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lunes, 9 de noviembre de 2009

ALGUNOS MUROS


Esta noche se cumplirán los 20 años de la famosa caída del muro de Berlín. Aquello fue todo un símbolo de los nuevos y libres tiempos. La alegría resplandecía en las caras de los berlineses que cruzaban al fín los límites para encontrarse con sus seres queridos. La esperanza, la confianza, la seguridad flotaban en el aire. Sólo recuerdo una situación parecida a esta: la respuesta de los ciudadanos estadounidenses ante la elección de Barack Obama. En el fondo se trata de símbolos, de mensajes que han calado. Hoy las expectativas con respecto a la administración de Obama están tropezando con la oposición de los de siempre: los propios políticos y muchos, muchos empresarios. Y en cuanto a la reunificación alemana, bueno, por una parte siempre habrá nostálgicos de un pasado imposible, y por otra es un hecho que el Oeste sigue viviendo mejor que el Este (donde el paro es galopante). Eso sí, consumir, se consume.
El muro de Berlín cayó hace 20 años, pero los muros siguen existiendo. En Palestina existe un muro incluso más alto, y parece que nadie dice nada. Además, sigue habiéndo mucha verja, mucho puesto fronterizo.
Pero el gran muro que cada vez es más difícil de saltar no está hecho de ladrillos ni de piedra, sino de billetes de distintos colores. Si tienes dinero (no importa tu raza ni el lugar del que vengas) serás bienvenido. Sin dinero confórmate con seguir muriéndote de hambre al otro lado. Cada vez hay más ricos, pero también muchos más pobres, y ese es, para mí, el gran muro que todos juntos deberíamos derribar.
Mientras tanto, recordemos Berlín.



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