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domingo, 19 de diciembre de 2010

LA NOCHE SE MUEVE (II: MINOTAURO)


… El espacio entre nosotros se yergue como una pesadilla agazapada en la memoria. Lo que se mueve es una remembranza única. Algo que golpea en la penumbra, el furioso estertor, el miedo renovado y fértil, el mismo miedo de aquel instante esporádico, cuando avanzaba a tientas a través del espeso silencio, rasgado apenas por un gemido extraño. Es el anticipo del dolor, la imagen que amenaza. Impalpables monstruos de delirio que invadían, incluso, en el primer recuerdo. Jardín en el pasado remoto, gesto inteligible, genética de los básicos deseos y nada más donde la apremiante necesidad hallaba la confusión en un ritmo dual semejante a la noche, un ritornello acelerado en el compás creciente, la demora, el descenso de un amor que quisiera apagarse para recuperar de nuevo el tacto, luchando como nunca por permanecer. A ti aferrado con propósito de rescate planeo sobre el tiempo y elijo sobrevivir, empujo con los pies y la cabeza emerge, venzo al Minotauro y huyo infame de este seco laberinto al que me une todavía un hilo vital, me abandono a sinuosos movimientos de serpiente, avanzo sin fervor hacia la luz y en el pálpito asimétrico del latido siento el peso desasosegador de la existencia.


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