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viernes, 18 de septiembre de 2020

PAPARRUCHAS SOBRE LA POESÍA CONTEMPORÁNEA




Una red social me recuerda esta letanía arrojada sobre la situación de poesía de hace cuatro años. Parece ser que salvo algún nombre y a pesar de todo nada ha cambiado 😜. En cualquier caso, toca archivarla en este sitio.

PAPARRUCHAS SOBRE LA POESÍA CONTEMPORÁNEA I: 

Normalmente paso de todo, pero a veces hay tanto ruido alrededor que mis neuronas no lo soportan más, se hinchan, desenfundan y disparan una orden expeditiva a mi lengua para que suelte de vez en cuando un escupitajo viperino, envenenado y reparador. Como el aguijón de un alacrán que vuelve a su paz después del rápido ataque, lanzaré mi andanada en forma de lista de paparruchas sobre el panorama poético contemporáneo para sumirme en el silencio durante un tiempo indeterminado, hasta el próximo rebote. 

1. En efecto, poesía no es tabular cada palabra de una frase en una línea diferente. 
2. Tampoco es prosa poética cualquier texto, para todo se necesita un ritmo, un tempo si se quiere, la libertad no existe a cualquier precio. 
3. Quien quiera que rime, pero no toda rima es poesía y no todo ripio vale. 
4. No por tener 14 años eres un/a gran poeta. 
5. No por tener 60, 50, 40, 30, 25 años, eres un/a gran poeta pero tampoco por tener 60, 50, 40, 30, 25 años estás acabado/a. Alargad las fechas y las edades hasta el infinito si queréis. 
6. Una conversación de red social no es poesía. Un tweet no es poesía. 
7. Un prospecto médico no es poesía. 
8. Un eructo estético no es poesía. 
9. El exceso de sensibilidad no es poesía. 
10. Tampoco el defecto de la misma. 
11. Una performance puede ayudar a la poesía ante el público, pero esta debería poder defenderse en privado, cara a cara, palabra a palabra, frente al lector. 
12. Lo que hace una máquina no es poesía. 
13. Podéis plagiar lo que queráis en privado, para ir aprendiendo de los grandes, pero no lo hagáis en público, por favor, antes se pilla a un cojo que a un roba-versos. 
14. Que tengas muchos amigos y/o seguidores no significa que seas un/a gran poeta. Que tengas pocos no te hace un/a gran poeta maldito/a. 
15. Las citas de prestigio no mejoran una poesía si es mala. 
16. No toda creación es poesía. Puedes llamarla juego, experimentación, búsqueda creativa, escritura no creativa, creación no reescrita, antipoesía, prepoesía, prepotencia, pero no necesariamente es poesía, créeme. 
17. Y, desde luego, en esto de la poesía, tonto el que no lea. 

Se acabó la retahíla. En fin, que podéis hacer con esta lista de paparruchas lo que os salga de los interiores. Al fin y al cabo, poesía sois vosotr@s. Libres, en efecto, así os quiero, querid@s poetas.

viernes, 20 de enero de 2017

EL ARCA INTERRUMPIDA


Recuerdo este poema en el día en el que cambia parte del mundo (el resto ya ha cambiado hace tiempo). ¿Qué nos deparará el futuro que ya es presente? La verdad es que no lo sé. Eso sí... desconfiemos de los héroes.

EL ARCA INTERRUMPIDA

Un héroe otea.
Hoy has visto: muchas son las horas desatendidas.
El sol somete el trayecto a las olas de la semilla,
el ojo se convierte en lágrima austera,
el ojo, con esa forma de rostro acuchillado.
Lo sientes: algo te ciñe la frente.
La oscilante voz en el límite de las plazas,
el hormigueo en el bazo,
la continua presión en la nuca,
la celeridad de la trampa,
el flujo esparcido en la corriente,
arrastran, por entre los cuerpos extraños
y la dura incógnita,
a los hombres cercados por la rabia del hambre
y del golpeo.

Ahí van los que conquistan nuestro mundo,
segando los acertijos plantados en el tiempo,
buscando algún abismo del que sacarnos;
La razón y el deber están con ellos;
Abrirán con parsimonia las puertas del arca,
nos han prometido un diluvio un sacrificio
una salvación.
Desilusiones bajo la quilla,
en las atroces noches que nos queden.

Por la memoria que tiembla en la estructura
–un océano de olores dilucida el miedo,
las lenguas jóvenes trepidan ajenjo en las esquinas-,
por las sombras compartidas en este horizonte trunco,
se atisba, revolviéndose como un loco
en la inmovilidad forzosa de la camisa,
arqueado, retorcido sin fin, un hervidero.
Una multitud aliada del dolor, frente a los paladines y los líderes,
mientras en lo alto siluetas de luz y mensajes se suceden,
señales, arquetipos de una imagen auditiva.
No lo sabéis: algo nos ciñe la frente.

Ángeles suicidas bloquean la entrada porque no,
aquí no hay sitio para un arca que flota por encima de este sueño.
El misterio y el miedo y la inquietud insolentes,
el aire puro que trae el humo de presentes quiméricos,
fresca libertad todavía, fresca lucha de palabras
que sujetan su volumen a este ritmo de viento.

Un héroe otea encerrado en su arca.
Algo rezonga. Y cobarde escapa.

LUIS MORALES
Publicado en la antología En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis (2014), de Bartleby Editores.

viernes, 9 de enero de 2015

PÉNDULO (CUANDO LOS ACONTECIMIENTOS EXPLICAN EL POEMA)



No soy proclive a explicar las raíces de lo que escribo, prefiero que el lector/oyente haga su propia composición de lugar a partir de aquello que se encuentra. Sin embargo, en esta ocasión, después de los sucesos que París, de ese mar de sangre que ha intentado apagar la voz de los lápices de Charlie Hebdo, no puedo sustraerme a la necesidad de volver a dejaros aquí este poema para que lo leáis desde esa perspectiva que denuncia a los que quieren acabar con nuestra libertad de expresión, a los asesinos, sí, a los fanáticos de todo tipo, pero también a los sistemas aparentemente democráticos que utilizan sus propios métodos silenciadores. Así es, los intolerantes nunca soportarán las críticas, la sátira, el humor. Ahí os lo dejo.

PÉNDULO

Cualquier noche os descorazonaremos la acrobacia.
Su hélice nos aturde y mesmeriza.
No conocemos el péndulo.
El pozo se enfrenta al último nido sin clámides.
Hay un intruso entre las cuentas de vidrio.
Hay una torre de profundidad que vacila en las cosquillas,
una pluma que se tambalea.
Hay un trasbordador abandonado al musgo,
un ejército de hormigas que desencadena el abordaje
desde obsoletos carritos comerciales.
Hay madrugadas en las que rezuman
los rapsodas prosternados en la isla,
henchidos de celofanes,
instigados desde un catalejo de lejanías.
Si no hubiérais contenido vuestro cuerpo…
Hay quien sabrá expulsaros de la tierra
porque llega la incógnita media hora del delfín.
Estáis en la arista del sueño.
Practicabais un deporte errabundo.
Giraréis en el aire sin espejos.
Cualquier noche os birlaremos las mañanas.


