Fotografía de Christian Poveda.
Una vez más ha sucedido. De nuevo el afán de llegar lejos acaba con la vida de los más intrépidos. Ya he perdido la cuenta de los periodistas y/o fotógrafos que han caído, cada uno con su circunstancia, por dar ese paso de más y denunciar, con la palabra o la imagen, alguna de las atrocidades a las que nos tiene acostumbrado el ser humano. Esta ocasión el turno era para el fotógrafo franco-hispano Christian Poveda, asesinado por desconocidos en el cantón El Rosario, del municipio de Tonacatepeque, República de El Salvador.
Christian Poveda (Imagen de EFE)
Sí. El mismo que se había introducido en el oscuro mundo de las maras para obtener imágenes y testimonios impactantes. Poveda convivió durante 16 meses con miembros de la M18, obteniendo un valioso material gráfico y fílmico que constituye la base del documental La Vida Loca (2008). Ahora está muerto. Algunos piensan que se había metido en la boca del lobo, que hay secretos que no deberían ser desvelados. Es posible, pero nada justifica el asesinato. Es una pena que sea ésta la imagen que nos llega habitualmente de un país tan fascinante como El Salvador: un campo de batalla en el que impera el gallo más fuerte, una espiral de odio, una piel tatuada, una trampa para osos. Eso son las maras, y eso es lo que quiso mostrarnos con su cámara Christian Poveda.
Christian Poveda Fotografía Cine Documental La Vida Loca El Salvador Maras
viernes, 4 de septiembre de 2009
CHRISTIAN POVEDA (OTRO REQUIEM)
jueves, 3 de septiembre de 2009
EL ECLIPSE
Minotauro acariciando con el hocico la mano de una mujer dormida, de Pablo Ruíz Picasso. (En el Museo Picasso de Málaga)
Ha oscurecido, las sombras escapan del triste agujero luminoso.
La pérfida figura que nace también a esa otredad.
Ella y el divino animal vuelven desde el prematuro apagamiento,
vencen a la muerte como dinosaurios de voz fósil,
como Lázaros rescatados de la tumba,
guiados por espíritus ciegos.
Córnea, ella.
Se enzarzan para hender graves el pensamiento en esa nada,
en ese hastío previo a la nada.
Vuelven, vuelven en sí, vuelven a mi el vestido en las sábanas y el pelo
y ese tesoro que es casi el sueño de Proust, en la mirada,
vuelve ella escondida en las medias, vuelven sus pechos serenos
y el caminar torcido de los desencantados
y las ganas de atizar a tanto crítico mediocre que aspiró un día a saber de algo,
que no sabe qué se cuece en la noche del Minotauro
ni en el labio que ella deja entrever o extravía para siempre.
¡Guardianes, rápido, aquí no hay nada que conservar!
Ella, cósmica,
ellos lo saben.
Por eso vuelven al furor y al cuenco de uvas salvajes,
a las playas heladas del norte, a las ciudades que agonizan.
Qué ilustre hagiografía esperanzada para las leyendas que comienzan.
En el salto, el ojo vergel, el manantial, la sangre,
el tablero de ajedrez
para la partida más larga,
Ella,
el Minotauro de ojo paralizado,
la baba diabólica,
el invisible
juego de tenis.
Ella, París, dulce amante sin brazos,
dulce animal colgado
en los carteles,
sesenta y ocho mayos,
varios cortázares y la edad oscura de Sartre.
Nada de esto es narrativa.
Nada de esto es poesía.
Sólo espera, espera;
y no pierdas ni un momento la ilusión
de que se produzca un revelador acorde,
un último acto que a todo le encuentre explicación.
El eclipse en un mundo impaciente.
Esto es vida.
Esto es muerte.
Esto eres.
Luis Morales El Eclipse Poesía The Last Poems
miércoles, 2 de septiembre de 2009
CANCIONES DE INOCENCIA Y DE EXPERIENCIA DE WILLIAM BLAKE


THE HUMAN ABSTRACT
Pity would be no more
If we did not make somebody poor
And Mercy no more could be
If all were as happy as we.
