Pages

martes, 8 de septiembre de 2009

LADRONES DE GALLINAS


Vuelve la banda de cuatreros más buscada a este lado del Pecos, vuelve, sí, esta media docena de cuentistas aficionados al rapto avícola retoma sus viejas costumbres, y no penséis que el tiempo que ha pasado desde la última vez ha alterado de algún modo sus reprochables conductas, no no, todo lo que son y todo lo que hacen sigue siendo pura dinamita literaria. Así que átense los machos, afilen las espuelas, preparen la sed y las ganas de pasárselo bien porque esta noche de martes 8 de septiembre de 2009 (a eso de las 22:00 horas) los Ladrones de Gallinas cruzarán las puertas abatibles del Saloon Bukowski Club (c/San Vicente Ferrer, 25, Tribunal, MADRID) para darnos alguna que otra sorpresa.
A Gonzalo Torrente Malvido, Luis Boullosa, José Rafael Rodríguez y Carlos Salem se les unen en este sexteto Pedro de Paz como cuatrero invitado de lujo y Daniel Herrera, que vuelve a la banda para monstrarnos toda la mala fe aprehendida en Davis (California), allá por donde se perdió el Oeste.
Todo un grupo salvaje.
Su lema: "Robar gallinas no es delito, delito es dejar que te desplumen los sueños"
¿Quién da más?
No os los podéis perder.

lunes, 7 de septiembre de 2009

POR EL PLACER DE LA LECTURA


Un amigo me acaba de enviar un e-mail recordándome la honesta actuación de nuestra SGAE, esa que por la cual se pretende obligar a las bibliotecas públicas a pagar 20 céntimos de euro por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir a los autores del atropello que significa ser leídos en incontables ocasiones al precio de una sola vez. Supongo que al bueno de Cervantes, cuya efigie cabreada observamos en el reverso de susodicha moneda, no le llegarán demasiados céntimos con los que llenar su bolsa, aunque es cierto que hace tiempo que ya no lo necesita. Nada como una buena SGAE, esa especie de rey Midas que consigue hacer oro de todo lo que toca, repito, nada como una buena SGAE en nuestra vida para fomentar el uso en desuso de la lectura. Aprovechemos también para sugerirle a tan ilustre institución que busque una manera de estigmatizar con sus huellas recaudatorias la sopa de letras, el Scrabble, la guía telefónica, los nombres de las calles, las frases literarias que pisoteamos a diario en Huertas, los poemas por sms, los kanji tatuados, los prospectos farmacéuticos y/o la letra pequeña de cualquier contrato, incluidos los de teléfonos eróticos y teletiendas.
Aunque el tema no es nuevo me parece importante recordarlo para no perder el norte en estos tiempos de indecisión. A propósito de todo esto os dejo el ya famoso texto de José Luis Sampedro en pro de la lectura (espero y estoy seguro de que no me cobrará ningún canon por su reproducción):



POR LA LECTURA, de José Luis Sampedro.


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.


Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea consimpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada.


Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.


Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.


Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:


a) obtiene algo a cambio.


b) es objeto de una sanción.


Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?


Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.


Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.


¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

domingo, 6 de septiembre de 2009

LA IMAGEN DEL VERANO



Todos los años, cuando el verano va dando sus últimos coletazos, aventuro un postrer ejercicio de memoria para apoderarme de la esencia que mana de alguna de las imágenes con las que mi cámara ha sabido detener este tiempo. Ha habido ocasiones de instantáneas exóticas, panorámicas, inapropiadas, ventosas, accidentales, etéreas, simbólicas, fatídicas, patéticas, improvisadas o eternamente preparadas. Esta vez no he salido de España, lo que no le quita al asunto, por cierto, su poesía, urgencia, belleza y misterio. Su sombra de ojo ajeno. Por eso me quedo con esta fotografía a contraluz en la playa de Conil de la Frontera a la caída de la tarde. Las figuras anónimas, sonámbulas, casi fantasmales, se dejan acariciar por las aguas tranquilas en un camino de incierto final.