Publicado en Realidad, LVR[ediciones, 2013


jueves, 18 de diciembre de 2014

LAS LISTAS


A estas alturas del año empieza la profusión de listas. Que levante la mano quien sepa a qué me refiero. No, no estoy hablando de empollonas que nos espetan orgullosas la lección aprehendida, ni de sabelotodos, no, no hablo de gente avispada ni de los garabatos que improvisamos en cualquier papel para no olvidarnos de lo importante cuando nos adentramos en los deslumbrantes supermercados. Ese tipo de listas están siempre ahí y a mucha honra. Pero en los últimos días de diciembre la invasión es otra. Ni siquiera se trata de esa acumulación de tonterías ordenadas (del tipo las 10 posturas sexuales que más se llevan, los 23 vestidos más horrendos de la gala de los Goya, los 73 selfies más previsibles de Kim Kardashian o las 143 barbas más pobladas al Este del Pecos) que suelen proliferar en Internet para rellenar el espacio vacío. No, no es eso. De repente nos posee un extraño instinto recopilador y, aunque sea por un instante, volvemos la mirada a nuestras espaldas para resumir en dos pinceladas (o en diez, o en cien) lo que el año de cuerpo presente ha dado de sí: los cien personajes del año (en distintas categorías, claro, general, políticos, empresarios, deportistas, ¿artistas?, ¿científicos?...), las doce películas del año, las veinte canciones del año más escuchadas en Spotify, los diez libros más leídos en el año, las fotos más impactantes del año (casi siempre tienen que ver con las realidades más luctuosas), los cinco blogs más visitados en el año, los tres tweets más difundidos en el año, los dos cocineros más destacados del año, este año en que volvimos a vivir peligrosamente.
Listas, las oficiales, que de una manera sintomática no coinciden para nada con nuestros propios gustos. Listas, las culturales, que disfrazan el imperativo "¡Compra, regala, compra, regala, compra!" casi tanto como las tempraneras luces navideñas. Listas, las únicas que valen la pena, las que hacemos nosotros mismos sin querer vendernos nada, las que simplemente compartimos para hacer balance en voz alta de todo lo que vamos siendo, un año después. Listas de deseos, de sueños, de dolor o de tiempo.
En fin, listas para todo y para todos, listas de artificio para estructurar el caos natural del mundo, listas que se cruzan para sostener firmemente nuestros pies durante un rato. Listas que muy pronto olvidaremos, nada más volver de nuevo el rostro al frente, mientras seguimos avanzando.
Bueno, ya podéis bajar la mano. Y ahora os dejo, que hoy toca escribir la carta a los Reyes Magos.

lunes, 2 de junio de 2014

A BRAVE NEW KING (RUEDAS DE MOLINO PARA COMULGAR EN LA BARRA DE UN BAR)


Apoyados en la barra de un bar comentamos la noticia del día. Cómo sería una Copa sin rey. ¿Copa de la República? ¿Seguiríamos con el garrafón o exigiríamos algo mejor? Una cosa son el botellón, el tío de la bota y las cumbres de Gredos, la feria de abril y el rebujito, la sangría de barril, o ese tinto de verano que entra tan bien de lo fresquito, o el íngrimo vino cosechero que exige de una buena gaseosa cada menú del día. Nos gusta mezclar, probar todo tipo de brebajes sin demasiado control de calidad. Así somos. Pero cuando hablamos de cosas serias, qué pasa. ¿No deberíamos ser más exigentes con aquello que llevamos pagando tanto tiempo? ¿Cómo que el vino se hizo para los reyes y el agua para los bueyes? ¡Ahh, las dichosas y exigentes minorías! ¿Todo está escrito? ¿Nada prescribe? La nuera se llevó de gin-tonics al futuro sucesor para que despejara sus dudas. Nos traen buena nueva, ruedas de molino con las que comulgar, agua fresca que llevarse a la boca, cortinilla ahumada, aguardiente para las heridas, azucarillos y absenta. Roscón de Reyes. Más vino de misa, digo de mesa. Roscos de vino. Roscos de anís, anís del Mono. Todo etiquetado, persignado, sigilado. Todo constitucionalmente constitucional. Me temo que en la cantina del Congreso todavía pueden pedirse muchos lingotazos de Soberano a buen precio. Allí beben por lo ancho y dan de beber por lo estrecho. Lo sabemos. Ya se han encargado de pedir otra remesa de rey Bourbon y hay una mayoría de vodka Abssolut para un par de años. En cualquier caso Mahou prevé más de dos tercios de parlamentarios en la Cortes el día que se apruebe vía urgencia la Ley Orgánica que regule la novedosa abdicación. Luego el que se va dará paso al que viene. Sol y sombra. Carajillo. Chivas Regal. Agua de fuego. Tequila. El Tesoro de don Felipe. Pon otra ronda. Si bebes no conduzcas.

jueves, 19 de diciembre de 2013

UNA MAREA HUMANA

Fotografía de Javier Martín Espartosa (druidabruxus), tomada de Flickr bajo Licencia Creative Commons
Aunque no lo creáis, a mí me gusta la Navidad. Me trae sobre todo recuerdos de cuando era niño y las cosas se veían desde una perspectiva diferente, más mágica y emocionante. Nada como la tabula rasa de la infancia, la inocencia y atrevimiento de aquellos días pasados.
A mí me gusta, sí, la Navidad, aunque no lo creáis. No soy como Ebenezer Scrooge. La fiesta, las cenas increíbles, las vacaciones, los encuentros con los primos, el juego eterno, el acostarse tarde, las uvas, los turrones, aquellos programas de Martes y Trece... cada diciembre la memoria se abre paso en lo cotidiano para mostrarme con nostalgia el espíritu de las Navidades Pasadas. Pero luego hay que volver. Las Navidades Presentes son difíciles, contradictorias. Desde siempre he pensado que eran un momento ideal para estar en familia, pero es verdad, se han convertido en un escaparate de vanidades, en un monumento al consumismo difícil de derribar. Parece que el consumismo es la medida de la prosperidad económica y social, o al menos así nos han querido convencer. Pero dónde está la causa de la movilización navideña, la misma, a mi parecer, de la desmovilización de las protestas contra la injusticia. ¿Antes no éramos así? No es algo que se enseñe en la escuela (lo del consumismo). De hecho a menudo mi hijo de 4 años viene del "cole" con conceptos como el reciclaje, la ecología, el respeto a los animales, la lucha contra la pobreza, el ahorro, el compañerismo, la igualdad de razas y sexos o la justicia social bien aprehendidos. ¿Entonces? ¿Dónde está la causa? En los omnipresentes medios de comunicación de masas, hipertrofiados y vacíos, en esa televisión siempre encendida que bombardea sus mensajes y nos hace cómodos, nos impide usar nuestro tiempo en algo tan sano como leer un libro, jugar un rato e incluso hablar con el de al lado, y reduce el pensamiento a la mínima expresión del blanco o negro, o del rojo o azul, igual de maniqueos. Y ya con Internet y los móviles ni os cuento. Smartphones, tabletas, teléfonos inteligentes suplantando la voluntad de nuestros cerebros. Al final han conseguido que una gran mayoría viva en una especie de limbo, en una nube digital e individualista alejada de la realidad, en un paraíso artificial mucho más potente que el de las drogas, en un mundo feliz más aterrador que el de Huxley. Y así, enganchados al discurso plano y al ritmo delirante impuesto por las nuevas tecnologías, estamos desarmados ante las tropelías que unos pocos seguirán haciendo a nuestra costa. Es difícil, muy difícil explicarle esto a nuestros hijos, pero o lo hacemos ya o nos iremos todos a la mierda, perderemos nuestra libertad sin necesidad de llevar cadenas y entregaremos definitivamente nuestra esencia humana para volver a ser el rebaño que un día fuimos. ¡Paparruchas! No digo nada nuevo, lo sé, pero imaginaos, entonces, lo que nos mostraría el espíritu de las Navidades Futuras.

