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viernes, 30 de octubre de 2020

SURCO, DE MIGUEL HERNÁNDEZ

 


Se cumplen ya ciento diez años desde su nacimiento, así que no es este un mal momento para acordarse de los versos de Miguel Hernández (1910-1942). Poeta siempre venerado, cercano como pocos, autodidacta, tan humano y tan grande, ya estuvo presente aquí hace algún tiempo con su certero y reivindicativo poema "El hambre". Sin embargo en esta ocasión lo hará con un registro muy diferente, el que desarrolló de manera incipiente y poliédrica al comienzo de su camino en Perito en lunas (1933), su primer libro, que publicó con apenas veintidós años. En el mismo se recogen 42 octavas reales escritas siguiendo la forma y el estilo de Luis de Góngora en la Fábula de Polifemo y Galatea, proeza que entronca con la Generación del 27. 

En efecto, durante su primer viaje a Madrid había entrado en contacto con algunos de los autores del famoso grupo y, en cierto modo, Perito en lunas es su propuesta experimental que entronca con el homenaje a la figura del poeta cordobés. Eso significa que los poemas son difíciles a pesar de su brevedad, alejados de la claridad paradigmática con la que se le suele asociar y, como era de esperar, no fueron del todo comprendidos por el público. 

Sin embargo creo que son necesarios para desterrar el famoso mito del poeta pastor iletrado que a menudo ha ido arrastrando nuestro autor. Las octavas de Perito en lunas demuestran una intensa búsqueda por transformar los sujetos cotidianos y las circunstancias del camino en verdaderos objetos poéticos de alto valor artístico. Exigen el esfuerzo del lector, claro, y quien me conozca ya sabe lo que opino de ello. 

De entre todas las octavas se me antoja dejar aquí la número XX, que trata, cómo no, del asunto de la escritura partiendo de una imagen metaliteraria que también a mí me obsesiona: el surco.

SURCO

Párrafos de la más hiriente punta, 
si la menos esbelta, como voces 
de emoción, ya se rizan, de la yunta: 
verdes sierpes, ya trémulas de roces 
y rocíos. La mano que las junta, 
afila las tajadas, sí, las hoces, 
con el deseo ya, la luz en torno; 
y enarca bríos, era, masas, horno.

HERNÁNDEZ, M., Perito en lunas (1933)

viernes, 18 de septiembre de 2020

PAPARRUCHAS SOBRE LA POESÍA CONTEMPORÁNEA




Una red social me recuerda esta letanía arrojada sobre la situación de poesía de hace cuatro años. Parece ser que salvo algún nombre y a pesar de todo nada ha cambiado 😜. En cualquier caso, toca archivarla en este sitio.

PAPARRUCHAS SOBRE LA POESÍA CONTEMPORÁNEA I: 

Normalmente paso de todo, pero a veces hay tanto ruido alrededor que mis neuronas no lo soportan más, se hinchan, desenfundan y disparan una orden expeditiva a mi lengua para que suelte de vez en cuando un escupitajo viperino, envenenado y reparador. Como el aguijón de un alacrán que vuelve a su paz después del rápido ataque, lanzaré mi andanada en forma de lista de paparruchas sobre el panorama poético contemporáneo para sumirme en el silencio durante un tiempo indeterminado, hasta el próximo rebote. 

