Diosecillo desasosegado,
te olvidas el carcaj
después de perpetrar
lo que queda del único corazón nuestro.
Observa la divinidad casta
en cada caja metálica.
Ella estornuda y yo me persigno
sin indulgencia.
Borra tu sonrisa diabólica
donde los corderos se tatúan el signo.
No casa no a ti no.
Músculo cautivo del habla,
nota el do que certifico,
el muro en que salpican las frases,
los hombres-bala sembrados bajo el arco.
En esta tierra se descuadran
los amantes, inolvidable carne viva,
sensación maravillosa,
qué huella del infierno ver la nada.
En el polvo hay esperanza.
Poema del día: "La anguila", de Eugenio Montale (Italia, 1896-1981)
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La anguila, la sirena
de los mares fríos, que deja el Báltico
para unirse a nuestros mares,
a nuestros estuarios, a los ríos
que medra en lo profundo, bajo...
Hace 13 horas
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