sábado, 5 de septiembre de 2009

AFGANISTÁN (LA LUNA Y LA DESNUDEZ DE LAS NOCHES)


Hay una barrera efímera junto a la puerta, alejándonos de la abundancia. Los jóvenes licántropos han amarilleado los extremos del último tronco seco. Los que huían se llevaron sus barbas, sus mujeres. Sólo una elipse de racimos ilumina la noche en agosto. Es un verde ilegítimo. Roto por atisbos de ceniza, brasas de cigarrillo víctima anzuelo para francotiradores. El sendero carmín no es en esta hora el mismo sino una presunción de olores. Las casuchas dormitan blancuzcas. No hay ventanas, tal vez alguna algarabía horrible en el río que desciende encañonado.
Gracias a. Ciudad desnuda abre sus piernas. Su profundidad es tan oscura que apenas somos nada dentro de ella. Un reclamo. La cámara se desliza con el cuerpo a tierra. A esa altura digna de cualquier montículo. ¡Oh infelices y estupefactas aljamías, banderas híbridas y cordilleras de lápidas!
Zumbaban atroces los insectos. Te espera una bala resbalando a medio metro del talud. Aún puedo verte al otro lado del pantógrafo. Se arrastraban gusanos agolpándose en la recepción lobulada. Mañana. El cielo cernía su malestar ígneo sobre los primeros síntomas del desierto.


viernes, 4 de septiembre de 2009

CHRISTIAN POVEDA (OTRO REQUIEM)

Fotografía de Christian Poveda.

Una vez más ha sucedido. De nuevo el afán de llegar lejos acaba con la vida de los más intrépidos. Ya he perdido la cuenta de los periodistas y/o fotógrafos que han caído, cada uno con su circunstancia, por dar ese paso de más y denunciar, con la palabra o la imagen, alguna de las atrocidades a las que nos tiene acostumbrado el ser humano. Esta ocasión el turno era para el fotógrafo franco-hispano Christian Poveda, asesinado por desconocidos en el cantón El Rosario, del municipio de Tonacatepeque, República de El Salvador.

Christian Poveda (Imagen de EFE)

Sí. El mismo que se había introducido en el oscuro mundo de las maras para obtener imágenes y testimonios impactantes. Poveda convivió durante 16 meses con miembros de la M18, obteniendo un valioso material gráfico y fílmico que constituye la base del documental La Vida Loca (2008). Ahora está muerto. Algunos piensan que se había metido en la boca del lobo, que hay secretos que no deberían ser desvelados. Es posible, pero nada justifica el asesinato. Es una pena que sea ésta la imagen que nos llega habitualmente de un país tan fascinante como El Salvador: un campo de batalla en el que impera el gallo más fuerte, una espiral de odio, una piel tatuada, una trampa para osos. Eso son las maras, y eso es lo que quiso mostrarnos con su cámara Christian Poveda.



jueves, 3 de septiembre de 2009

EL ECLIPSE

Minotauro acariciando con el hocico la mano de una mujer dormida, de Pablo Ruíz Picasso. (En el Museo Picasso de Málaga)

Ha oscurecido, las sombras escapan del triste agujero luminoso.
La pérfida figura que nace también a esa otredad.
Ella y el divino animal vuelven desde el prematuro apagamiento,
vencen a la muerte como dinosaurios de voz fósil,
como Lázaros rescatados de la tumba,
guiados por espíritus ciegos.
Córnea, ella.
Se enzarzan para hender graves el pensamiento en esa nada,
en ese hastío previo a la nada.
Vuelven, vuelven en sí, vuelven a mi el vestido en las sábanas y el pelo
y ese tesoro que es casi el sueño de Proust, en la mirada,
vuelve ella escondida en las medias, vuelven sus pechos serenos
y el caminar torcido de los desencantados
y las ganas de atizar a tanto crítico mediocre que aspiró un día a saber de algo,
que no sabe qué se cuece en la noche del Minotauro