1. En efecto, poesía no es tabular cada palabra de una frase en una línea diferente. 
2. Tampoco es prosa poética cualquier texto, para todo se necesita un ritmo, un tempo si se quiere, la libertad no existe a cualquier precio. 
3. Quien quiera que rime, pero no toda rima es poesía y no todo ripio vale. 
4. No por tener 14 años eres un/a gran poeta. 
5. No por tener 60, 50, 40, 30, 25 años, eres un/a gran poeta pero tampoco por tener 60, 50, 40, 30, 25 años estás acabado/a. Alargad las fechas y las edades hasta el infinito si queréis. 
6. Una conversación de red social no es poesía. Un tweet no es poesía. 
7. Un prospecto médico no es poesía. 
8. Un eructo estético no es poesía. 
9. El exceso de sensibilidad no es poesía. 
10. Tampoco el defecto de la misma. 
11. Una performance puede ayudar a la poesía ante el público, pero esta debería poder defenderse en privado, cara a cara, palabra a palabra, frente al lector. 
12. Lo que hace una máquina no es poesía. 
13. Podéis plagiar lo que queráis en privado, para ir aprendiendo de los grandes, pero no lo hagáis en público, por favor, antes se pilla a un cojo que a un roba-versos. 
14. Que tengas muchos amigos y/o seguidores no significa que seas un/a gran poeta. Que tengas pocos no te hace un/a gran poeta maldito/a. 
15. Las citas de prestigio no mejoran una poesía si es mala. 
16. No toda creación es poesía. Puedes llamarla juego, experimentación, búsqueda creativa, escritura no creativa, creación no reescrita, antipoesía, prepoesía, prepotencia, pero no necesariamente es poesía, créeme. 
17. Y, desde luego, en esto de la poesía, tonto el que no lea. 

Se acabó la retahíla. En fin, que podéis hacer con esta lista de paparruchas lo que os salga de los interiores. Al fin y al cabo, poesía sois vosotr@s. Libres, en efecto, así os quiero, querid@s poetas.

miércoles, 22 de julio de 2020

EL DOLOR



Me duelen todos los muertos.
Me duelen los vivos que deambulan con su pantalla entre los muertos.
Me duelen sus clics.
Me duelen sus apps.
Me duelen sus movs.
Me duelen sus pics.

Me
duelen
los ojos
las bocas
las lágrimas
las conciencias
las incontinencias
las voces expertas
las verdades a medias.

Los muertos.

Me duelen los muertos.
Me duelen todos.
Los muertos.
De aquí.
De allí.

Los vivos.
Los muertos.

martes, 21 de enero de 2020

EL MAÑANA EFÍMERO, DE ANTONIO MACHADO


Finales de 2013. Siempre certero y comprometido con su tiempo, Antonio Machado ofrece en este poema su visión crítica sobre los problemas del país. Unos cuantos versos de reproche. Y un atisbo final de esperanza, a pesar de todo. Por suerte o desgracia, parece que sus reflexiones sigue estando, más de un siglo después, de máxima actualidad...

XL

EL MAÑANA EFÍMERO

A Roberto Castrovido

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.

En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.

Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.

El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

MACHADO, A., Campos de Castilla (1907-1917)

lunes, 16 de septiembre de 2019

LLUVIA



Hazme pálido regazo donde espera el mundo,
tenue servidumbre restañada nunca a tiempo,
para morderte certero verbo solo hazme,
voz que fosforesce incolora de albor, lágrima leve.

Olvidado por los hombres goza el ciego amante,
tacto sin cesura satisface los sentidos,
su oleaje duradero al mar que confunde sombras,
hilo de sal en un labio que mi piel descabala.

Blando líquido perfecto luego se desliza,
augur que la noche subyugase al abrazo
ante la nada, enreda el pétreo abismo
que sin nombre yace en la palma de la mano.

Hazme pálido regazo, verbo solo hazme.

MORALES, L.

viernes, 2 de febrero de 2018

EL HAMBRE ESTÁ EN EL PAN DE CADA DÍA


El hambre sabe al pan de cada día,
la mano que gobierna está cautiva,
el sueño se diluye en la alegría,
la luz nace en el ojo del que mira,
la voz baila en el labio de la huida,
la luna reflejada en la caricia,
la rosa se marchita en la mejilla,
el surco que has llenado con tu tinta,
el cielo que atardece las mentiras,
la vida está muriéndose de risa,
la sombra se desliza en la sombrilla,
la duda está en la noche concedida,
la carga que soporta quien camina,
la tierra que se rompe en la caída,
la llama que me abraza posesiva,
el viento que no fluye ni se hincha,
el mar que me atraviesa,
el mar que me atraviesa,
el mar que me atraviesa la escotilla,
el tiempo que en su vuelo me aniquila,
el niño que olvidó la pesadilla,
la esfera que dibuja tu sonrisa,
la madre que no pudo con la herida,
la sangre que destruye la cuchilla,
la ola va arrastrando las cenizas,
la arruga de la piel desguarnecida,
el cuerpo que responde a la injusticia,
el hambre, el hambre, el hambre,
el hambre está en el pan,
el hambre está en el pan de cada día.

