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miércoles, 23 de noviembre de 2011

ENTREGA DE PREMIOS DEL VI CONCURSO "YO DONA" DE ARTES VISUALES CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Como ya sabéis, y gracias a todos vosotros, acabo de recibir el 2º Premio en la modalidad Gráfica en el VI Concurso de Artes Visuales contra la Violencia de Género, organizado por la revista "YO DONA", la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, el Instituto Europeo di Design (IED Madrid), FNAC y Mobext. La entrega de premios y la inauguración de una exposición de los carteles ganadores y finalistas tuvo lugar el pasado viernes 18 de noviembre de 2011 en el Forum de FNAC Callao. Podéis leer la crónica del acto aquí.
Allí estuve, muy bien acompañado. Podéis observarme posando junto al cartel de marras, No hagas un mal trato. Por cierto, que estas fotos existan se debe a la buena voluntad de Talía Luis Casado, que además de pasarse por allí tuvo a bien el asunto de darle al botón de mi vetusta cámara (mil gracias por todo, Talía, no sé ya cuántas te debo).


No os aburro más. Dejo aquí un par de fotografías para dejar constancia de un premio que, repito, es vuestro. Arriba, en la foto de familia, de izquierda a derecha, Marisa Santamaría, directora de comunicación del Instituto Europeo de Design (IED), Alba Fernández Alba, Primer Premio en categoría de Vídeo, yo mismo, 2º Premio en categoría Gráfica, María José Pérez-Cejuela, directora general de la Mujer de la Comunidad de Madrid, Charo Izquierdo, directora de "Yo Dona", Maore Sagarzazu Zurutuza, Primer premio en categoría Gráfica, María Olías, directora de Marketing y Comunicación de FNAC y Crispín Avís Gómez, 2º Premio en categoría de Vídeo. Debajo, un tal Luis Morales con los papeles en la mano.
GRACIAS A TOD@S.

martes, 22 de noviembre de 2011

PÉNDULO (REVISITADO PARA ESTOS TIEMPOS SIN GLORIA)

Cualquier noche os descorazonaremos la acrobacia.
Su hélice nos aturde y mesmeriza.
No conocemos el péndulo.
El pozo se enfrenta al último nido sin clámides.
Hay un intruso entre las cuentas de vidrio.
Hay una torre de profundidad que vacila en las cosquillas,

una pluma que se tambalea.
Hay un trasbordador abandonado al musgo,

un ejército de hormigas que desencadena el abordaje
desde obsoletos carritos comerciales.
Hay madrugadas en las que rezuman

los rapsodas prosternados en la isla,
henchidos de celofanes,
instigados desde un catalejo de lejanías.
Si no hubiérais contenido vuestro cuerpo…
Hay quien sabrá expulsaros de la tierra

porque llega la incógnita media hora del delfín.
Estáis en la arista del sueño.

Practicabais un deporte errabundo.
Giraréis en el aire sin espejos.
Cualquier noche os birlaremos las mañanas.