sábado, 14 de diciembre de 2013

EL HAMBRE, UN POEMA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Retrato de Miguel Hernández, de Lorenzo Fernández
Certero y descomunal, cercano y universal, pero, sobre todo, más actual que nunca, este poema de Miguel Hernández, "El hambre", publicado en El hombre acecha (1937-1939). Si todavía hay alguno que se pregunta por qué perduran algunos poetas, que se lo lea y al fin comprenda.

EL HAMBRE

I

Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.

El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.

Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.

Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.

Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.

Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas, señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.

Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.

No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros.

En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.


Mitad hombre mitad animal, de José Antonio Domínguez

II

El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende.

Uno no es tan humano que no estrangule un día
pájaros sin sentir herida en la conciencia:
que no sea capaz de ahogar en nieve fría
palomas que no saben si no es de la inocencia.

El animal influye sobre mí con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces, he de hacer un esfuerzo supremo
para acallar en mí la voz de los leones.

Me enorgullece el título de animal en mi vida,
pero en el animal humano persevero.
Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,
bajo tanta maleza, con su valor primero.

Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.

Arroja sus estudios y la sabiduría,
y se quita la máscara, la piel de la cultura,
los ojos de la ciencia, la corteza tardía
de los conocimientos que descubre y procura.

Entonces solo sabe del mal, del exterminio.
Inventa gases, lanza motivos destructores,
regresa a la pezuña, retrocede al dominio
del colmillo, y avanza sobre los comedores.

Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Entonces sólo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.

Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,
tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,
el pan, el día, el hambre no tenga compartido
con otras hambres puestas noblemente en la boca.

Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Yo, animal familiar, con esta sangre obrera
os doy la humanidad que mi canción presiente.


HERNÁNDEZ, M., El hombre acecha (1937-39)

lunes, 16 de septiembre de 2013

LA IMAGEN DEL VERANO (CINCO): EL HILO DE LA VIDA

© Fotografía de Luis Morales

Ahora que termina este verano extraño y lleno de novedades hay algo que me empuja a la rutina de revisar lo que me ha ido dejando en imágenes, como siempre, desde siempre, como si ese acto sirviera para congelar el tiempo. Y sin embargo el tiempo pasa, imparable, demostrando una vez más lo efímero de la belleza, de la felicidad, de la tranquilidad y también del dolor.
Así es, parece que hace ya un siglo desde que pulsé el botón, rodilla en tierra, o mejor dicho sobre la arena de la playa de la Barrosa, para captar a duras penas este picado de espaldas de mi hijo mientras se hacía con el control de su avión-cometa, sin pilas ni mandos teledirigidos, sin realidades virtuales ni pantallas insensibles, casi a pelo, con un simple hilo para dominar el viento.
Sin duda es la imagen del verano, de mi verano, porque en su aparente sencillez encierra muchas ideas, muchas miradas, muchos pasados: lo natural, el juego antiguo, la pasión por el cielo, por el aire y la luz del mar, las ganas de volar, el asombroso crecimiento del hijo, el niño explorando lo incierto, la juventud dominando, sí, el viento, el hombre aún ajeno a la parca que sujeta el hilo, el hilo de la vida...
De espaldas, cuando el sujeto es más vulnerable, ordena el pulsador para crear esta fantasía vertical en 3/4, robada a la realidad sin más retoques, y es bueno que así sea, culminando un camino de investigación personal que empezó hace años, la primera vez que visité el Louvre y me di cuenta de que todo el mundo fotografiaba a la Venus de Milo de frente, como si para reconocer la belleza nos sirviera más el rostro que la curva perfecta de su espalda, sí, la ligera inclinación de los hombros, la musculatura suavemente marcada en la piel de la piedra. Las esculturas clásicas fueron concebidas para ser contempladas en todos sus ángulos, y así lo han entendido la mayoría de los museos que las exponen hoy en día. Y sin embargo muchos visitantes obvian la rotonda, aniquilan el giro sin gestos, avanzan en línea recta hacia el rostro y clic, ya está, vayamos a otra cosa...
He pasado años fotografiando a las estatuas de espaldas para ver si se les escapaba un temblor, una respiración, desprevenidas. Pero también a infinidad de objetos, a muros, a espacios, a la gente. Y he descubierto, entre otras cosas, que es la mejor manera de conseguir que una imagen planificada resulte natural. 
El hilo de la vida, y este es el nombre que le he dado a la fotografía, es, por lo tanto, una cumbre en mis propios derroteros personales y, por supuesto, la imagen del verano 2013.
Que la haya presentado al Picglaze Photo Prize ha sido una casualidad y un atrevimiento del que es mejor no esperar gran cosa, como aguja en un pajar lleno de hermosas instantáneas. Ya ha pasado el tiempo de votar vía Internet por las mejores, pero si queréis verla en la sección del concurso podéis pinchar aquí. La suerte está echada en ese sentido. En el otro, el de detener la belleza y el tiempo y el viento... vosotros diréis, ahí os la dejo.

