Diosecillo desasosegado,
te olvidas el carcaj
después de perpetrar
lo que queda del único corazón nuestro.
Observa la divinidad casta
en cada caja metálica.
Ella estornuda y yo me persigno
sin indulgencia.
Borra tu sonrisa diabólica
donde los corderos se tatúan el signo.
No casa no a ti no.
Músculo cautivo del habla,
nota el do que certifico,
el muro en que salpican las frases,
los hombres-bala sembrados bajo el arco.
En esta tierra se descuadran
los amantes, inolvidable carne viva,
sensación maravillosa,
qué huella del infierno ver la nada.
En el polvo hay esperanza.
Poema del día: "Las bodas vienesas", de José María Eguren (Perú, 1874-1942)
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En la casa de las bagatelas,
vi un mágico verde de rostro cenceño,
y las cicindelas
vistosas le cubren la barba de sueño.
Dos infantes oblongos deliran
y a...
Hace 22 horas
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