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viernes, 7 de julio de 2017

FEACIA, MI CAMINO ES UN RETORNO

Kirk Douglas y Silvana Mangano en Ulises (1954) de Mario Camerini

Retorno.

Sol poniente en la ciudad trunca.
Sombras nebulosas, esquinas larvadas,
aves escindidas desembarcan
sobre la tarde revuelta.

Bergamota, ardid que embauca,
labios, oleaje, piel desnuda,
centro del calor.

Hay un rasgo humeante en la horizontalidad,
un rumor de olvido más fuerte que el sueño.

Despierto, hospedo manos precisas,
acompaso la quimera con la canción del vientre,
ojos traigo, revolución de letargos sin pétalo,
rastros que despacio te desmiento
con la digna ingratitud de los idiotas.

Feacia, cuéntame tu historia.
Retorno al mar del color del vino.
En la ciudad trunca se desagua
el manso abismo del ocaso.

MORALES, L., El vértice inconstante

martes, 20 de junio de 2017

EL AULLIDO DE ALLEN GINSBERG



Beat your lips. Beat that ears. Beat on deep. Mind your beats.

"Six poets at the Six Gallery". Una noche cualquiera de 1955, que luego será conocida como la del "Renacimiento poético" de San Francisco. Ginsberg lee un texto sobre el cual está trabajando hace tiempo y que no tiene intención de publicar: Howl (Aullido). Canta sus versos, los gime, y en la parte final de su lectura camina al borde del llanto, golpeando. Esta performance causa una emotiva reacción en el público. Beat. Estallan la locura y el escándalo. Ginsberg comprende entonces que exponiendo su personalidad sobre el escenario puede conmover al público. Get my beat. Beat your mist. La idea de crear una nueva audiencia para la poesía ya no le parece tan descabellada.

Howl tiene uno de los comienzos más impactantes de la historia de la literatura universal (lo digo en serio, lo pongo al lado de Homero, de Cervantes):

"He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.

Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.

Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.

Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.

Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes..."

GINSBERG, A, Aullido (Howl, 1955)

El texto continúa, por supuesto. Aquí.
Aquella noche suena irreemplazable.

Aunque el primera grabación de Aullido es esta, de apenas unos meses después. El artista Eric Drooker ha construido sobre la misma una magnífica versión gráfica.

Poetas, aullad. Aullar sigue siendo imprescindible.




jueves, 8 de junio de 2017

GOYTISOLO EN LA GRAN PLAZA


Goytisolo, Juan, memorable y difícil : habrá quienes no quieran comprender a este incómodo picaresco transterrado, Juan, sin tierra, un tal Cide Hamete contemporáneo reivindicando a don Julián y al beduino : buscando unas señas de identidad : que el todo y la nada dependan de una simple inacción : observando periférico el ocaso de las ciudades cementerio : Europa atrás, la maqbara en la que yacen los Imperios y el capital : España Una : una forma de hablar hipodérmica y a menudo censurada de la oscuridad del dictado de la culpa de la excepción y la hipoteca del tiempo y el escombro : el asombro de un dios postpuesto ante el gran viaje : con la lengua infiltrada : fragmentada : fragmentaria : diafragmática : aljamiada : con el portento viril : el horizonte de Marrakech está en la pluma y en la lengua y en la gola : no saber a qué esperan vuestros cuerpos desnudos y excitados : para correr en libertad : para perderse en los trayectos : ¿quieres visitar la kasbah? : Juan podrá llevarte donde no llegan los turistas : de memoria : difícil : página a página : más allá del atardecer y los encantadores, al otro lado de los puestos : donde apunta la quibla : tocando el aceite con las manos : luz bergamota : permite que el cuentacuentos te acompañe a la gran plaza y de pronto alce su verga mítica o su probóscide milenaria o su serpiente ancestral y se marche entre los distintos ocasos de Occidente dejándote pendiente de una ojiva, de un hilo ambulante, Teseo : rodeado de cuerpos en Xmaá la lenguaraz Xmaá el Fna la humana Jammaá/Yammaá/Jemmaá la que cuenta tu historia desde las afueras : tan lúcida y laberíntica la vida : adiós a la sonoridad del comienzo de la noche 1001 : adiós al ojo azul del mar : al rojo callejeo : a la esquina de la que parte el camino : al mayo del 68 : a cualquier 69 : al calor ávido : al canto alminar : al grito sin nombre, pues así es la lúcida y lógica y arquitrabada muerte salvo por lo que queda (y quedará) luego en algún papel y en aire y en la sangre : olvido memorable y complejo : otra maqbara en Larache : nunca o tal vez es el fin esto de desandar : demudar : deshojar : desaprender : desprenderse de la piel y de los huesos.  

viernes, 12 de mayo de 2017

MAROSCURO



En los ojos era un maroscuro
de aguas tristes
e insospechadas calmas.