martes, 3 de septiembre de 2013

LA BUENA PRESENCIA O EL IMPERIO DE LAS BARBAS


¿A qué llaman buena presencia? Cuando busco trabajo no dejo de encontrarme, al final de unos requisitos dignos de Leonardo da Vinci, la famosa coletilla. Buena presencia.
En principio lo asociaba a ir bien vestido, olvidar los pantalones caídos, esconder los tatuajes, cortarme la melena y lucir un rostro afeitado más suave que el culito de un bebé. De ahí que siempre justificara mis fracasos en el desastrado aspecto de mi barba, que llevo defendiendo ya hace tiempo.
Pero no, parece ser que no, la barba está de moda. A mitades del pasado agosto, mientras intentaba atravesar muchedumbres en la estrechez de la calle de Calatrava durante las fiestas de La Paloma, no pude dejar de observar la increíble y desasosegadora profusión de barbas. Barbas largas, barbas cortas, desaliñadas, doctas, de tres días, hirsutas, sedosas, barbas beatnik, barbas con rastas, kilométricas, barbas piratas y cuatro pelos, y perillas, jesucristos, decimonónicas, carpetovetónicas barbas blancas, o cuidadas, afinadas, casi imperceptibles barbas. Hombres con barba, mujeres con barba, niños esperando el nacimiento de la barba, papanoeles sudando la gota gorda, barbas de ganchillo esperando ser compradas.
Fascinado por mi falta de originalidad, solo pude pensar en el concepto de la buena presencia. Se me ocurrieron varias opciones más o menos probables sobre el actual estado de las cosas:
1ª - En Madrid no trabaja nadie ni hay esperanzas para un día llegar (o volver) a hacerlo, con la consiguiente relajación en la higiene del rostro.
2ª - La barba está de moda, es trendind topic en Twitter, nos gusta en Facebook, la podemos compartir en Pinterest. El canon de la belleza está cambiando. Depilados por dentro, barbados por fuera, tipos duros, de esos que ocultan cicatrices o granos o miedos tras el vello facial, el más púbico (digo público) de todos. Incluso nuestro amado presidente lleva barba. Incluso nuestro veneradísimo jefe de la oposición. Artistas, deportistas, malabaristas y comisarios de la Unión Europea desafían las caducas leyes de la decencia. Y, por supuesto, no hay publicidad que se precie en la que no aparezca el primordial y súper barbado hipster (a ser posible acompañado por un par de gafas gigantes) para vendernos su buen rollito y sus pepinos, su cerveza negra sin alcohol o su cerdo volando. Cosas de la modernidad.
3ª - Estamos en plena decadencia del sistema. La adopción de la barba es un signo inequívoco. Ya sucedió una vez, en Roma. A partir del siglo II d.C. los emperadores romanos, que hasta entonces se presentaban bien afeitaditos ante sus súbditos, adoptaron el uso de la barba al estilo griego, con la consiguiente imitación por parte de un pueblo que amaba a sus líderes. El primero fue Adriano, con el fin de tapar ciertas antiestéticas marcas de viruela, y aquello tuvo un éxito sin precedentes que duró hasta los tiempos del emperador Constantino. Luego se mantuvo, ya en plena decadencia, por influjo de los pueblos bárbaros, que presionaban cada vez más en las peluquerías de las fronteras. El último emperador romano de Occidente, el inconsistente Rómulo Augústulo, lucía barba el día que entregó para siempre la Ciudad Eterna.

Conclusión: tal vez estemos a las puertas de una nueva Edad Media. O quizás se trate tan solo de una moda pasajera. El caso es que cuando esto pase y todos vuelvan a confiar en su buena presencia es bueno que alguien tan original y auténtico, tan poco apegado a las modas como el que escribe mantenga su barbarroja, como símbolo de un tiempo que, para bien o para mal, ya se marchó.

lunes, 26 de agosto de 2013

AQUÍ VIVIÓ LA REINA DE SABA


Todos somos de carne y hueso, y solo a veces estamos hechos de pensamiento. Luego, antes o después, la NADA. De ahí que resulte tan extraño el camino de la fama. La fama cuesta, decían. Puedes pasarte la vida buscándola y al final no encontrarla. Puedes haber nacido en ella, o también tropezártela en una esquina cualquier mañana inesperada. Puedes no quererla e incluso llegar a odiarla. La fama... que a menudo llega con la muerte y el tiempo, cuando ya no somos ni carne ni huesos, ni siquiera pensamiento.
Por eso me hace gracia tanta placa, tanta inscripción generalizada. Aquí vivió la reina de Saba. En esta casa nació el papa. Los muros de esta cárcel vieron las primeras líneas del Quijote. Este es el primer Water Closet en el que cagó Isabel Primera de Inglaterra. Aquí Cristo sudó sangre. Aquí guardamos el brazo incorrupto de Santa Teresa, allí dos de las cabezas de Juan el Bautista. Aquí Van Gogh perdió la oreja. En este solar se hallaba el convento en el que moró Calderón de la Barca. Este teatro reconstruye el auténtico The Globe, situado originalmente a unos cientos de metros de aquí, en el que vieron la luz las grandes obras de Shakespeare. En esta casa de Salzburgo comió Mozart. En esta casa de Praga tocó Mozart. En esta casa de Viena sesteó Mozart. En esta habitación fue encontrada Marilyn Monroe. En esta butaca de cine fue detenido Lee Harvey Oswald. Esta es la cocina de gas de Sylvia Plath, ese es el camastro de Ana Frank, aquella la cortina de baño de Psicosis, firmada por el mismo Hitchcock. En este camping trabajó de lo que pudo Roberto Bolaño, bajo este mostrador dormía el joven Baroja, en esta taberna no estuvo Hemingway. Esta esquina aparece en tal libro, aquí están las huellas de la pequeña Shirley Temple. En este olivar fue enterrado Lorca. En este muro fue fusilada la libertad. En esta plaza rodaron cabezas, se irguieron guillotinas, ejecutó y fue ejecutado Robespierre. Y en esta otra un loco disparó a John Lennon.
Hacia el final, aquí yace Jim Morrison... porque también hay tumbas y tumbas, y lápidas y lápidas...
Las autoridades gestionan la fama, sí, y las instituciones y las familias y los mistificadores. Peregrinaciones, reproducciones, habitaciones ciclorama, metacrilatos, souvenirs, dinero fresco. La fama... ¿Qué haría el pensamiento, si volviera?

jueves, 8 de agosto de 2013

LEE, RESISTE


Lee, resiste, y si tienes hijos, que sepan que lees, que vean que lees, que te gusta leer. Lee con ellos, desde que son bebés, y cuando ya sepan hacerlo por si mismos, guía sus pasos sin agobiarlos demasiado, habla de tus libros, tus personajes favoritos, llévatelos a la biblioteca, que aprendan a usarla, y a las librerías, a los mercadillos de libros, que los toquen, que los huelan. Que los libros sean algo tan habitual como el cepillo de dientes. Que no sean una imposición escolar. Déjales ese legado en forma de hábito.
La lectura les permitirá viajar, conocer el mundo, mejorar su expresión, aumentar su vocabulario y capacidad crítica, les permitirá, en definitiva, ser tolerantes con la diferencia, libres y conscientes de sus decisiones, dueños de su futuro y preparados para un tiempo no muy lejano en el que casi seguro tendrán que luchar por unos derechos que ahora mismo nos estamos dejando robar. Preparados para no dejarse engañar por los líderes, por la fe que no exige entendimiento, por aquellos a los que les conviene convertirnos en dócil animal de trabajo y de consumo.
La vida es un laberinto. La lectura, una brújula que puede ayudarlos a comprenderla.
Que tus hijos lean y resistan.

miércoles, 17 de julio de 2013

LOS PAPELES DE CERVANTES (O LA HISTÓRICA BANCARROTA DEL REINO)