Morales, L.

viernes, 17 de noviembre de 2017

BALADA DE LAS COSAS SIN IMPORTANCIA, DE FRANÇOIS VILLON

François Villon, poeta aventurero y mordaz, describió como pocos las debilidades y contradicciones del ser humano de su tiempo (siglo XV), y el francés lo hizo con esa retranca tan de superviviente, dándole la vuelta al los tópicos medievales, riéndose de todo y de todos, incluso de sí mismo.

Esta Balada de las cosas sin importancia (Ballade des menus propos) es, sin duda, una buena muestra de ello. Aquí la tenéis, en el original francés y traducida al castellano, ilustrada por Los Provervios Flamencos (1559), obra que otro genio, Pieter Brueghel el Viejo, dejaría plasmada más o menos un siglo después.

BALLADE DES MENUS PROPOS

Je connois bien mouches en lait,
Je connois à la robe l'homme,
Je connois le beau temps du laid,
Je connois au pommier la pomme,
Je connois l'arbre à voir la gomme,
Je connois quand tout est de mêmes,
Je connois qui besogne ou chomme,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.

Je connois pourpoint au collet,
Je connois le moine à la gonne,
Je connois le maître au valet,
Je connois au voile la nonne,
Je connois quand pipeur jargonne,
Je connois fous nourris de crèmes,
Je connois le vin à la tonne,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.

Je connois cheval et mulet,
Je connois leur charge et leur somme,
Je connois Biatris et Belet,
Je connois jet qui nombre et somme,
Je connois vision et somme,
Je connois la faute des Boemes,
Je connois le pouvoir de Rome,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.

Prince, je connois tout en somme,
Je connois coulourés et blêmes,
Je connois mort qui tout consomme,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.


VILLON, F.


BALADA DE LAS COSAS SIN IMPORTANCIA

Conozco bien a las moscas en la leche,
conozco por el vestido al hombre,
conozco el buen tiempo y el malo,
conozco la manzana en el manzano,
conozco por su resina al árbol,
conozco cuándo todo es lo mismo,
conozco quién trabaja o quién descansa,
lo conozco todo, excepto a mí mismo.

Conozco el jubón por el cuello,
conozco al monje por el hábito,
conozco al señor por el vasallo,
conozco por el velo a la monja,
conozco cuándo un pícaro habla en su jerga,
conozco atiborrado de nata al loco,
conozco por el tonel el vino;
lo conozco todo, excepto a mí mismo.

Conozco al caballo y a la mula,
conozco su carga y su fardo;
conozco a la Beatriz y a la Isabela;
conozco la ficha que se cuenta y suma;
conozco la visión y el sueño;
conozco el pecado de los bohemios;
conozco el poder de Roma;
lo conozco todo, excepto a mí mismo.

Príncipe, en suma, lo conozco todo;
conozco a los que tienen buen color y a los pálidos;
conozco a la Muerte que todo lo consume,
lo conozco todo, excepto a mí mismo.

VILLON, F.


lunes, 2 de octubre de 2017

AMPLÍSIMA



Leve totalidad, frágil.
Tañer el universo amante
donde desconocidos dedos
una vez de libertad las horas
colmaron imaginarios y la sed
—esa sed— hacía silvestre el brotar, la palabra.

Es extraño o íntimo o ínfimo
el amargor, deja vértices de memoria
donde mares clamaban de mi boca
sed agonizante.

Antes.