—¡maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!
El fantasma de la tarde,
cuando cae,
extiende el aire que fecunda
todas las entrañas,
toma lo que brota con sus infinitas lenguas,
y amenaza siempre,
un vendaval furioso
para ti depara,
quiere ensordecer tus voces,
arrastrarlas donde nadie,
nadie más las pueda oír.
¡Rápido, maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!—


maroscuro en los ojos náufrago de la muerte,
último hijo del amor-que-ya-no-era.


MORALES, L., El vértice inconstante

jueves, 20 de abril de 2017

AUTOR PERDIDO EN BUSCA DE SUS PERSONAJES


Ya me hubiera gustado a mí, tan cervantino, tan metalingüístico y retorcido como soy, haber asistido hace ya casi un siglo a la primera representación de Sei personaggi in cerca d'autore en el Teatro Valle de Roma. 9 de mayo de 1921. Me imagino con la boca abierta y sorprendido mientras el público enviaba al infierno o al manicomio al pobre autor incomprendido.
¡Ay, cómo cuesta lo difícil de entender! Cómo cuesta en general (¿verdad?) abrir los sentidos y la razón de nuestros contemporáneos. La desintegración del espacio. La ruptura de las paredes. El atrapamiento del espectador. La visualización de la trampa, del mecanismo que oculta cualquier trama. Incluso hoy en día se suelen utilizar técnicas parecidas cuando se quiere 'asombrar' al público.
Al final el bueno de Luigi Pirandello tuvo que explicar con un prefacio su drama, sus intenciones dinámicas y temáticas. Y eso le llevó al éxito. 
Primera de las obras de la trilogía del Teatro dentro del Teatro, Seis personajes en busca de autor tiene momentos sublimes y acotaciones de lo más aclaratorio. Como muestra este botón, casi al inicio, sobre la presentación de los personajes:

Quien vaya a intentar una puesta en escena de esta comedia debe valerse de todos los medios disponibles para lograr un efecto gracias al cual estos SEIS PERSONAJES no se confundan nunca con los ACTORES de la compañía. La disposición de unos y otros, indicada en las anotaciones,cuando ya se encuentren en el escenario, será sin duda útil; tanto como una intensidad luminosa variada de reflectores especiales. Pero el medio más eficaz e idóneo que se sugiere será el uso de máscaras especiales para los PERSONAJES: máscaras especialmente elaboradas con una materia que el sudor no ablande, así que no serán ligeras para los actores que deberán llevarlas; se confeccionarán de tal modo que dejen libres los ojos,la nariz y la boca. Se interpreta de esta manera el sentido más profundo de la comedia. Los PERSONAJES no deberán, por lo tanto, aparecer como fantasmas, sino como realidades creadas, elaboraciones inalterables de la fantasía: y por lo tanto más reales y consistentes que la voluble naturalidad de los ACTORES. Las máscaras ayudarán a dar la impresión de la figura construida artísticamente y fijada de manera inalterable en la expresión del propio sentimiento fundamental, que es el remordimiento en el PADRE, la venganza en la HIJASTRA, el desdén en el HIJO, el dolor en la MADRE, con lágrimas de cera, fijas en lo más lívido de las ojeras y las mejillas, como se puede ver en las imágenes esculpidas y pintadas de las Mater dolorosa de las iglesias.
PIRANDELLO, L., Seis personajes en busca de autor, 1921.