En una celda de Sevilla se gestó El Quijote

Salvando las distancias (que ahora se recorren en mucho menos tiempo), el Siglo de Oro se parece mucho a este siglo XXI tecnológico reumático y desgastado que nos ha tocado sufrir, al menos en lo que tiene que ver con este triste e ingenioso país llamado España. Las bancarrotas se sucedieron una y otra vez a partir de Felipe II. Las arcas del Reino, supuestamente llenas del oro arrancado al Nuevo Mundo, estaban en realidad vacías gracias al arte de los prestamistas y los primeros bancos. El rey se dejaba llevar por delirios contrarreformistas, edificaba una parrilla de megalómano de la que surgió el más famoso dicho sobre las grandes obras: va a durar más que la construcción de El Escorial. Las capitales se sucedían e intercambiaban siguiendo el desfile de la Corte, la misma que despilfarraba sin medida mientras que el hambre campaba a sus anchas por las tierras de Castilla. Había donjuanes, alcahuetas que arreglaban virgos, curas charlatanes, adivinos, tahúres, sacristanes, gente decidida a medrar, putas, soldados repatriados sin oficio ni beneficio, caballeros pobres de consideración envueltos de apariencia, chalanes, galanes, enanos, jamones, mamones, monjas, pícaros, perros flacos semejantes a licenciados... Y poetas dedicados a sus juegos florales, dramaturgos dándose de aldabonazos, pintores de cámara, inquisidores, frailes... ¿Ladrones de guante blanco? También. Si pillaron a Cervantes es porque socialmente no era nadie. Sí, nuestro Cervantes Saavedra, don Miguel. Nadie está libre de pecado. Ni siquiera Cervantes. Al que se le atribuyen estas quintillas que ironizan sobre la bancarrota del Reino:


Quedar las arcas vacías 
donde se encerraba el oro 
que dicen que recogías, 
nos muestra que tu tesoro
en el cielo lo escondías.

El mismo Cervantes que fue recluido en la Cárcel Real de Sevilla allá por el año 1597. ¿Los motivos? Seguro que os suena algo así como apropiación indebida de fondos públicos. Muchos años después lo de Argel fue encarcelado por las autoridades sevillanas cuando advirtieron ciertas irregularidades en los cuadernos de cuentas que utilizaba en su trabajo como recaudador de impuestos (en Andalucía). Se dice que Cervantes dio con sus huesos en la celda por el abuso de poder del juez que llevaba la diligencia. Mi sensación es que tocó mucho los huevos a los terratenientes andaluces y en cuanto pudieron le tendieron una trampa (eso es lo que diría su abogado, jeje). ¿Lo único bueno? Pues que, tal y como indica el propio autor en el prólogo, allí, en una celda de Sevilla, se gestó El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
Y mucho tiempo después, lo habitual en estos casos. Cuando Cervantes se convirtió en el más grande escritor de nuestras letras, las doctas y orgullosas autoridades hicieron lo que había que hacer: dejaron un rastro de placas a lo largo de la calle de Sierpes y otros puntos estratégicos de Sevilla, como Dios manda, para que nadie olvidara a tan insigne visitante de la Cárcel Real.

miércoles, 19 de junio de 2013

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO, DE STANLEY KUBRICK


Para regresar, no se me ocurría nada mejor que compartir un pedazo de esta obra maestra. En realidad hay poco que decir, o tal vez haya que decirlo todo. Aconsejo a los incrédulos que todavía no le han encontrado la gracia a 2001: Una odisea del espacio (1968), que vuelvan a verla una y otra vez. Más allá de monolitos más o menos extraños, Kubrick habla del hombre y su relación con la creación (como criatura, como creador, como dominador y dominado). 
De sus cuatro partes me quedo con El amanecer del hombre. Uno de los comienzos más brutales de la historia del cine. Fondo negro que dura minutos eternos mientras la música nos atenaza. BIG BANG. Y después de la mayor elipsis temporal jamás creada, el nacimiento del hombre. Así habló Zarathustra. Apenas diez minutos resumen miles de años de evolución de nuestra especie hacia la conquista tecnológica y la dominación de los otros. ¿El culpable? Por supuesto, Stanley Kubrick. Siempre imprescindible.
Nada más que decir. Cada imagen de este inicio vale más que mil palabras. Ahí os las dejo:



En Youtube.

miércoles, 12 de junio de 2013

EL VIAJE DE LAURA (AMOR DE PADRE SECOND COMING)



Primero llegó el pequeño rey Marconi. Ahora comienza ese extraño viaje que es la vida para Laura. ¡Mucha suerte y bon voyage!

martes, 21 de mayo de 2013

PARADO EN UNA PIEDRA, DE CÉSAR VALLEJO

Lisette Model

Parado en una piedra,
desocupado,
astroso, espeluznante,
a la orilla del Sena, va y viene.
Del río brota entonces la conciencia,
con peciolo y rasguños de árbol ávido:
del río sube y baja la ciudad, hecha de lobos abrazados.

El parado la ve yendo y viniendo,
monumental, llevando sus ayunos en la cabeza cóncava,
en el pecho sus piojos purísimos
y abajo
su pequeño sonido, el de su pelvis,
callado entre dos grandes decisiones,
y abajo,
más abajo,
un papelito, un clavo, una cerilla...

¡Este es, trabajadores, aquel
que en la labor sudaba para afuera,
que suda hoy para adentro su secreción de sangre rehusada!
Fundidor del cañón, que sabe cuántas zarpas son acero,
tejedor que conoce los hilos positivos de sus venas,
albañil de pirámides,
constructor de descensos por columnas
serenas, por fracasos triunfales,
parado individual entre treinta millones de parados,
andante en multitud,
¡qué salto el retratado en su talón
y qué humo el de su boca ayuna, y cómo
su talle incide, canto a canto, en su herramienta atroz, parada,
y qué idea pie dolorosa válvula en su pómulo!

También parado el hierro frente al horno,
paradas las semillas con sus sumisas síntesis al aire,
parados los petróleos conexos,
parada en sus auténticos apóstrofes la luz,
parados de crecer los laureles,
paradas en un pie las aguas móviles
y hasta la tierra misma, parada de estupor ante este paro,
¡qué salto el retratado en su tendones!
¡qué transmisión entablan sus cien pasos!
¡cómo chilla el motor en su tobillo!
¡cómo gruñe el reloj, paseándose impaciente a sus espaldas!
¡cómo oye deglutir a los patrones
el trago que le falta, camaradas,
y el pan que se equivoca de saliva,
y, oyéndolo, sintiéndolo, en plural, humanamente,
¡cómo clava el relámpago
su fuerza sin cabeza en su cabeza!
y lo que hacen, abajo, entonces, ¡ay!
más abajo, camaradas,
el papelucho, el clavo, la cerilla,
el pequeño sonido, el piojo padre!