jueves, 17 de noviembre de 2011

EL MENÚ DE GSÚS BONILLA

Gsús Bonilla. Montaje a partir de una fotografía de Patty de Frutos

Hay mucho que decir sobre este hombre encaramado como pocos a la vida, sobre este hombre, repito, porque su verdadera dimensión no puede circunscribirse a la solitaria, reduccionista y pretenciosa etiqueta de "poeta", porque hay algo más, mucho más, perceptiblemente expuesto a la vista de todos, definitivamente limpio y frágil, que se aloja en cada verso de Gsús Bonilla, pero también en cada gesto, cada rabia y cada ausencia.
Lo conozco desde la lejana barra del Bukowski Club, he conocido sus puntos de vista en los momentos compartidos en La Vida Rima y sé de sus artes de prestidigitador, cómo hila, cómo trabaja y es capaz de encender nuestros sueños gracias a la fantástica labor de coordinación que hasta hace muy poco ejercía en la revista dedicada al cuento "Al Otro Lado del Espejo". Y todo, absolutamente todo bajo el claro sello de la HUMILDAD.
Nunca veremos a un Gsús Bonilla endiosado, nunca lo atraparemos jugando al retruécano y el ataque por la espalda, nunca. Conoce y respeta, como debiéramos hacer todos, sus orígenes, se compromete para luchar por un mundo mejor, entra en acción, consciente de ser David contra Goliath, pero siempre con la verdad por delante, con la voz por delante, diciendo las cosas a la cara.
Detesta las rencillas literarias, los montajes mediáticos, los conciliábulos, las escuelas y movimientos, los mamoneos de este mundillo en el que la mayoría se mueve por interés. Supongo que a veces se siente como un pájaro extraño en nido ajeno, y que esa tendencia a alejarse del mundanal ruido lo redime a menudo del más absoluto desencanto.
Y ahora sí, intuimos que quizá por eso, por todo eso es POETA de verdad en un océano de poesía diletante. No busquéis en su obra el brillo de la técnica, los excesos estilísticos, la excelsa métrica o el barroquismo artificial. No busquéis tampoco el autorretrato simplista, la recalificación del propio ego, no un yo-yo, sino un yo a secas. Gsús Bonilla es ya un gran poeta porque ha encontrado la manera de explicarnos el universo, su universo, en un grano de arena. Como bien apuntó el otro día el artista y escritor Ángel González González, Gsús Bonilla ha encontrado la voz propia, y esa situación con la que todo poeta sueña, amigos, se ha dado felizmente aquí y tan cerca, que hasta yo mismo me estremezco. Resulta más que probable que la designación de Ovejas esquiladas, que temblaban de frío (Bartleby, 2010), su anterior poemario, entre las obras finalistas del Premio Nacional de Poesía 2010 tenga mucho que ver con esa voz propia que algunos están empezando a reconocer en su obra. Conseguirlo no es nada fácil, desde luego.
Las mismas sorpresa y prudencia expresadas por Gsús Bonilla al conocer la noticia son un nuevo ejemplo de esa materia especial de la que está hecho este hombre, este poeta a pie de calle. No le faltarán aduladores, ni tampoco detractores. Acaso ahora tenga el problema añadido de mantener la expectativa de aquellos que no le conocen. Pero yo le presto una receta infalible: sigue siendo tú mismo, igual que siempre. Con eso basta.


Por cierto, si queréis descubrir por vuestra cuenta y riesgo esa voz de la que hablo tenéis una oportunidad inmejorable este jueves 17 de noviembre de 2011, a las 20:30 horas, porque Gsús Bonilla, acompañado por Ana Pérez Cañamares y Batania, presenta su poemario Menú del día... a día (Baile del Sol, 2011) en la librería La Marabunta (c/ Torrecilla del Leal, 32, Metros Antón Martín / Lavapiés, Lavapiés, MADRID). Él lo cuenta así. No os perdáis una buena ración de sus versos, la mejor de las razones para descubrirlo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

UN MAPACHE PARA CALENTAR LA CABEZA

No es que necesiten de semejante animalito para que sus neuronas hiervan de ideas. Así son y así se mueven sin descanso Ángel Muñoz y José Naveiras, coeditores de LVR[ediciones y, por supuesto, poetas.
Como esta noche de miércoles (16 de noviembre de 2011), en la que compartirán escenario y versos de sus últimos poemarios publicados (Amor manual por parte de Ángel, Todavía muertos del lado de Jose) con la música de Óscar Salinas, vocalista del grupo GIT, que presenta su proyecto en solitario Before the Blue.
Será en el Calvario Bar (c/Calvario, 16, Lavapiés, MADRID), a las 21:30 horas. Una buena mezcla, ¿verdad? Allí os esperan.
PD. No os olvidéis el mapache en el perchero.