And mutual fear brings Peace
Till the selfish loves increase
Then Cruelty knits a snare
And spreads his baits with care.
He sits down with holy fears,
And waters the ground with tears;
Then Humility takes its root
Underneath his foot.
Soon spreads the dismal shade
Of Mystery over his head,
And the caterpillar and fly
Feed on the Mystery.
And it bears the fruit of Deceit,
Ruddy and sweet to eat,
And the raven his nest has made
In its thickest shade.
The Gods of the earth and sea
Sought through nature to find this tree,
But their search was all in vain:
There grows one in the human Brain.
LA ESENCIA HUMANA
No existiría la Piedad
si no hiciéramos pobre a alguien;
y no haría falta la Misericordia
si todos fuesen tan dichosos como nosotros.
Y el miedo recíproco trae paz,
hasta que el amor egoísta se incrementa:
entonces la Crueldad arma su trampa
y esparce sus cebos con cautela.
Se instala con santos temores,
y riega con lágrimas la tierra;
entonces debajo de sus pies
echa raíces la Humildad.
Rápido extiende sobre su cabeza
sombras lúgubres de Misterio;
y la Oruga y la Mosca
se nutren de tal Misterio.
Luego crece el fruto del Engaño,
rubicundo y dulce al paladar;
y el Cuervo su nido instala
en el ramaje más tupido.
Los Dioses de la tierra y el mar
escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
pero la búsqueda fue toda en vano:
crece uno en cada Cerebro Humano.
BLAKE, William, Canciones de Inocencia y de Experiencia, Madrid, Cátedra, 2009.
Para conocer más de la obra de William Blake sólo hay que pinchar aquí.
Poesía William Blake Canciones de Inocencia y de Experiencia Grabado
martes, 1 de septiembre de 2009
OPERACIÓN SALCHICHÓN (ESPAÑOLADAS POR EL MUNDO)
Salami-pirate, una imagen de Cabinet de fumisterie appliquée descubierta en Caught 8handed.
Sólo cuando estuvo sentada en el estómago del ferry que la devolvía al sur descorrió con parsimonia la cremallera y sin mirar metió la mano en la bolsa abierta. Con la yema de los dedos tanteó cuidadosamente el interior. Papel de periódico, una especie de mapa, un envoltorio grueso y una llave, poco peso, ya lo había notado, todavía era pronto, no era su hora, seguro, seguro que no lo era. Pero algo es algo. Sacó la mano de la bolsa y volvió a cerrarla mientras oteaba desde la ventanilla aquel paisaje cambiante de azul adormecido y sucio. Ruido de entrañas, temblor acompasado, espumarajos rítmicos, altas aguas móviles, más rápidas que las nubes peinadas por el viento. Deja atrás el perfil de los molinos, huésped que se introduce en lo gris, ballena de hondura. Un dédalo desolado de arquerías e intersecciones, de cables y antenas recibiéndote a la entrada, huellas más etéreas que nítidas. Deja atrás el perfil de los molinos, ballena de hondura, aplaca la velocidad de tu paso con firmeza de cascarón hasta detener el confuso aliento, permite que descienda ella de tu vientre bajo la luz de la gran puerta, deja que camine con la bolsa que ahora oculta, perdámosla entre la gente que a tantos puntos se dirige, envuelta en su gabardina verde, ceñida a los laberintos de su propia mente, descansa, ballena de hondura, y olvídate de esa mujer.
Luis Morales Mar de cenizas Operación Salchichón
lunes, 31 de agosto de 2009
LA MÁQUINA DE HACER POEMAS

El arte combinatoria de Raymond Queneau dejó, ya en 1961, una meritorio invento para amantes del hipertexto, cirujanos de las cajas fuertes y poetas diacrónicos, Cent mille milliards de poèmes, quizá el libro más extenso de la historia a pesar de sus paradójicas y escasas diez páginas.