Soledad amplísima
de tantas-otras-nuestras-vidas,
pudieras desmentirme
y jamás manos bastarían,
demasiado es el mundo
que apenas alcanzo,
demasiados cuerpos derritiendo el Nombre,
demasiadas mentiras consentidas,
algo que resta del insano aliento,
relojes, cavidades, fe.

La lengua, la tierra, la madre que no es.
La ruina, la sal, la sangre...
la luz que se resiste.

Cómo sabes que te espero siempre,
fuego líquido en la claridad perpleja,
y si espero cuánto ríes,
a quién miras, sonriendo.

MORALES, L.

Imagen: Garden of Selves 
(En The Architect's Brother, de Robert & Shana ParkeHarrison)

viernes, 7 de julio de 2017

FEACIA, MI CAMINO ES UN RETORNO

Kirk Douglas y Silvana Mangano en Ulises (1954) de Mario Camerini

Retorno.

Sol poniente en la ciudad trunca.
Sombras nebulosas, esquinas larvadas,
aves escindidas desembarcan
sobre la tarde revuelta.

Bergamota, ardid que embauca,
labios, oleaje, piel desnuda,
centro del calor.

Hay un rasgo humeante en la horizontalidad,
un rumor de olvido más fuerte que el sueño.

Despierto, hospedo manos precisas,
acompaso la quimera con la canción del vientre,
ojos traigo, revolución de letargos sin pétalo,
rastros que despacio te desmiento
con la digna ingratitud de los idiotas.

Feacia, cuéntame tu historia.
Retorno al mar del color del vino.
En la ciudad trunca se desagua
el manso abismo del ocaso.

MORALES, L., El vértice inconstante

martes, 20 de junio de 2017

EL AULLIDO DE ALLEN GINSBERG



Beat your lips. Beat that ears. Beat on deep. Mind your beats.

"Six poets at the Six Gallery". Una noche cualquiera de 1955, que luego será conocida como la del "Renacimiento poético" de San Francisco. Ginsberg lee un texto sobre el cual está trabajando hace tiempo y que no tiene intención de publicar: Howl (Aullido). Canta sus versos, los gime, y en la parte final de su lectura camina al borde del llanto, golpeando. Esta performance causa una emotiva reacción en el público. Beat. Estallan la locura y el escándalo. Ginsberg comprende entonces que exponiendo su personalidad sobre el escenario puede conmover al público. Get my beat. Beat your mist. La idea de crear una nueva audiencia para la poesía ya no le parece tan descabellada.

Howl tiene uno de los comienzos más impactantes de la historia de la literatura universal (lo digo en serio, lo pongo al lado de Homero, de Cervantes):

"He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.

Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.

Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.

Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.

Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes..."

GINSBERG, A, Aullido (Howl, 1955)

El texto continúa, por supuesto. Aquí.
Aquella noche suena irreemplazable.

Aunque el primera grabación de Aullido es esta, de apenas unos meses después. El artista Eric Drooker ha construido sobre la misma una magnífica versión gráfica.

Poetas, aullad. Aullar sigue siendo imprescindible.




viernes, 12 de mayo de 2017

MAROSCURO



En los ojos era un maroscuro
de aguas tristes
e insospechadas calmas.


—¡maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!
El fantasma de la tarde,
cuando cae,
extiende el aire que fecunda
todas las entrañas,
toma lo que brota con sus infinitas lenguas,
y amenaza siempre,
un vendaval furioso
para ti depara,
quiere ensordecer tus voces,
arrastrarlas donde nadie,
nadie más las pueda oír.
¡Rápido, maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!—


maroscuro en los ojos náufrago de la muerte,
último hijo del amor-que-ya-no-era.


MORALES, L., El vértice inconstante

miércoles, 8 de marzo de 2017

MITOLÓGICA DE ALMENDROS



En honor a las hijas de la memoria
te respiro mitológica de almendros,
paseando las orillas
de su mar primavera.

Manuscritos
desplegados
sobre arena,
nácar púrpura verbena
los senderos que se vierten
bueyes detenidos no regresan,
apostados en altares
a tu aire esteatopígico.