ni en el labio que ella deja entrever o extravía para siempre.
¡Guardianes, rápido, aquí no hay nada que conservar!
Ella, cósmica,
ellos lo saben.
Por eso vuelven al furor y al cuenco de uvas salvajes,
a las playas heladas del norte, a las ciudades que agonizan.
Qué ilustre hagiografía esperanzada para las leyendas que comienzan.
En el salto, el ojo vergel, el manantial, la sangre,

el tablero de ajedrez
para la partida más larga,
Ella,

el Minotauro de ojo paralizado,
la baba diabólica,
el invisible
juego de tenis.
Ella, París, dulce amante sin brazos,

dulce animal colgado
en los carteles,
sesenta y ocho mayos,
varios cortázares y la edad oscura de Sartre.
Nada de esto es narrativa.
Nada de esto es poesía.
Sólo espera, espera;
y no pierdas ni un momento la ilusión
de que se produzca un revelador acorde,
un último acto que a todo le encuentre explicación.
El eclipse en un mundo impaciente.
Esto es vida.
Esto es muerte.
Esto eres.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

CANCIONES DE INOCENCIA Y DE EXPERIENCIA DE WILLIAM BLAKE


Recibí el primer zarpazo de la poesía de William Blake (1757-1827), como en tantas otras ocasiones, a través de la música. En las soporíferas sobremesas de verano del 96 solía disfrutar a menudo de los temas que Bill Douglas había gestado para su disco Deep Peace, en el que adaptaba unos cuantos poemas clásicos de la literatura inglesa de todos los tiempos envolvíendolos con su melodía new age. Tres de ellos pertenecían a este poeta, pintor y grabador visionario que se anticipó a los grandes románticos británicos: "O Earth, O Earth, Return", "Piping Down the Valleys Wild," y el impresionante "The Voices of Children". De modo que la forma en que he leído a Blake siempre ha estado mediatizada por la música. No mucho después un profesor napolitano volvió a redescubrirlo para mí en el entorno de una clase de filología comparada, y en ese ámbito genérico me sedujo aún más. Es extraño que este poeta que fluctúa entre la pasión pseudo-mística, la jardinería y la desilusión me guste tanto. O quizás no. La contradicción impía, esa reordenación de las prioridades morales es lo que distingue a Blake de los demás y lo hace partícipe de la revolución humana y artística de su tiempo. No es otro el reflejo que despide su obra más conocida, Canciones de Inocencia y de Experiencia, reunificación de dos visiones del mundo, un libro que he poseído y regalado (siempre a amigos) una y otra vez a lo largo de los años. Esta mañana acabo de acaparar de nuevo el libro y esa es la razón por la que hablo de ello ahora. Sin más.
Blake, precursor de Byron o Keats, se anticipó en el rechazo a lo neoclásico y si algo puede definirlo es su defensa de la imaginación frente a la razón. Consideraba que las formas ideales debían construirse no a partir de la observación de la naturaleza sino de las visiones interiores.
Sus poemas más voluntariosos, fragantes, directos y elocuentes aparecieron en Canciones de inocencia, texto publicado en un año que es todo un símbolo, 1789. Pero pronto Blake perdió la fe en el ser humano. En 1794 publicó Canciones de experiencia, una obra del mismo estilo lírico, una vuelta de tuerca sobre muchos de los temas y lemas de su libro anterior. Lo normal ahora es publicar ambas series como un texto conjunto debido a las analogías formales que presentan las mismas. Pero en realidad inocencia y experiencia siempre han sido distintas, inocencia y experiencia se complementan como "los dos estados opuestos del alma humana". La inocencia de la niñez (cúanto me recuerda a las ideas de Leopardi) frente al camino pertubador hacia la nada de la vida adulta. La corrupción necesaria, la transgresión del conocimiento. La verdadera inocencia que resulta imposible sin la experiencia, transformada por la fuerza creativa de la imaginación humana.


Además Blake ilustró sus Canciones de Inocencia y de Experiencia con dibujos propios, siguiendo una técnica por la cual escribía el texto y después realizaba los dibujos de cada poema sobre una plancha de cobre, usando algún líquido insensible al ácido, por lo cual quedaban en relieve cuando se aplicaba. Entonces, le daba una capa de tinta de color, lo estampaba, y retocaba los dibujos a mano con acuarela. Esta que os dejo aquí pertenece al poema "The Human Abstract", mi preferido, que procedo luego a transcribir y traducir:



THE HUMAN ABSTRACT

Pity would be no more
If we did not make somebody poor
And Mercy no more could be
If all were as happy as we.