Como el propio Queneau explicara, se trata de "una especie de máquina para producir poemas" en un número limitado pero tan exhorbitante que necesitaríamos casi doscientos millones de años leyendo (veinticuatro sobre veinticuatro horas al día) para llegar al final de la obra.
Queneau ofreció a sus lectores una herramienta revolucionaria que permitía combinar versos para componer sonetos. El libro puede leerse de modo convencional, como un conjunto de diez páginas, pero además cada una de las mismas está dividida en catorce franjas horizontales, una por verso. Los versos mantienen todos la misma rima y su disposición en tiras posibilita su combinación con los de los otros sonetos. Así, el número total de combinaciones posibles que contiene el libro es de 10 elevado a 14, es decir, cien billones de poemas distintos. Todavía no se tienen datos estadísticos sobre la lectura completa. Una multitud de lectores voluntarios lo ha dejado todo hace tiempo para dedicarse a este imprescindible acto de comprobación. Si alguno está dispuesto a unirse al club en pro de la causa sólo tiene que acceder a su versión electrónica, Cent mille milliards de poèmes, que, eso sí, está en francés. Bon voyage!
Raymond Queneau Cent mille milliards de poèmes Poesía Hipertexto Combinatoria
domingo, 30 de agosto de 2009
ARCÓN DE TITUBEOS
a cruzarse en mi camino como un garfio atroz en la madrugada,
te codicio el blanco lugar que estremeces cuando estoy dormido,
mientras los delirios del sueño me golpean
y siento la repugnante trepidación de algún tentáculo fugitivo en el bestiario,
te codicio el pertinaz arcón de titubeos,
desde el acabamiento que habito te deseo,
porque basta rehacer el incauto mecanismo de tu voz,
voltear los olvidos hasta el margen de tu nombre
para que a mí me desanuden las palabras
y pueda retorcerle los brazos a este estúpido molusco.
viernes, 28 de agosto de 2009
DESDE LO OSCURO - EPÍLOGO
Nadie sabe exactamente lo que sucedió en el estudio de Henry Troyiat-Mecir aquella noche. Los vecinos declararon a la policía que yo debí quedarme dormido cuando comenzó el fuego, y que mi salto a la desesperada se produjo en mi afán por huir de las llamas. Decían no entender cómo pudo atascarse de ese modo aquella puerta. Sé que mintieron, que escucharon mucho más de lo que dicen, pero no entiendo la razón que les movió a actuar así.
Por lo demás, nunca supieron que Henry Troyiat-Mecir había estado allí. Cuando recuperé el control de mi cuerpo tras pasar varios meses en coma pude enterarme a través de la señora Dickson de que nada se había sabido del inquilino del estudio. Elegí callar antes de ser tomado por loco.
La vida continúa. Jenkins y Neville abandonaron definitivamente Londres cuando comprobaron que mi recuperación era segura. Rowland y Fowler decidieron viajar por Europa en busca de la inspiración. En lo que se refiere al bueno de Cunningham, permanecerá impasible ante cualquier terremoto siempre que las tabernas se mantengan abiertas.
En cuanto a mí… me he convertido en un hombre taciturno, solitario, que apenas sale a la calle. He cambiado, soy distinto. Algunos comentan a escondidas que aquel accidente me trastornó, creen que me he vuelto un tanto extravagante. Tal vez tengan razón, tal vez la tengan, porque desde hace años paso las noches junto al fuego, haga frío o calor, sea invierno o verano. Temo a la noche, y las únicas cosas de esta mi miserable existencia que aún me confortan son el fuego y el brandy, que siempre mantengo vivos.
Todavía, en las noches más cerradas y lluviosas, me estremezco bajo las sábanas que el fuego del hogar ilumina cuando escucho el crujir de una puerta bamboleada por el viento, todavía…
…porque nadie encontró resto alguno de aquella figura contorsionada que devoraban las llamas, porque nadie puede asegurarme que Henry Troyiat-Mecir haya muerto, porque nadie, nadie puede saber si unos ojos sin rostro pueden observarle desde lo oscuro.
jueves, 27 de agosto de 2009
DESDE LO OSCURO - CAPÍTULO VII (EL HORROR)
-John, mi querido John –sus ojos brillaban extraños-, me temo que formas una parte más de mi trabajo de investigación.
