.

Fue un sueño más, porque Dios no existe. Me lo dijo la hoja seca caída, que un pie deshace al pasar. Me lo dijo el pájaro muerto, inerte sobre la tierra el ala rota y podrida. Me lo dijo la conciencia, que un día ha de perderse en la vastedad del no ser. Y si Dios no existe, ¿cómo puedo existir yo? Yo no existo ni aun ahora, que como una sombra me arrastro entre el delirio de sombras, respirando estas palabras desalentadas, testimonio (¿de quién y para quién?) absurdo de mi existencia.

CERNUDA, Luis, Ocnos (1942)

lunes, 3 de enero de 2011

AL OTRO LADO DEL ESPEJO (ESPECIAL ERÓTICO)


Aunque ya lleva una semana danzando por la red, he esperado unos cuantos días para hablaros del Especial Erótico de "Al Otro Lado del Espejo" que acabamos de lanzar desde La Vida Rima con la misma fuerza de siempre.
Una vez más nos avalan y emocionan las numerosas visitas que en este breve plazo de tiempo ha recibido la versión digital de la revista. Gracias a todos los que nos apoyáis en pos del cuento.
De nuevo palabra e imagen se dan la mano en un juego literario de 84 páginas, que próximamente veréis en papel. De momento aquí tenéis, si aún no lo habéis saboreado, el lado virtual de este espejo.

NOS CUENTAN:
Donatien Alphonse François [MARQUÉS DE SADE] + Ana Patricia Moya + Ángel Olgoso + Antonio Bordón + Carlos Salem + Cristina García Morales + Esteban Gutiérrez Gómez + Javier Serrano + José Naveiras + Lucía Fraga + Luis Morales + Luisa Fernández + Mª Jesús Silva + Marisol Torres + Miguel A. Martín + Mónica Sánchez + Noelia Herrero + Patricia Monge + Pepe Pereza + Rafael José Díaz + Silvina Luz Monge+ Susana Obrero + Sylvia Ortega.
NOS ILUSTRAN:
Miguel Ángel Martín (PORTADA) + Julio Santiago + Nares Montero + Bruno Chenon + María tapia + Jaime Llorente + Esperanza Covarsi Zafrilla + Ángel Muñoz (Voltios) + Pablo Játiva López + Daniel Orviz + Luisa Fernández



Versión Digital.

viernes, 31 de diciembre de 2010

FURTIVOS


HELOS AQUÍ,
hermosos,
puros,
ínfimos amantes
que
siempre buscan
entre el fuego
la palpitación
última,
helos aquí,
y son sólo
hojarasca
esparcida
y ridícula,
ocupan su silencio
con paisajes
infinitos
de jardín,
y sombras
en la hiedra solitaria
es lo que tienen.
Ínfimos amantes renunciando
desatinan en su postración,
que la vida es otra cosa.
Olvídate de la pureza.
No ofrezcas al deseo
un primitivo nombre,
no, no le ofrezcas
un primitivo nombre.

martes, 28 de diciembre de 2010

LA ESTRELLA (RELATO RECUPERADO PARA ESTA NOCHE INOCENTE)


Por allí cerca había unos pastores que pasaban en vela y al raso las horas de la noche, guardando sus rebaños.

LUCAS, 2, 8.