Máscaras especialmente elaboradas... La máscara siempre es la clave. Pero claro, los seis personajes no son solamente eso. 
EL DIRECTOR. (Primero sorprendido, luego fastidiado.) ¡Déjenlo! ¡Cállense! (Luego, dirigiéndose a los PERSONAJES.) ¡Y ustedes váyanse de aquí! ¡Despejen el lugar! (Al DIRECTOR DE ESCENA.) ¡Por Dios, sáquelos de aquí!
EL DIRECTOR DE ESCENA. (Acercándose, pero luego deteniéndose como si lo retuviera una rara turbación.) ¡Fuera! ¡Fuera!
EL PADRE. (Al DIRECTOR) Mire, nosotros...
EL DIRECTOR. (Gritando.) ¡Basta, tenemos que trabajar!
EL PRIMER ACTOR. No es posible que alguien se burle así...
EL PADRE. (Resuelto, adelantándose.) ¡Me sorprendo de su incredulidad! ¿Acaso no están los señores acostumbrados a ver cómo aparecen casi vivos aquí, uno frente a otro, los personajes creados por un autor? ¿O a lo mejor no tienen (señalará la concha del APUNTADOR) un guión que nos contenga?
LA HIJASTRA. (Colocándose frente al DIRECTOR, risueña, zalamera.) Puede creer, señor, que somos de verdad seis personajes interesantísimos. Lamentablemente frustrados.
EL PADRE. (Apañándola.) ¡Sí, frustrados, eso es! (Al DIRECTOR, de inmediato.) En el sentido, claro está, de que el autor que nos dio vida, después no quiso o no pudo materialmente introducirnos en el mundo del arte. Y de verdad que fue un delito, señor, porque quien ha tenido la suerte de nacer como personaje vivo, puede reírse incluso de la muerte. ¡No morirá jamás! Y para vivir eternamente ni siquiera necesita de dotes extraordinarias o realizar prodigios. ¿Quién era Sancho Panza? ¿Quién era don Abundio? Y, sin embargo, son eternos, porque —semillas vivientes—
¡tuvieron la suerte de encontrar una matriz fecunda, una fantasía que supo nutrirlos y desarrollarlos, darles vida eterna!
EL DIRECTOR. ¡Todo lo que dice está bien! Pero ¿qué quieren aquí?
EL PADRE. ¡Queremos vivir, señor!
EL DIRECTOR. (Irónico.) ¿Por toda la eternidad?
EL PADRE. No, señor. Por lo menos un momento, a través de ustedes.
UN ACTOR. ¡Qué ocurrencia!
LA PRIMERA ACTRIZ. ¡Quieren vivir en nosotros!
EL ACTOR JOVEN. (Señalando a la HIJASTRA) Por mí no hay problema, si a mí me toca ella.
EL PADRE. Fíjense, fíjense: todavía hay que hacer la comedia; (al DIRECTOR) pero si usted quiere y sus actores están dispuestos, la organizamos rápidamente entre nosotros.
EL DIRECTOR. (Molesto.) ¿Pero qué quiere organizar? ¡Aquí no se hace nada de eso! ¡Aquí se interpretan dramas y comedias!
EL PADRE. ¡Por eso mismo! ¡Hemos venido con usted justamente por eso!
EL DIRECTOR. ¿Y dónde está el guión?
EL PADRE. Está en nosotros mismos, señor. (Los ACTORES reirán.) El drama está en nosotros, somos nosotros, y estamos impacientes por representarlo, así como dentro nos urge la pasión.
PIRANDELLO, L., Seis personajes en busca de autor, 1921.

Ya me hubiera gustado a mí, tan cervantino, tan metalingüístico y retorcido como soy, encontrarme alguna vez con unos personajes así.

miércoles, 8 de marzo de 2017

MITOLÓGICA DE ALMENDROS



En honor a las hijas de la memoria
te respiro mitológica de almendros,
paseando las orillas
de su mar primavera.

Manuscritos
desplegados
sobre arena,
nácar púrpura verbena
los senderos que se vierten
bueyes detenidos no regresan,
apostados en altares
a tu aire esteatopígico.

Y celebras junto a ellos
libación por tus edades
mientras surcos recolectas
sin virtud, pues sospechas
que muy pronto zarpará
tu pedazo de página,
y que yo te pondré
más morena la perplejidad.

MORALES, L.
Surco en lo blanco

viernes, 20 de enero de 2017

EL ARCA INTERRUMPIDA


Recuerdo este poema en el día en el que cambia parte del mundo (el resto ya ha cambiado hace tiempo). ¿Qué nos deparará el futuro que ya es presente? La verdad es que no lo sé. Eso sí... desconfiemos de los héroes.

EL ARCA INTERRUMPIDA

Un héroe otea.
Hoy has visto: muchas son las horas desatendidas.
El sol somete el trayecto a las olas de la semilla,
el ojo se convierte en lágrima austera,
el ojo, con esa forma de rostro acuchillado.
Lo sientes: algo te ciñe la frente.
La oscilante voz en el límite de las plazas,
el hormigueo en el bazo,
la continua presión en la nuca,
la celeridad de la trampa,
el flujo esparcido en la corriente,
arrastran, por entre los cuerpos extraños
y la dura incógnita,
a los hombres cercados por la rabia del hambre
y del golpeo.