VALLEJO, C., Poemas humanos, 1939

martes, 14 de mayo de 2013

CHRIS HADFIELD SPACE ODDITY


El Comandante Chris Hadfield ha cumplido con su misión en la Estación Espacial Internacional. Además de las funciones propias de su puesto, este astronauta canadiense nos ha acercado como nadie a la vida cotidiana en el espacio. En cierto modo ha humanizado con sus tweets y sus vídeos ese entorno aséptico y aparentemente incómodo en el que le ha tocado vivir durante unos meses. Y al humanizarlo lo ha hecho, si cabe, más atractivo aún. 
Nos ha mostrado el comportamiento de objetos, fluidos y sólidos, más allá de la atmósfera. Nos ha enseñado lo difícil que es llorar en gravedad cero. Le hemos visto la cara amable al asunto. Nos ha provocado sorpresas y sonrisas, eso que tanto nos falta al otro lado. Pero sobre todo ha demostrado que la creatividad y las buenas ideas también fluyen por ahí arriba.
Ahora ya está de vuelta a la Tierra, pero el pasado sábado quiso despedirse a lo grande emulando a David Bowie. Ahí va el cover de "Space Oddity", desde la Estación Espacial Internacional. Buen viaje.



En Youtube.

viernes, 19 de abril de 2013

DÓNDE LEER


Irreductibles lectores, ávidos devoradores de libros, seres siempre a un texto pegados, lo sé, no podéis dejarlo cuando la historia engancha verdaderamente. No podéis dejar de leer, lo sé. Pero cómo, dónde leer cuando la vida moderna os arrastra al movimiento continuo, cuando las pequeñas cosas del día a día (comer, trabajar, emborracharse) os obligan a interrumpir el curso natural de las cosas.
No siempre tenemos el tiempo libre necesario para sentarnos cómodamente en nuestra butaca de lectura, acariciados por la luz del sol, que penetra agradable y tamizada a través del amplio ventanal (ver la primera fotografía). Habitualmente tenemos demasiadas cosas que hacer, sí. Incluso estando en casa. Pero no os preocupéis, hay solución para todo. ¿Que toca darse un baño? No dudéis en llevaros vuestro libro a la bañera. Este práctico atril, acompañado de dos copitas de champaña, os ayudará a pasar el trance de la manera más sosegada.


Claro que hay otras muchas cosas que hacer en el baño. Que levante la mano el primero que no se haya llevado el Quijote al trono o que no haya olvidado, debido a su enfrascamiento lector, reponer el papel higiénico.


En la cocina el asunto se vuelve peliagudo, sobre todo si hablamos de esos absurdos libros de recetas. Por favor, recordad siempre que no hay que leer cerca del fuego. Luego pasa lo que pasa. Y tampoco vale adoptar ese método de iluminación cuando saltan los plomos. Os aseguro que el mensaje se autodestruirá rápidamente.


Pero la vida moderna nos obliga a abandonar nuestros confortables cubículos y salir a campo abierto, a las calles llenas de individuos que se acumulan en nuestras ciudades abarrotadas. Y aunque ir a trabajar leyendo a pie es una opción de lo más saludable, hay que reconocer que es poco operativa para distancias largas. 
Sed partidarios del servicio público, la forma más adecuada para viajar y leer al mismo tiempo. Nada como darle a Rimbaud o a Kierkegaard en el Metro, haciéndonos los intelectuales. Eso sí, tal comportamiento tiene sus pros y sus contras. Ocultos tras las páginas podréis disimular cuando entre una embarazada en el vagón repleto, pero a menudo tendréis que soportar a los que se aprovechan de vuestro ejemplar de Una estación en el Infierno por encima del hombro.


Otra iniciativa más individualista y ecológica puede pasar por el uso de la bicicleta. Me diréis que no es compatible la lectura con la conducción de vehículos peligrosos, y menos si los mismos sólo disponen de dos ruedas. Y os equivocaréis. Hoy en día el que no lee es porque no quiere. Fijaos en el impresionante kit de lectura instalado en el manillar de esta bicicleta, con un atril preparado tanto para libros convencionales como para Ipad y libro electrónico.


En fin, también cabe hacer carrera durante toda la vida para acabar experimentando qué se siente al leer en gravedad cero. Así se entretenía Collins mientras que sus compañeros daban botes en la Luna.


Tampoco descuidéis la lectura en los espectáculos públicos. Los campos de fútbol están llenos de lectores empedernidos. Algunos porteros se aburren tanto de leer el partido que se llevan alguna novelita fresca para dejarla junto al poste. Lo malo es que ataque de improviso el equipo contrario y te toque meter la pierna a destiempo. Los periodistas siempre dirán que os habréis merecido la expulsión, que ha sido un penalti de libro.


La vida es corta e intensa, así que si os morís de ganas de seguir leyendo siempre podréis acudir a estos ataúdes exclusivos. 


En cualquier caso no hay que obsesionarse demasiado. ¿Que queréis leer y no sabéis dónde? Os recomiendo unos sitios muy interesantes y tranquilos donde no resulta difícil concentrarse al máximo. Me parece que se llaman bibliotecas, o algo así.


Os aseguro que al volver a casa os encontraréis más que rendidos tras todo un día de lectura absorbente. Aún así, si todavía queréis más, os recomiendo llevaros la lectura a la cama, o mejor, que alguien os cuente un cuento. ¿No os pesan los ojos? Felices sueños.


jueves, 4 de abril de 2013

THE MATE, UNA PRODUCCIÓN DE JORGE ALONSO (O LA NUEVA FORMA DE HACER CINE)