And mutual fear brings Peace
Till the selfish loves increase
Then Cruelty knits a snare
And spreads his baits with care.

He sits down with holy fears,
And waters the ground with tears;
Then Humility takes its root
Underneath his foot.

Soon spreads the dismal shade
Of Mystery over his head,
And the caterpillar and fly
Feed on the Mystery.

And it bears the fruit of Deceit,
Ruddy and sweet to eat,
And the raven his nest has made
In its thickest shade.

The Gods of the earth and sea
Sought through nature to find this tree,
But their search was all in vain:
There grows one in the human Brain.

LA ESENCIA HUMANA

No existiría la Piedad
si no hiciéramos pobre a alguien;
y no haría falta la Misericordia
si todos fuesen tan dichosos como nosotros.

Y el miedo recíproco trae paz,
hasta que el amor egoísta se incrementa:
entonces la Crueldad arma su trampa
y esparce sus cebos con cautela.

Se instala con santos temores,
y riega con lágrimas la tierra;
entonces debajo de sus pies
echa raíces la Humildad.

Rápido extiende sobre su cabeza
sombras lúgubres de Misterio;
y la Oruga y la Mosca
se nutren de tal Misterio.

Luego crece el fruto del Engaño,
rubicundo y dulce al paladar;
y el Cuervo su nido instala
en el ramaje más tupido.

Los Dioses de la tierra y el mar
escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
pero la búsqueda fue toda en vano:
crece uno en cada Cerebro Humano.

BLAKE, William, Canciones de Inocencia y de Experiencia, Madrid, Cátedra, 2009.

Para conocer más de la obra de William Blake sólo hay que pinchar aquí.

martes, 1 de septiembre de 2009

OPERACIÓN SALCHICHÓN (ESPAÑOLADAS POR EL MUNDO)

Salami-pirate, una imagen de Cabinet de fumisterie appliquée descubierta en Caught 8handed.

Unos días antes había establecido el contacto en un bar del puerto. Apuraba su tercio cuando aquel turista accidental sentado junto a la ventana de la esquina se levantó y cruzó la puerta dejándose olvidada una bolsa de deporte azul debajo de la mesa. Tu corte de pelo me resulta familiar, mascullaba ella entre dientes al acercarse hasta la silla aún caliente. Deslizó con disimulo su mano para asir el extremo de la bolsa y salió del bar con un hasta luego que se le antojó demasiado forzado, pero la verdad es que nadie parecía tomarla en cuenta, unos hombres en calzoncillos se perseguían virilmente sobre la verde pradera delimitada por el televisor y los pocos parroquianos que allí se encontraban permanecían atentos a la impredecible evolución de tales movimientos.
Caminó hacia el embarcadero en el que se agolpaba, esperando su turno, un enjambre coches cargados hasta los topes. Guardó la cola aún nerviosa. Algunos niños correteaban ruidosos entre las filas y molestaban a las viejas de espaldas deslomadas que se apoyaban, vocingleras, en la baranda metálica. Un par de muchachos la señalaron con el dedo. Uno escupió un verso aljamiado en el suelo. No hacían nada especial, así es la espera. Sobre todo observaban, miraban con descaro, casi con desprecio. Pensó en la bolsa y optó por girarse, no convenía tener problemas. Me he acojonado, joder, se mordía el labio, tan valiente para algunas cosas y tan mierda para otras, pero esos ojos (no sé) son duros (son el copón) mierda mira mejor me largo.
Sólo cuando estuvo sentada en el estómago del ferry que la devolvía al sur descorrió con parsimonia la cremallera y sin mirar metió la mano en la bolsa abierta. Con la yema de los dedos tanteó cuidadosamente el interior. Papel de periódico, una especie de mapa, un envoltorio grueso y una llave, poco peso, ya lo había notado, todavía era pronto, no era su hora, seguro, seguro que no lo era. Pero algo es algo. Sacó la mano de la bolsa y volvió a cerrarla mientras oteaba desde la ventanilla aquel paisaje cambiante de azul adormecido y sucio. Ruido de entrañas, temblor acompasado, espumarajos rítmicos, altas aguas móviles, más rápidas que las nubes peinadas por el viento. Deja atrás el perfil de los molinos, huésped que se introduce en lo gris, ballena de hondura. Un dédalo desolado de arquerías e intersecciones, de cables y antenas recibiéndote a la entrada, huellas más etéreas que nítidas. Deja atrás el perfil de los molinos, ballena de hondura, aplaca la velocidad de tu paso con firmeza de cascarón hasta detener el confuso aliento, permite que descienda ella de tu vientre bajo la luz de la gran puerta, deja que camine con la bolsa que ahora oculta, perdámosla entre la gente que a tantos puntos se dirige, envuelta en su gabardina verde, ceñida a los laberintos de su propia mente, descansa, ballena de hondura, y olvídate de esa mujer.
Al fin, la hora. Qué forma de bajarse al moro, pensó ella mientras desaparecía entre los puestos del souq y ascendía a grandes zancadas por las escaleras de su vetusta pensión. Pronto dejó atrás al sonriente recepcionista. Cuando se quedó a solas arrojó la bolsa azul sobre la cama, gateó hambrienta sobre las sábanas, deslizó ansiosa la cremallera y extrajo aquel paquete deliberadamente hermético. Lo dejó luego allí, sobre la cama, buscó unas tijeras para cortar como una moira el hilo envolvente y entonces pudo reencontrarse, ahora sí, detrás del absurdo laberinto de papeles, con el aroma punzante, exquisito y casi olvidado del salami.