Ahí van los que conquistan nuestro mundo,
segando los acertijos plantados en el tiempo,
buscando algún abismo del que sacarnos;
La razón y el deber están con ellos;
Abrirán con parsimonia las puertas del arca,
nos han prometido un diluvio un sacrificio
una salvación.
Desilusiones bajo la quilla,
en las atroces noches que nos queden.

Por la memoria que tiembla en la estructura
–un océano de olores dilucida el miedo,
las lenguas jóvenes trepidan ajenjo en las esquinas-,
por las sombras compartidas en este horizonte trunco,
se atisba, revolviéndose como un loco
en la inmovilidad forzosa de la camisa,
arqueado, retorcido sin fin, un hervidero.
Una multitud aliada del dolor, frente a los paladines y los líderes,
mientras en lo alto siluetas de luz y mensajes se suceden,
señales, arquetipos de una imagen auditiva.
No lo sabéis: algo nos ciñe la frente.

Ángeles suicidas bloquean la entrada porque no,
aquí no hay sitio para un arca que flota por encima de este sueño.
El misterio y el miedo y la inquietud insolentes,
el aire puro que trae el humo de presentes quiméricos,
fresca libertad todavía, fresca lucha de palabras
que sujetan su volumen a este ritmo de viento.

Un héroe otea encerrado en su arca.
Algo rezonga. Y cobarde escapa.

LUIS MORALES
Publicado en la antología En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis (2014), de Bartleby Editores.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

MEDIUM (RELOAD)



¿Hay alguna razón para que todo lo que ha sido dado indultar en esta vida permanezca deliberadamente quebrantado, para que no lleguen a extinguirse jamás los signos idólatras de nuestra impotencia? Vendrá un día en que la muerte nos sepulte bajo columnas de espanto ante las constantes muestras de equilibrio.

¡Tormenta! ¡Semilla! ¡Belleza Vacía! ¡Supremo Amor Desconcertante! La extraña lentitud de dioses ebrios, siempre ausentes; palabra, voz; la furia que resuena aquí: ¡qué amarga y venerable cobardía!

La doble profusión de abscesos místicos y el entusiasta sacrificio colectivo son glorificados con vehemencia por los justos para el restablecimiento inaplazable del primer motor inmóvil.

¡Oh gran pope! ¡Odre intercesor tambaleante! ¡Condúcenos por esta solitaria vía de costumbres!

Otro arcángel nos impide exorcizar lo que olvidamos amarrado a los instantes, conspira en los letreros, escudriña las arterias ateridas, trasiega como un golpe de viento en los cenáculos inmundos tras dejarnos fascinados.

Buscar algún sentido, desde avenidas enfermas; bajo agujas vigentes, por el bálsamo de las transgresiones y el sexo abismales; en las horas venideras, en su repetición prodigiosa.

Luis Morales, Realidad,  LVR[ediciones

miércoles, 7 de septiembre de 2016

EN EL AIRE


Porque vengo con el juego
de volar sin ser de nadie,
porque vengo.
Y aunque tenga tantas cosas
que decir ni yo me nombro.
Vistas de silencio,
estertores dentro de rompientes,
gritos incoloros
y deseos flotantes
murmurándome.
Qué es la libertad
sino los pies en el aire,
vueltos a la lengua
inaudible,
los mismos pasos libres,
qué es la libertad, decidme:
¿es un sueño o una imagen?,
¿una ausencia horizonte o una voz?

miércoles, 29 de junio de 2016

MUJER CON ALCUZA, DE DÁMASO ALONSO



MUJER CON ALCUZA

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro, por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos
/del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan
/extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso
/que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran
/el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran
/innumerables margaritas, blancas cual su alegría
/infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo
/de amar a Dios y esa voluntad de minutos
/en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
sólo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio
/cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas
/bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados
/a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que
/en los túneles les pellizcan las nalgas,
... aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con un ansia turbia, de bajar ella también,
/de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos
/inacabables.

... No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iba cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos
/a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla
/un instante en las sombras,
algún chillido como un limón agrio que pone
/amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Sólo la velocidad,
sólo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
sólo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola, y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

... Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como
/el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con
/delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o
/un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo
/de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada
/fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan
/los pájaros?

ALONSO, D., Hijos de la Ira, 1944