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viernes, 9 de mayo de 2014

FALSO REEL DEL AHOGADO

The Halfpenny Bridge, Dublín
Una vez canté en público (y no es broma) este poema trasladado a los puentes de Dublín, una vez lo hice, sí, porque el poema estaba pensado para eso, para ser cantado siguiendo una melodía escocesa que me había inspirado. Fue una experiencia increíble, uno de esos retos raros que a veces me pongo a mí mismo. No sé si volverá a ocurrir. Como dice el poema, tal vez. Un tiempo después lo incluí en Realidad, poemario publicado en 2013 gracias a LVR[ediciones. Podéis encontrarlo pinchando aquí. Y así dice el poema:

FALSO REEL DEL AHOGADO

Soy el fuego que vacila en tu candil
cuando el viento se enfurece alrededor,
mi canción se pierde pronto tras de mí,
quién recuerda al hombre que marchó.

Y al volver revelo los caminos que ocultamos juntos
en las grafías afiladas del amor,
iré a los puentes que cruzaban nuestros viejos sueños,
la dulce herida de mi propio error, tal vez.

Y la muerte va templando mi canción,
el violín se desenreda en el umbral,
cae la noche en el profundo callejón,
la taberna me recogerá.

Y al entrar los hombres abandonan su pesada carga,
dadme un brebaje que se pueda destilar,
iré a los puentes que se agitan cerca de los muelles,
la lluvia vuelve, volverá otra vez, tal vez.

El silencio ha dibujado en tu cristal
una luna recortada para mí,
las ausencias me devuelven la verdad,
esta vez ya no amaneceré.

Y al saber que el tiempo ya perdido nunca más retorna,
quiebro los pasos en las calles de Dublín,
iré a los puentes que fondeas en mi blando pecho,
bailo tu jiga de perjuro amor, tal vez.

Fluye el río bajo el duro temporal
y me llama con su influjo atronador,
la corriente pronto me recibirá
con su farsa para el corazón.

Y al marchar ocupo mi lugar furtivo en las estrellas,
soy la emboscada de cualquier bardo infeliz,
iré a los puentes erigidos sobre el triste Liffey,
aunque no sepas que vine por ti.
Y al marchar oculto los caminos que encontramos juntos
en las grafías afiladas del amor,
iré a los puentes que cruzaban nuestros viejos sueños,
la dulce herida de mi propio error, tal vez.

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