Diosecillo desasosegado,
te olvidas el carcaj
después de perpetrar
lo que queda del único corazón nuestro.
Observa la divinidad casta
en cada caja metálica.
Ella estornuda y yo me persigno
sin indulgencia.
Borra tu sonrisa diabólica
donde los corderos se tatúan el signo.
No casa no a ti no.
Músculo cautivo del habla,
nota el do que certifico,
el muro en que salpican las frases,
los hombres-bala sembrados bajo el arco.
En esta tierra se descuadran
los amantes, inolvidable carne viva,
sensación maravillosa,
qué huella del infierno ver la nada.
En el polvo hay esperanza.
Poema del día: "Vigilantes", de Luis Correa-Díaz (Chile, 1961)
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un adolescente de 17 años sale
a proteger qué rifle en mano
por las calles de Kenosha,
venido de otro Estado
y llamado a la acción
por sus dioses oscuros, ...
Hace 17 horas
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