Y celebras junto a ellos
libación por tus edades
mientras surcos recolectas
sin virtud, pues sospechas
que muy pronto zarpará
tu pedazo de página,
y que yo te pondré
más morena la perplejidad.

MORALES, L.
Surco en lo blanco

viernes, 20 de enero de 2017

EL ARCA INTERRUMPIDA


Recuerdo este poema en el día en el que cambia parte del mundo (el resto ya ha cambiado hace tiempo). ¿Qué nos deparará el futuro que ya es presente? La verdad es que no lo sé. Eso sí... desconfiemos de los héroes.

EL ARCA INTERRUMPIDA

Un héroe otea.
Hoy has visto: muchas son las horas desatendidas.
El sol somete el trayecto a las olas de la semilla,
el ojo se convierte en lágrima austera,
el ojo, con esa forma de rostro acuchillado.
Lo sientes: algo te ciñe la frente.
La oscilante voz en el límite de las plazas,
el hormigueo en el bazo,
la continua presión en la nuca,
la celeridad de la trampa,
el flujo esparcido en la corriente,
arrastran, por entre los cuerpos extraños
y la dura incógnita,
a los hombres cercados por la rabia del hambre
y del golpeo.

Ahí van los que conquistan nuestro mundo,
segando los acertijos plantados en el tiempo,
buscando algún abismo del que sacarnos;
La razón y el deber están con ellos;
Abrirán con parsimonia las puertas del arca,
nos han prometido un diluvio un sacrificio
una salvación.
Desilusiones bajo la quilla,
en las atroces noches que nos queden.

Por la memoria que tiembla en la estructura
–un océano de olores dilucida el miedo,
las lenguas jóvenes trepidan ajenjo en las esquinas-,
por las sombras compartidas en este horizonte trunco,
se atisba, revolviéndose como un loco
en la inmovilidad forzosa de la camisa,
arqueado, retorcido sin fin, un hervidero.
Una multitud aliada del dolor, frente a los paladines y los líderes,
mientras en lo alto siluetas de luz y mensajes se suceden,
señales, arquetipos de una imagen auditiva.
No lo sabéis: algo nos ciñe la frente.

Ángeles suicidas bloquean la entrada porque no,
aquí no hay sitio para un arca que flota por encima de este sueño.
El misterio y el miedo y la inquietud insolentes,
el aire puro que trae el humo de presentes quiméricos,
fresca libertad todavía, fresca lucha de palabras
que sujetan su volumen a este ritmo de viento.

Un héroe otea encerrado en su arca.
Algo rezonga. Y cobarde escapa.

LUIS MORALES
Publicado en la antología En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis (2014), de Bartleby Editores.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

MEDIUM (RELOAD)



¿Hay alguna razón para que todo lo que ha sido dado indultar en esta vida permanezca deliberadamente quebrantado, para que no lleguen a extinguirse jamás los signos idólatras de nuestra impotencia? Vendrá un día en que la muerte nos sepulte bajo columnas de espanto ante las constantes muestras de equilibrio.

¡Tormenta! ¡Semilla! ¡Belleza Vacía! ¡Supremo Amor Desconcertante! La extraña lentitud de dioses ebrios, siempre ausentes; palabra, voz; la furia que resuena aquí: ¡qué amarga y venerable cobardía!

La doble profusión de abscesos místicos y el entusiasta sacrificio colectivo son glorificados con vehemencia por los justos para el restablecimiento inaplazable del primer motor inmóvil.

¡Oh gran pope! ¡Odre intercesor tambaleante! ¡Condúcenos por esta solitaria vía de costumbres!

Otro arcángel nos impide exorcizar lo que olvidamos amarrado a los instantes, conspira en los letreros, escudriña las arterias ateridas, trasiega como un golpe de viento en los cenáculos inmundos tras dejarnos fascinados.

Buscar algún sentido, desde avenidas enfermas; bajo agujas vigentes, por el bálsamo de las transgresiones y el sexo abismales; en las horas venideras, en su repetición prodigiosa.