lunes, 14 de noviembre de 2011

PARÍS: RECUERDOS

© Tullerías. Fotografía de Luis Morales

La última vez que estuve en París (como si hubiera estado allí mil veces, como si fuera un habitual del Quartier Latin, un asiduo de los cementerios historiados) sudé la gota gorda bajo el chubasquero en una ridícula carrera de ida y vuelta contra el tiempo por la Rue la Fayette, desde la Gare du Nord hasta las inmediaciones de la Square de Montholon, para recuperar unos papeles olvidados e imprescindibles para continuar el viaje, con el handicap añadido de que el regreso era cuesta arriba. No fue sin embargo la primera situación extraña (ni tampoco la postrera) de aquella supuesta visita relajada. Recuerdo sortear diminutas Toureiffel diseminadas por doquier como tachuelas por el suelo, sortear alambres colmados de Toureiffel más grandes, como collares de cuentas, portados por los vendedores ambulantes congoleños, sortear sus carreras delante de los gendarmes, sortear enjambres, miriadas, toneladas de gente haciendo cola a los pies del coloso metálico enhiesto (y eso que ya habíamos estado en el cielo de París, que solamente queríamos una foto de a tres con fondo azul) mientras el niño aceptaba cansado mi eterna perorata: ¿sabes dónde estamos?, en París, bajo la Torre Eiffel (y todavía cuando ve la foto lo sabe, con sus dos años y pico, y lo grita: ¡LA TORRE, LA TORRE!). Recuerdo comer shushi de plástico y beber Coca-Cola Cherry alguna noche en el hotel, haber aprendido los nombres de los alimentos en francés leyendo las indicaciones de la comida para niños, comprar plátanos por un ojo de la cara, o pedirle al nene una omelette altamente nutritiva (¿3, 4 huevos?) que se quedó previsiblemente a la mitad, por el otro ojo. Recuerdo mi salida de tono habitual de cada viaje, ese momento en que decides ir de listillo y visitar algún lugar ajeno a los itinerarios normales. Otra vez fueron las cuestas de Belleville, pero en ésta tocó el Bois-de-Boulogne, un superparque tipo Casa de Campo, es decir, de dimensiones descomunales. Podríais haberme visto empujando un carrito de bebé por kilómetros de caminos umbríos, la lluvia recién llegada, sin mapa ni brújula (¿para qué si soy un hombre?), oliendo a turista de los pies a la cabeza, señalado por presencias solitarias, miradas hoscas, transeúntes a nuestras espaldas, en plena zona de menudeo parisino (y encima yo arreglándolo con comentarios sobre chaperos, cruising y otras lindezas). Vamos, un fracaso que terminó por fin en un bello estanque jalonado por un frondoso bosque. Recuerdo, sí, un servicio de barcas semivacío, una hilarante secuencia en la que tres turistas árabes se suben a una de ellas y se pasan media hora dando vueltas sobre su eje, junto al embarcadero, con serio riesgo de zozobra. Recuerdo también a los cuervos, lo contraproducente que puede resultar tirarles un poco de pan, lo fácil que es crear un ambiente al estilo Los pájaros de Hitchcock. Y luego la larga vuelta a la civilización por la Avenue Foch, siempre a pie, con un niño en los hombros hasta el Arco del Triunfo, y el relajante descenso por los Campos Elíseos, con el niño en el carro al fin, y el atisbo de los Inválidos a la derecha según bajas, y el obelisco de la Concorde, rematado por una brillante pirámide dorada, o la regularidad de los jardines de la Tullerías, la noria icónica, la gente sentada en sillas verdes, alrededor del pequeño estanque circular, ceñidos al sol, como si estuvieran esperando el inicio de un espectáculo acuático que nunca llega. Al final, la explanada del Louvre, su pirámide de cristal, una invitación a darse la vuelta y contemplar la extraña línea creada desde aquí hacia la puesta de sol, hasta el cubo hueco de La Défense, y preguntarse si un topógrafo podría alcanzar la medición exacta desde allí, con sus aparatos correspondientes.
Recuerdo desembocar en los soportales de la Rue Rivoli y pensar en todos los anuncios de automóviles en los que aparecen la ciudad, las calles vacías. Y, seguir incombustible mi camino hasta la decepcionante (por limpia y selecta y por nada medieval) Place Vendôme y un poco más hasta el edificio de la Ópera, y otro poco más, hasta las famosas galerías La Fayette justo cuando están echando el cierre francés (6 de la tarde) y me dan con la puerta en las narices (con todo merecimiento, por cierto). Recuerdo, otro día, haberme quemado el esófago al ingerir demasiado rápido un pedazo de galette a las puertas de la iglesia de Saint-Germain-des-prés, o haber tenido la mala pata de programar la visita al museo d'Orsay (única concesión de este tipo en el viaje) la tarde en que las salas de Van Gogh y Gauguin estaban temporalmente cerradas. O la subida a Montmatre entre trileros, el trayecto en el mítico tiovivo a los pies del Sacre Coeur (que casi nos cuesta a los hombres de la familia un buen mareo) o el pequeño tren cremallera, el cielo desplomándose al llegar a la cima, el paso del tiempo, la inminencia de la partida hacia la Gare du Nord para proseguir el viaje. En fin, glorioso. Para rematar el asunto, después de la carrera de ida y vuelta hasta la Gare du Nord todavía podría relataros la aventura que supone afrontar en coche la glorieta del Arco del Triunfo sujetando una puerta que no se cierra mientras soportas toda tu fuerza centrífuga y buscas desesperadamente un lugar que te atienda un sábado por la tarde en este París de ensueño, pero creo que basta por hoy. Os preguntaréis si fue un mal viaje, eso sí, y sin embargo solamente puedo decir que fue maravilloso.
Todo este rollo tiene que ver con los recuerdos, esos hilos colgantes, esos retazos de memoria que cada vez se van escapando con mayor determinación. Y con la necesidad de fijarlos para que no desaparezcan del todo. Hace unas noches me quedé traspuesto en el sofá (como buen padre de familia) y al despertar, en uno de esos canales de vídeos musicales estaban poniendo un tema de Snow Patrol titulado Open Your Eyes. La música descansaba sobre unas imágenes extraídas del fantástico cortometraje C'était un Rendez-vous (1976), de Claude Lelouch, que muestra sin ningún truco ni aceleración un recorrido de ocho minutos a través de las calles de París. Y esas imágenes se convirtieron en mi magdalena de Proust. Así de simple. Aquí os las dejo.