Henry se levantó de improviso del sillón y se dirigió a la puerta, que cerró con llave.
-Qué pretendes, insensato –grité contrariado-, qué demonios estás haciendo.
-Que qué hago –Henry tiró la llave por la ventana-. Jugar contigo, John, jugar al juego más divertido…
Cuando se acercó a la mesa me di cuenta de sus intenciones. En el cajón abierto quedaba una dosis de aquel bebedizo, una redoma idéntica a la que había visto flotar en el aire, llena de aquella azulada y maldita substancia. No tuve tiempo de alcanzarlo. En un rápido movimiento Henry se arrancó el albornoz con que había cubierto su cuerpo y destapó la botella. Bebió su contenido de un solo trago. Pude ver la expresión de su rostro un momento antes de que desapareciera. Era atemorizador. Su carcajada lo llenaba todo.
-¡Ahh!, juega conmigo, John –decía su voz-, házme saber cómo acecha el pánico a los que sienten el hálito de la muerte en sus sienes.
Conmocionado en aquel abismo oscuro, me movía por la estancia torpemente, intentando hallar una salida. Lo invisible comenzó a golpearme con fuerza en el rostro.
-¡Socorro! -gritaba yo con todas mis fuerzas-.¡Sáquenme de aquí!
-¡Ja, ja, ja! -reía Henry-, de nada han de servirte tantos gritos. Nadie podrá abrir esta puerta.
Así era, en efecto. No había llave. La señora Dickson me había entregado la suya cuando subí a aquel lugar inmundo, la misma que Henry había arrojado a la calle. Mis gritos alarmaron a los vecinos. La señora Dickson debió de golpear varias veces a la puerta. Un gran barullo se escuchaba al otro lado del umbral.
-¿Qué sucede? –se oía-, ¿qué está haciendo ahí dentro? ¡Abra la puerta! ¿No está usted solo?
-¡Socorr… Aughh…!
Aquel ser invisible me golpeaba de nuevo. Fuera intentaban derribar la puerta, pero resultó ser más robusta de lo esperado. Comencé a sangrar. Tenía el rostro magullado por aquellos puños de acero.
-¿Sientes ya la muerte? –gritaba Henry fuera de sí.
Yo me desvanecía. Caí al suelo, junto a la chimenea. Ahora noté cómo algo me propinaba terribles patadas en el estómago y la cabeza. Vi los atizadores. Dieron las doce en el reloj de pared. Cogí como pude uno de ellos y empecé a agitarlo ante mí con las pocas fuerzas que aún me restaban. Cortaba el aire, pero no lograba alcanzar a Henry. Sólo una vez sentí que el atizador impactaba con blandura en algo que parecía un brazo al tiempo que la nada profería una sorda queja de dolor. Me sentía como un hombre ciego, y a ciegas seguí golpeando. La puerta era ahora empujada con mayor fuerza. Supe que tenía que resistir hasta que aquella maldita puerta cediera. Pero no cedía.
Se me heló la sangre cuando ví entonces cómo un cuchillo de trinchar, aquel que había usado yo durante la cena, se elevó de la mesa y se abalanzó sobre mí. Eludí como pude el primer ataque del filo mortal. La puerta no cedía. La risa era ensordecedora.
Golpeaba al aire con el atizador y retrocedía. Así una y otra vez. En uno de aquellos movimientos tropecé con el aparador donde se hallaban las bebidas.
