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viernes, 4 de febrero de 2011

LA NOCHE SE MUEVE (III: DIAGNÓSTICO)


Oigo voces. Sé que vuelven hacia mí los ojos, las manos habituales, el rayo que trepana la retina, el mentón que predica con el ejemplo sobre la inocencia de los discípulos. Ajeno a mi presencia, el personal facultativo examina el funcionamiento del osciloscopio. Comentaristas de mi estado. Palabras que anuncian un lapso impreciso, especulaciones que aventuran la evolución del coma. Me pregunto qué será para ellos el tiempo. A pesar de la extrema categorización que exige la ciencia, si la noche se mueve hay una parte del tiempo que no puede subsistir. Ignoro las respuestas. Sólo escucho. Es preciso salir de mi letargo, escudriñar la blandura de las voces: Tiene el cerebro bloqueado, un dedo señala la onda plana, la mancha oscura que emborrona un cráneo, allá, retratado por la impúdica radiografía, sin duda alguna, parece haber desarrollado un coágulo importante, quieren que la ciencia pondere sus progresos, quieren agujerearme la cabeza, analicemos con rigor la situación, aún no podemos hablar, desde luego, de éxito, no, no me toquéis, el vacío persiste, no obstante, en su avance, es preciso volver a intervenir, no, dejadme, apartad vuestras sucias manos, ¡dejadme, dejadme en paz!, vamos, hay que intubarlo…

La noche se mueve (I:Algo se mueve)
La noche se mueve (II: Minotauro)

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