Increíble pero cierto. En un país roto por la evidente crisis económica y moral, en el que las instituciones arruinadas dan la espalda al mundo del arte y la cultura en general, como si fueran elementos accesorios, decorativos y prescindibles, va a ser muy difícil hacer cine durante bastante tiempo, a no ser que seas uno de los consagrados (y aún éstos, con mucho esfuerzo). Tachado de "farandulero" y "acaparador de subvenciones", el gremio del cine tiene en España una imagen negativa fomentada por ciertos círculos de poder (político, económico y empresarial), que no siempre ven con buenos ojos la libertad creativa y de expresión que siempre ha demostrado el Cine Español. Las formas de obtener financiación para hacer una película se están restringiendo de manera alarmante, lo que implica un cambio de modelo de producción. Un cambio que, bien conducido, puede llevar a la transformación del sistema cinematográfico español en una verdadera industria.
Increíble, pero cierto. Un cambio de mentalidad a la hora de afrontar los proyectos, una nueva forma de producir cine basada en una actitud de confianza absoluta y un tesón inquebrantable frente a los posibles fracasos. Este es el caso de Jorge Alonso, actor y productor, que lleva dos años persiguiendo su sueño: The Mate
The Mate es una película de género, una pesadilla que pretende removernos en nuestros cómodos asientos, una apertura a nuevas, cercanas e inquietantes dimensiones.
Increíble pero cierto. Aunque el terror es un género que desde hace algunos años ha sido revitalizado con éxito en nuestro propio cine por figuras como Balagueró, Plaza y otros muchos aventureros, todavía resulta complicado, frente a la maquinaria hollywoodiense, apostar por lo de casa. Por eso el sueño de Jorge Alonso se convirtió en una pesadilla. Dos años viviendo para y por la película, llamando puertas, recibiendo palmaditas condescendientes, pateando las calles, los aeropuertos y las redes sociales para hacer realidad su película. Dos años de tristezas y alegrías en los que lo único prohibido era tirar la toalla. Sólo un loco aguantaría tanto. Así lo reconoce en una reciente entrevista para Torrado Planet. Y ese loco, Jorge Alonso, asiente, sonríe ahora, porque The Mate ya está en camino.
La clave está en la solidez del proyecto. Parece contradictorio combinar ambos términos, hablar de solidez de algo que todavía no es, pero creedme, una buena planificación de los pasos a seguir es fundamental para obtener el resultado esperado. Quizá lo importante sea el camino... Jorge Alonso creó su propia productora, Dream's Young Films, se rodeó de un buen número de profesionales que apoyaron el proyecto sin fisuras y acometió el paso decisivo de la búsqueda de financiación de The Mate. Pero el punto de inflexión que, desde mi punto de vista, va a posibilitar que The Mate se lleve a cabo, es (y tomad nota) la arriesgada decisión de rodar a pesar de no tener aún la financiación cerrada. En efecto, Jorge Alonso puso fecha para el rodaje (mayo de 2013). Tenía una historia brutal y además al equipo técnico, actores y profesionales, dispuestos a todo. Y fue entonces cuando, gracias a esa determinación, los posibles inversores despejaron todas sus dudas y dieron el sí definitivo.
Increíble pero cierto, sí. Ahora The Mate está en fase de preproducción y en breve comenzará el rodaje. La utilización del inglés facilitará su distribución posterior en el mercado anglosajón. Desde aquí auguro los mayores éxitos a este proyecto. Lo mejor de todo es saber que el esfuerzo puede llevarte a donde quieras, por muy loca, extraña o peregrina que pueda parecerte una idea. Mantened incansables la ilusión, creed siempre en vuestras posibilidades.
De momento os dejo con el cartel publicitario en movimiento (interesante novedad promocional) de The Mate. Disfrutad.

Título: The Mate
Dirección: Jordi Valls Freixa
Guion: Carmen Tudel
Producción: Jorge Alonso Muñoz



En Youtube.

martes, 12 de marzo de 2013

EQUIVÓCATE, BE HAPPY (ERASMUS VIVE)


Qué razón tenía Erasmo (sí, el de Rotterdam) en casi todo lo que sugería. Príncipe de los humanistas, padre ideológico de Cervantes y gran olvidado de nuestros tiempos, al autor de Elogio de la Locura se le relaciona hoy en día (casi con exclusividad) con la beca de intercambio etílico-universitario europeo que ahora quieren recortar drásticamente (qué mala fama se ha forjado tan noble iniciativa que en su día me hizo vivir y disfrutar de Roma). Pero hacedme caso, revisad sin miedo ese Moriae Encomium, ese Elogio de la Locura, y podréis encontrar numerosas joyas del pensamiento, claramente contemporáneas. Por ejemplo, os dejo el comienzo del pasaje 45, en el que Erasmo sentencia con su habitual acierto no exento de buen humor sobre ese afán tan humano de no equivocarse. ¿Os parece o no actualizado?

(45) La gente cree que equivocarse es una desgracia; pero es mucho mayor no equivocarse. Yerran, por lo tanto, de medio a medio los que piensan que la felicidad del hombre radica en las cosas. Más bien depende de la opinión que se tenga de ellas. En definitiva, el espíritu del hombre está hecho de tal manera que capta mejor la apariencia que la realidad. Si alguien quiere una prueba de lo que digo, que vaya a la iglesia a la hora del sermón: todos dormitan, bostezan y se aburren si se expone algo serio. Pero si el que grita (perdón, quería decir el orador) comienza, como es costumbre con una historieta de viejas, se despabilan, atienden y escuchan boquiabiertos...

DE ROTTERDAM, E., Elogio de la Locura, (45),1511

martes, 19 de febrero de 2013

RAYUELA, CINCUENTA AÑOS


Pues sí, ayer mismo Rayuela cumplía en silencio cincuenta jóvenes años. Había germinado lentamente en la cabeza de Julio Cortázar, disponiendo sus facetas multiformes, acondicionando sus diversos estadios, alineando y desordenando sus paredes de tiza y posibilidad... mandala-cielo, ser y no estar, con esos propósitos del juego y la diferencia tan de la época. Aquel engendro olía a jazz y sabía a humo, prometía un tableteo de lluvia en el Quartier Latin y resonaba a mate, a inmigración universal. Con un argumento que podría repetirse en cualquier momento de cualquier lugar, y que por eso es único: un cruce de destinos, una comunicación de vicios, obsesiones y creatividad sólo posible a través de la mezcla de presencias, ideas y puntos de vista. Tal es la condición humana, ayer, hoy y siempre, por mucho que algunos quieran separarlo todo en compartimentos estancos, en cajones, títulos y fronteras.
Había germinado en la cabeza... a Cortázar le salían conejos de la chistera y se le adherían los pullovers al cuerpo, al mismo Cortázar al que le tomaban la casa las mancuspias que se le iban escapando, los axolotes le miraban a la cara hasta hacerle cruzar los espejos y la obsidiana de los motecas... al mismo y distinto Julio. Y allí había estado dándole a la tecla en los tiempos de la revolución cubana y construyendo un extraño modelo para armar Oliveiras y Magas y Rocamadoures y Morellis, entre otros muchos sueños de collage y de ritmo. Construyendo un no-libro o tantos libros como lectores posibles.
Pues sí, ayer mismo Rayuela cumplía en silencio cincuenta jóvenes años. Había nacido el 18 de febrero de 1963 en las calles de Buenos Aires, de la mano de la Editorial Sudamericana, buscando el cielo de un lector cómplice. Un no-libro que sus lectores convirtieron en libro, como el mismo sorprendido Cortázar confiesa:



Desde entonces una legión de jóvenes y no tan jóvenes lectores y lectoras bebió y aceptó y poseyó como suyo el lado extraño de la literatura que abrazaba Rayuela, texto aparentemente alejado del realismo pero, sin embargo, mucho más certero que las formas narrativas tradicionales a la hora de afrontar la percepción de la realidad por parte de los individuos. Una legión. A lo largo del espacio y el tiempo.
En ese inmenso mapa de lectores me podríais ver hace casi veinte años, por primera vez. Y luego hace diez, y hace cinco, y a menudo reencontrando, salteando, revolviéndome en algún capítulo concreto, en numerosas frases absueltas. Volviendo con placer al no-libro.
Rayuela es en sí un objeto sorprendente. Ya tiene cincuenta años pero a veces me parece un adolescente alocado, otras una vieja sabia atravesando los siglos, a veces es ruido y juego de niños, otras seso y náusea y tragedia, a veces es París y a veces Buenos Aires y América entera y casi siempre España y mi casa y mi cama y mi pupila dilatada, a veces Grecia y Allan Poe y Montparnasse y otras el mar el cafetín el calcetín arrugado, a veces nada y casi siempre espejo y tiempo y aleph y noema.
Felicidades, Rayuela. Ya sé que lo sabes. Te quiero. Entre otras cosas, por esto. En un momento dado tus personajes constituyen una especie de club de lectura en el que escrutinan la obra de Morelli (alter ego de tu papá Cortázar). Y esa metafísica o pataliteratura en la que Cortázar se deja analizar por sus ficciones, gran capítulo 141, es lo que ahora quiero dejar por aquí:


141

No llevaba muchas páginas darse cuenta de, que Morelli apuntaba a otra cosa. Sus alusiones a las capas profundas del Zeitgeist, los pasajes donde la ló(gi)ca acababa ahorcándose con los cordones de las zapatillas, incapaz hasta de rechazar la incongruencia erigida en ley, evidenciaban la intención espeleologica de la obra. Morelli avanzaba y retrocedía en una tan abierta violación del equilibrio y los principios que cabría llamar morales del espacio, que bien podía suceder (aunque de hecho no sucedía, pero nada podía asegurarse) que los acaecimientos que relatara sucedieran en cinco minutos capaces de enlazar la batalla de Actium con el Anschluss de Austria (las tres A tendrían posiblemente algo que ver en la elección o más probablemente la aceptación de esos momentos históricos), o que la persona que, apretaba el timbre de una casa de la calle Cochabamba al mil doscientos franqueara el umbral para salir a un patio de la casa de Menandro en Pompeya. Todo eso era más bien trivial y Buñuel, y a los del Club no se les escapaba su valor de mera incitación o de parábola abierta a otro sentido más hondo y escabroso. Gracias a esos ejercicios de volatinería, semejantísimos a los que vuelven tan vistosos los Evangelios, los Upanishads y otras materias cargadas de trinitrotolueno shamánico, Morelli se daba el gusto de seguir fingiendo una literatura que en el fuero interno minaba, contraminaba y
escarnecía. De golpe las palabras, toda una lengua, la superestructura de un estilo, una semántica, una psicología y una facticidad se precipitaban a espeluznantes harakiris. ¡Banzai! Hasta nueva orden, o sin garantía alguna: al final había siempre, un hilo tendido más allá, saliéndose del volumen, apuntando a un tal vez, a un a lo mejor, a un quién sabe, que dejaba en suspenso toda visión petrificante de la obra. Y esto que desesperaba a Perico Romero, hombre necesitado de certezas, hacía temblar de delicia a Oliveira, exaltaba la imaiginación de Etienne, de Wong y de Ronald, y obligaba a la Maga a bailar descalza con un alcaucil en cada mano.
A lo largo de discusiones manchadas de calvados y tabaco, Etienne y Oliveira se habían preguntado por qué odiaba Morelli la literatura, y por qué la odiaba desde la literatura misma en vez de repetir el Exeunt de Rimbaud o ejercitar en su temporal izquierdo la notoria eficacia de un Colt 32. Oliveira se inclinaba a creer que Morelli había sospechado la naturaleza demoníaca de toda escritura recreativa (¿y qué literatura no lo era, aunque sólo fuese como excipiente para hacer tragar una gnosis, una praxis o un ethos de los muchos que andaban por ahí o podían inventarse?). Después de sopesar los pasajes más incitantes, había terminado por volverse sensible a un tono especial que teñía la escritura de Morelli. La primera calificación posible de ese tono era el desencanto, pero por debajo se sentía que el desencanto no estaba referido a las circunstancias y acaecimientos que se narraban en el libro, sino a la manera de narrarlos que —Morelli lo había disimulado todo lo posible— revertía en definitiva sobre lo contado. La eliminación del seudo conflicto del fondo y la forma volvía a plantearse en la medida en que el viejo denunciaba, utilizándolo a su modo, el material formal; al dudar de sus herramientas, descalificaba en el mismo acto los trabajos realizados con ellas. Lo que el libro contaba no servía de nada, no era nada, porque estaba mal contado, porque simplemente estaba contado, era literatura. Una vez más se volvía a la irritación del autor contra su escritura y la escritura en general. La paradoja aparente estaba en que Morelli acumulaba episodios imaginados y enfocados en las formas más diversas, procurando asaltarlos y resolverlos con todos los recursos de un escritor dueño de su oficio. No parecía proponerse una teoría, no era nada fuerte para la reflexión intelectual, pero de todo lo que llevaba escrito se desprendía con una eficacia infinitamente más grande que la de cualquier enunciado o cualquier análisis, la corrosión profunda de un mundo denunciado como falso, el ataque por acumulación y no por destrucción, la ironía casi diabólica que podía sospecharse en el éxito de los grandes trozos de bravura, los episodios rigurosamente construidos, la aparente sensación de felicidad literaria que desde hacía años venía haciendo su fama entre los lectores de cuentos y novelas. Un mundo suntuosamente orquestado se resolvía, para los olfatos finos, en la nada; pero el misterio empezaba allí porque al mismo tiempo que se presentía el nihilismo total de la obra, una intuición más demorada podía sospechar que no era ésa la intención de Morelli, que la autodestrucción virtual en cada fragmento del libro era como la búsqueda del metal noble en plena ganga. Aquí había que detenerse, por miedo de equivocar las puertas y pasarse de listo. Las discusiones más feroces de Oliveira y Etienne se armaban a esta altura de su esperanza, porque tenían el pavor de estarse equivocando, de ser un par de perfectos cretinos empecinados en creer que no se puede levantar la torre de Babel para que al final no sirva de nada. La moral de occidente se les aparecía a esa hora como una proxeneta, insinuándoles una a una todas las ilusiones de treinta siglos inevitablemente heredados, asimilados y masticados. Era duro renunciar a creer que una flor puede ser hermosa para la nada; era amargo aceptar que se puede bailar en la oscuridad. Las alusiones de Morelli a la inversión de los signos, a un mundo visto con otras y desde otras dimensiones, como preparación inevitable a una visión más pura (y todo esto en un pasaje resplandecientemente escrito, y a la vez sospechoso de burla, de helada ironía frente al espejo) los exasperaba al tenderles la percha de una casi esperanza, de una justificación, pero negándoles a la vez la seguridad total, manteniéndolos en una ambigüedad insoportable. Si algún consuelo les quedaba era pensar que también Morelli se movía en esa misma ambigüedad, orquestando una obra cuya legítima primera audición debía ser quizá el más absoluto de los silencios. Así avanzaban por las páginas, maldiciendo y fascinados, y la Maga terminaba siempre por enroscarse como un gato en un sillón, cansada de incertidumbres, mirando cómo amanecía sobre los techos de pizarra, a través de todo ese humo que podía caber entre unos ojos y una ventana cerrada y una noche ardorosamente inútil.

CORTÁZAR, J., Rayuela, Capítulo 141
(1963)