Surgió una idea, tomé la botella de brandy y esquivando por muy poco el cuchillo me precipité junto a la chimenea. Sentía cómo mis cabellos se chamuscaban. El filo volvía a acercarse. En ese instante rompí la boca de la botella contra el muro y derramé el brandy sobre aquello que sostenía el arma. Acto seguido cogí con las manos uno de los trozos de madera ardiente que se consumían en el humero y lo lancé en la misma dirección. Fue espantoso. En aquel momento la figura de un hombre se veía envuelta en primordiales llamas. Un grito abominable salió de su garganta. El fuego se extendía por aquel cuerpo que recorría furibundo la habitación, incendiando las cortinas. Pronto las estanterías repletas de libros fueron pasto de aquel infierno. Un olor nauseabundo a carne quemada, una figura horriblemente contorsionada, un alarido de dolor. ¡Y el fuego, fuego, fuego por todas partes!
Mis manos también ardían. No podía soportar aquel sufrimiento. El humo empezaba a asfixiarme. Corrí hacia la ventana y me lancé desde allí al vacío un segundo antes de que aquella puerta, de que aquella maldita puerta cediera.
miércoles, 26 de agosto de 2009
DESDE LO OSCURO - CAPÍTULO VI (INVISIBLE)
Supe de sus propios labios que llevaba años estudiando a escondidas las distintas variedades de lo oculto, y que en un viejo manuscrito anónimo cordobés había hallado no hace mucho tiempo una clave que, tras un análisis exhaustivo, le permitió desvelar el secreto de la invisibilidad.
Versado en las artes químicas, no tardó en iniciar los experimentos que le llevarían hasta aquel asombroso descubrimiento. Parece ser que después de numerosos intentos fallidos consiguió la combinación apropiada la noche anterior a su despedida social.
-Vagué aquella noche -me decía Henry- por las calles de la ciudad, desprovisto de ropa alguna. Nadie podía verme. ¡Era invisible, John, invisible! Regresé a casa y volví a mi estado normal bebiendo de nuevo una dosis de aquel brebaje. Entré en un estado de fuerte excitación. No podía creerlo, pero lo había conseguido, me había esfumado, podía cambiar cuando quisiera, volatilizarme a mi antojo.
Henry me explicó cómo empezó entonces a romper todos sus vínculos con el mundo. Primero con nosotros, sus amigos. Después con las clases. Tuvo el valor de confesarme sus correrías. Había descubierto su mayor pasión, la faceta más escondida en el interior de su carácter hasta aquel momento: Henry era un vouyeur empedernido. Todas las noches miraba y miraba sin ser visto, miraba hasta la extenuación, hasta el placer morboso. Se entremezclaba con la gente y observaba sus actitudes, se embriagaba viendo cómo hablaban, cómo comían, cómo fornicaban o se odiaban. Llevó hasta tal punto su depravación que, según me dijo, una noche se introdujo en la habitación de un moribundo para observar cómo agonizaba esperando la muerte. Esta era su gran pasión. Desde entonces el silencio se había convertido en su gran aliado.
Yo escuchaba sus palabras con avidez, con horror. Las creía, por muy disparatadas que llegaran a parecerme. Las temía, porque eran las palabras de un loco.
Me dijo que después de quince días de dosis continuadas aquella fórmula infernal se había convertido en una necesidad, en una droga que su cuerpo exigía constantemente. Por eso lo abandonó todo e ideó la farsa de un viaje para convencer a la señora Dickson de una ausencia prolongada. Durante todo el tiempo que siguió a su supuesta partida Henry había estado siempre allí, en aquella casa, es decir, siempre que no estaba mirando a alguien, parapetado en su invisibilidad.
martes, 25 de agosto de 2009
NO SOY SÓLO EL VIGILANTE
jugaba en el jardín con la escopeta.
Ahora olvídalo, no soy sólo el vigilante.
Aquí mismo se mezcla la nada.
No puedo salvarte. Su tabaco, gracias.
Qué forma de sangrar por todos lados.
Duerme sobre el puño, duerme,
te inclinas a la sed cuando estás dormido.
Estoy hecho de cigarras y teclas.
Entre nosotros la mentira.
Su cara más blanca que la nieve.
Nunca más. Alucinante herbaje breve.
¡Boom, boom, tas!
-pozo humano-