lunes, 31 de agosto de 2009

LA MÁQUINA DE HACER POEMAS



El arte combinatoria de Raymond Queneau dejó, ya en 1961, una meritorio invento para amantes del hipertexto, cirujanos de las cajas fuertes y poetas diacrónicos, Cent mille milliards de poèmes, quizá el libro más extenso de la historia a pesar de sus paradójicas y escasas diez páginas.
Como el propio Queneau explicara, se trata de "una especie de máquina para producir poemas" en un número limitado pero tan exhorbitante que necesitaríamos casi doscientos millones de años leyendo (veinticuatro sobre veinticuatro horas al día) para llegar al final de la obra.
Queneau ofreció a sus lectores una herramienta revolucionaria que permitía combinar versos para componer sonetos. El libro puede leerse de modo convencional, como un conjunto de diez páginas, pero además cada una de las mismas está dividida en catorce franjas horizontales, una por verso. Los versos mantienen todos la misma rima y su disposición en tiras posibilita su combinación con los de los otros sonetos. Así, el número total de combinaciones posibles que contiene el libro es de 10 elevado a 14, es decir, cien billones de poemas distintos. Todavía no se tienen datos estadísticos sobre la lectura completa. Una multitud de lectores voluntarios lo ha dejado todo hace tiempo para dedicarse a este imprescindible acto de comprobación. Si alguno está dispuesto a unirse al club en pro de la causa sólo tiene que acceder a su versión electrónica, Cent mille milliards de poèmes, que, eso sí, está en francés. Bon voyage!

domingo, 30 de agosto de 2009

ARCÓN DE TITUBEOS


Sin embargo te codicio, ahora que tu estela vuelve
a cruzarse en mi camino como un garfio atroz en la madrugada,
te codicio el blanco lugar que estremeces cuando estoy dormido,
mientras los delirios del sueño me golpean
y siento la repugnante trepidación de algún tentáculo fugitivo en el bestiario,
te codicio el pertinaz arcón de titubeos,
desde el acabamiento que habito te deseo,
porque basta rehacer el incauto mecanismo de tu voz,
voltear los olvidos hasta el margen de tu nombre
para que a mí me desanuden las palabras
y pueda retorcerle los brazos a este estúpido molusco.