Luis Morales, Realidad,  LVR[ediciones

miércoles, 7 de septiembre de 2016

EN EL AIRE


Porque vengo con el juego
de volar sin ser de nadie,
porque vengo.
Y aunque tenga tantas cosas
que decir ni yo me nombro.
Vistas de silencio,
estertores dentro de rompientes,
gritos incoloros
y deseos flotantes
murmurándome.
Qué es la libertad
sino los pies en el aire,
vueltos a la lengua
inaudible,
los mismos pasos libres,
qué es la libertad, decidme:
¿es un sueño o una imagen?,
¿una ausencia horizonte o una voz?

miércoles, 29 de junio de 2016

MUJER CON ALCUZA, DE DÁMASO ALONSO



MUJER CON ALCUZA

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro, por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos
/del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan
/extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso
/que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran
/el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran
/innumerables margaritas, blancas cual su alegría
/infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo
/de amar a Dios y esa voluntad de minutos
/en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
sólo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio
/cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas
/bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados
/a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que
/en los túneles les pellizcan las nalgas,
... aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con un ansia turbia, de bajar ella también,
/de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos
/inacabables.

... No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iba cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos
/a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla
/un instante en las sombras,
algún chillido como un limón agrio que pone
/amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Sólo la velocidad,
sólo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
sólo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola, y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

... Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como
/el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con
/delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o
/un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo
/de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada
/fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan
/los pájaros?

ALONSO, D., Hijos de la Ira, 1944



martes, 7 de junio de 2016

BUEYES


Hilo de voz comediante sin virtud otra forma de decirte impuro trazo la lengua de barro partida en dos en uno en tres son siempre infinitos los pedazos reconstruyéndose en el relato, un retrato enzarzado en el ser en la letra la batalla la tierra el destino el intolerable amor.

No hay quien les muerda la boca que engendran de nuevo fronteras de surco en lo blanco, no hay quien les muerda silencio la boca.

Pablo Diácono se estira recalcitrante, marea la perdiz al tomar aire, retoma su lección, escribe al margen y carraspea entonces, mientras aguija a sus discípulos con un verso río de negra metáfora:

se pareba boves alba pratalia araba & alba versorio teneba & negro semen seminaba


MORALES, LUIS, Surco en lo blanco


lunes, 28 de marzo de 2016

RESISTENCIA (RELOADED)


El letárgico ocaso y la lluvia se entrometen en el tedio atroz y ansiado, un giro audaz para el retrato escueto: sólo somos ojos frente a los muros que le crecen al mundo, y ahora más que nunca sus frisos se desmoronan como ríos cerúleos mientras las lenguas desbordan los puentes y las moscas se enjambran en los palacios al son de un trueno. Hay anáforas bajo la colina hecha de escombros, vida en los cascotes de Testaccio, más allá de las adustas fronteras de varios Líbanos, comedia en las escorias benaríes o encima de los promontorios encebollados y los paraguas esqueléticos que asombran la orfandad de Jartum. ¡Oh dédalos de Belfast, oh picaportes de Westfalia! Temblor de saris que flamean incautos más allá de nuestras sendas, al llegar la noche, apenas vislumbrados por los brujos que alardean entorno a las chalupas; viejos alfabéticos que cuentan sus historias deslustradas en plazas que no dejan de crecer, y Xemaa’s, y palenques acostumbrados al tibio desenfreno hespérico de los soportales; grandes conquistas de otros mares y luciérnagas de una ciudad dividida; devociones de orín, blancas líneas consistentes y cánticos espora, de agujas glaciales; lodo en los cagaderos opacos que ocultan sus trampas bajo el plástico; pura y decisiva mezcla; trapecistas pendientes de los semáforos, tiroleses uniformados, pícaros que acometen hurtos imposibles en nombre de Hegel, jardines colgantes que alguna vez demoramos, completamente borrachos, en las trenzas babilonias; y las Áfricas innombrables de los lores y los descomunales falos del Pudong o de Manhattan, y sus serpientes metálicas y bulliciosas, sus bibliotecas vehementes y adinteladas, sus alambiques nonatos, sus desfiles civilizados, la histérica disposición de sus mujeres, de ojos grandes y voces cósmicas que percuten en la espalda (extraídas de la misma tradición descrita en los dudosos catálogos de Fournier, mucho menos seductoras que una gota de agua sobre la piel templada), o la cortedad de sus hombres-rana, de sus ángeles negros, forzados durante siglos a respirar por la boca; pudines y lentejas, mantequillas, escarolas; deliciosos néctares y alfajores, panecillos orquestales; burbujas de otredad, idolatrías que nos llevan a la mesa absoluta. Cuando hiere el fin del día hay cuerpos reventados que se olvidan. El letárgico ocaso y la lluvia rebosan sobre el tedio atroz y ansiado que prometen los cátodos, su salmodia. El sofá está dormido. Sólo el sueño se resiste.