Zaheridas las plantas de sus pies por las piedras del sendero, Yusef rezongaba amargamente sobre su destino mientras la noche lo envolvía con un manto de escarcha. Diminutos copos de nieve, arrastrados por los aires de levante que se habían alzado a orillas del Jordán, azotaron de improviso el lado izquierdo de su rostro, quedándose adheridos a los hilos de una barba desordenada. Interrumpió entonces su marcha Yusef y sacudióse con las dos manos las humedades que lo empapaban. Giró sobre sus pasos y acarició la cerviz de la mula que Ismael, el aguador, le había prestado para tan largo viaje.
Desfallecido por los días de camino y penurias que había soportado desde las tierras de Galilea, aquel fornido animal parecía no poder mantenerse en pie por mucho más tiempo, y ahora que por fin se había detenido, rehusaba con un gemido lastimero ante los tirones que, con indulgencia, Yusef proporcionaba a la humilde montura. Para su lomo, la más delicada de las cargas era también la más pesada. Frágil como una hoja de palma al viento, aterida por el frío, en medio del delirio que su cuerpo experimentaba ante un nuevo y desconocido dolor, la encinta María se apoyó con esfuerzo sobre los hombros de su esposo.
-Yusef –María temblaba, acuciada por los envites de la vida-, no llegaremos a tiempo a Bethelem.
Y se sintió desfallecer mientras el más atribulado de los hombres la sujetaba con fuerza.
-¡Maldito sea el censo! ¡Malditos todos los romanos!
-¡Yusef!
-Aguanta, esposa mía –su mano notó la calentura que inundaba la frente de María-, aguanta. Recuerda a los pastores que encontramos a un lado del camino, no ha mucho tiempo. ¿Ves aquella colina que asciende hacia el sur? Pues uno de ellos, un tal Zabulón, la señaló con su mano humilde diciéndome que detrás de ella, apostada en su falda, se encuentra la aldea que perseguimos con tanto ahínco. ¡Ánimo María! Pronto estaremos en Bethelem.
Pero la siempre sosegada María no pudo reprimir un grito de dolor que casi la descabalgó de la mula. Palpóse la túnica y la halló empapada.
-¡Yusef! –se aferró a su esposo, perentoria- ¡No hay tiempo! ¡Llegó su hora! ¡He roto aguas!
Entonces, desesperado, Yusef ciñó a su cintura la cuerda que guiaba al animal, tomó en brazos a María y caminó sacudido por la nieve, soportando la doble carga, buscando un lugar a cubierto en el que resguardarse del invierno, un espacio cualquiera donde ella pudiera dar a luz.
-¡Oh, Yavé –oraba en silencio Yusef, como nunca lo había hecho-, o Alto Dios, que guiaste a Tu Pueblo a través del desierto, conduce ahora los pasos de uno de Tus Hijos, permite que venga al mundo lejos de la noche y la tormenta, arropado por el calor de Tu Inmensa Misericordia, presérvalo, oh Dios Mío, para que sea bendecido bajo la Luz de Tu Nombre y crezca consagrado a enaltecer la Gloria Eterna de Tu Reino!
En estas cavilaciones estaba cuando, de pronto, un mugido surgió de entre las rocas cercanas. La mula, soliviantada, respondió con un rebuzno insólito y aceleró el paso entre los matojos, arrastrando al bueno de Yusef, que llevaba la cuerda ceñida al cuerpo. Yusef se soltó y observó cómo el animal hallaba, en un recodo entre los riscos, un abrigo lo suficientemente amplio para guarecerse de la ventisca.
Entonces Yusef sonrió alzando su mirada al cielo.
-¡Alabado seas por siempre, mi Señor!
Y siguió a la tozuda bestia hasta el interior de aquel refugio providencial. Se trataba de una especie de cobertizo que, sin duda, los pastores del lugar habían acondicionado para proteger el ganado de las lluvias. La mula corrió hacia un depósito de forraje junto al que pastaba con parsimonia el buey que, con su mugido, había señalado la existencia de aquel amparo divino. Pero no había tiempo que perder. Yusef posó a su esposa sobre el suelo de tierra, encendió un fuego con lo que pudo, apiló una gran cantidad de paja en la pared de la roca y llevó allí a María, a la que ayudó en el último trance con todo lo que sus rudas manos de carpintero podían hacer. Poco después, mientras aflojaba la tormenta, una estrella fulgurante apareció entre los resquicios de las nubes y dos llantos rasgaron la noche.
Yusef cortó el cordón con los dientes, limpió a la criatura como pudo y la envolvió en un manto seco.
-¡María, -acarició las mejillas de su esposa, rendida por el esfuerzo-, es un niño!
Ella sonrió con dulzura mientras Yusef alzaba al recién nacido sobre su cabeza y pronunciaba palabras de alabanza a Dios.
-¡Oh Yavé, he aquí a Tu Hijo!
Luego, Yusef entregó el niño a María y se ocupó de atenderla lo mejor que supo. En ello estaba cuando unos hombres con los rostros desencajados entraron en el cobertizo. Yusef, atemorizado al principio, reconoció el de Zabulón, el pastor que les había señalado el camino hacia Bethelem.
-¿Eres tú Yusef, de Bethelem, carpintero en la aldea de Nazaret, en Galilea?.
A Zabulón le temblaban las piernas.
-Sí, soy yo –contestó desconcertado Yusef. Zabulón prosiguió.
-Y, ¿es esta tu esposa, María, la que acaba de dar a luz a un niño?
Yusef, cada vez más perplejo, se acercó al pastor.
-Así es. Pero, ¿cómo sabes tú tanto sobre nuestras vidas?
Entonces Zabulón y los demás pastores cayeron al suelo y postráronse de rodillas, las lágrimas cubriéndoles los ojos, mientras Yusef no daba crédito a lo que veían los suyos.
-¡Alabado sea Dios, porque el Mesías ha sido finalmente enviado! -entonaron al unísono los pastores.
Yusef, fuera de sí, zarandeó con violencia a Zabulón.
-¿El Mesías? ¿De qué locuras estáis hablando? ¿Acaso habéis bebido?
Entonces Zabulón, movido por una fuerza invisible que lo apartó de las lágrimas, miró el rostro de Yusef y respondió:
-Has de saber, Yusef, que poco después de que vosotros continuaseis camino de Bethelem, nos disponíamos junto al fuego para dormir cuando, de pronto, un ángel del Señor se presentó ante nosotros, y la gloria del Señor nos envolvió con su luz, quedando todos sobrecogidos de espanto. Entonces el ángel alzó su voz y nos dijo:
”No tengáis miedo. Mirad, vengo a comunicaros una grata noticia que será motivo de alegría para vosotros y para todo el pueblo. Os ha nacido hoy en la ciudad de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esta será la señal para reconocerlo: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
De improviso se abrió el cielo y se dejó ver junto al ángel un ejército celestial que alababa a Dios cantando:


Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra paz a los hombres, en quienes Dios se complace.


Cuando los ángeles volvieron al cielo, recordamos que tú, Yusef, te dirigías a Bethelem por la vertiente norte de la colina, y supusimos que la nevada os habría sorprendido antes de llegar a vuestro destino, así que decidimos buscaros por estos abrigos que, construidos con nuestras propias manos, abundan en la ladera para proteger en la tormenta a nuestras ovejas. No fue difícil encontraros. Vimos la luz que desprendía este fuego que has encendido y supimos que estaríais aquí. Sin duda hemos sido afortunados. Ahora nos postramos para adorar al Hijo de Dios.
-Pero…
Yusef, anonadado por lo que acababa de escuchar, no tuvo tiempo para protestar, porque en aquel preciso instante tres extranjeros, ataviados con magníficas y desconocidas vestiduras y cubiertos por joyas que sólo podían provenir de las ignotas montañas de Oriente, entraron en la estrechez de aquel refugio y, acercándose a María, se postraron ante el niño dormido, al que adoraron de hinojos. Y abriendo las arcas en que traían sus tesoros, le ofrecieron los presentes de oro, incienso y mirra. Y entonces todo fue alborozo y alegría, y los pastores danzaron enfervorecidos, y hasta los mismos padres de aquel niño dormido acabaron convencidos de que todo aquello era verdad, y surcaron en la noche alabanzas a Dios, porque el Mesías había nacido.
Porque, en efecto, no muy lejos de allí, justo en el punto destacado por la estrella, una mula rumiaba junto a un buey cadencioso a las puertas de un pequeño cobertizo, construido allí por los pastores para resguardar en el invierno a sus ovejas. Y en su interior, junto a la pared de la roca, yacían María y su Hijo concebido sin pecado, mientras el laborioso Yusef, de la Estirpe de David, también carpintero en la aldea Galilea de Nazaret, cavilaba sobre la manera de acercarse a Bethelem para cerrar el embarazoso asunto del censo, ajeno al inminente error del destino, a la decisión que obligaba desde el cielo a cambiar en el último momento los papeles, a la condena que cumplirían los esbirros de Herodes sobre su Hijo a cambio de salvar al otro mediante un ángel de sueño y la huida a Egipto.
Aquel niño comenzó a llorar. María, aún muy débil, se levantó tambaleándose y salió al umbral del cobertizo con el niño en sus brazos.
-Hijo mío –le dijo enternecida-, observa la hermosura de este mundo.
Entonces el niño sonrió y señaló al cielo con su mano regordeta. Allí permaneció, hermosísimo, en los brazos de su madre, extasiado por el resplandor de una estrella que brillaba en el horizonte.