"Resistencia" aparece publicado en Realidad (LVR[ediciones, 2013)

lunes, 15 de febrero de 2016

EL AGUA Y MANUEL ALTOLAGUIRRE

Tal vez el poeta menos conocido de la famosa generación del 27, el malagueño Manuel Altolaguirre, el editor en la sombra, tiene, sin embargo, una frescura y una modernidad en algunos de sus versos que lo ponen, desde mi incoherente punto de vista, a la cabeza del grupo. La obra que más me ha impactado es, desde luego, su Poema del agua (1927), un juego de imágenes, un intenso viaje de 208 versos desde el nacimiento hasta la muerte, del manantial al mar, que publicó en el homenaje a Góngora de la revista "Litoral".

Os dejo aquí el fragmento IX, la noche en la desembocadura...

POEMA DEL AGUA

IX

Negros perfiles. ¿Sobre qué cinturas
esos esbeltos brillos envainados?
Peces dormidos bajo las espadas.
El agua oculta por extraños grises.
Deshilando de luna con sus velas
aires dorados, lisos, desprendidos,
impiden soledad barcas nocturnas.
... Y las desnudas nubes, agrupadas,
pisando arenas las que no tendidas,
al panorama entregan blancos bosques
si quedan bajas, en lugar remoto;
no las que solas, decorando el cielo,
sobre ciudades abrirán sus manos,
estas, en fuga, ya ocultando estrellas
o de anchos toldos para el sol sirviendo,
pronto se pierden tras los horizontes.
Música donde bailes marineros.
En florero de mar mojan sus tallos
inmóviles amantes confundidos.
Quietud del agua herida por reflejos.

Altolaguirre, M., Poema del agua (1927)

martes, 5 de enero de 2016

SIN TEXTO (ESE HUIDIZO ESPACIO)


Pero todo se desploma sobre mí,
como si la realidad fuera otra cosa,
un gesto oportunamente opuesto,
no un texto sino su intrusa piel de acelga,
no un sueño sino la ilógica urdimbre de sus desencuentros,
en absoluta coincidencia;
esto no es un sinsentido,
es una tela de sentidos forjados al unísono,
fuera de la anacrónica línea de tiempos.
¡Sí! En qué forma se desbroza el linde,
cómo brota algo con vida encontrado en cada enlace,
cada desordenado cruce,
sobre la plana superficie del tablero.
El mayor placer en los que juegan: siempre encontrarse,
no importa dónde.
No hay sonido que atraviese,
ni flor pestífera,
no hay brillo huidizo manando experiencias,
no amargo pálpito de lenguas,
las palabras conceden el juego,
posibilitan el marfil del unicornio,
el ébano histrión del fauno.
Todo está.
Cayendo sobre mí,
como si la realidad fuera otra cosa,
la nada en que los objetos y los hechos
se coordinan con los objetos y los hechos,
remotos, desconocidos,
creando el adorno,
la histeria,
el accidente
y la posibilidad.