En Youtube.

sábado, 12 de noviembre de 2011

PEDAZO DE CARNE

Un perro goloso deambula
como las olas que pasan;
olisqueándome, construye su presa.
Si te mueves, cariño,

no lo cuentas, me dice.
Tal vez para nosotros,
que continuamos aquí,
el tiempo ya no existe.
Cierro los ojos:

escoltado por centurias
de ramas verdes
el negro príncipe de la muerte
viaja trágico en su góndola infinita,
conoce lo que hemos perdido

mientras se acerca envuelto en llanto,
ignora las deliberadas caricias
de sus muchachos, los aduladores labios,

las frases vanas de lenguajes olvidados,
y su vientre fluido, chupa-chupa
de los cuerpos descompuestos,
las ignora, como al fuego y al mar,
como al desierto.
Me estremezco.

Su esbirro tricéfalo sospecha:
tal vez no sigas muerto.
Pero la cohorte avanza y mi velo
se desprende de autopistas espectrales,
maestro de las bellezas más oscuras,
yo que no me vendo a un alto precio.
Luz, la tinta de cielos palpitantes,
el haz previsto en la explosión.

Abro los ojos.
Me relamo
y olisqueo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

AL OTRO LADO DEL ESPEJO Nº 4

Esta tarde de jueves (10 de noviembre de 2011) presentaremos el número cuatro de la revista dedicada al cuento "Al Otro Lado del Espejo", publicada con cariño por La Vida Rima. O lo que es lo mismo, el primer número de la revista después de que Ediciones Escalera publicara la magnífica antología inspirada en ella, Al Otro Lado del Espejo. Narrando Contracorriente.
Hay que mantener alto el listón. Por eso no hemos descuidado ningún detalle, buscando mejorar cada día un poco más para ofreceros una lectura de lujo. Franz Kafka, Ignacio Aldecoa, Óscar Esquivias, Felisa Moreno o Carlos Castán, entre otros muchos, han poblado nuestras páginas con sus textos. No os preocupéis, ya la hemos sacado del congelador, no hace falta que os vayáis corriendo a la nevera.
Podréis encontrarla, fresca y vuestra, como siempre, en el acto que tendrá lugar a las 20:00 horas en la librería especializada en el cuento Tres Rosas Amarillas (c/San Vicente Ferrer, 34, Metro Tribunal, Malasaña, MADRID). Al mismo acudirán algunos de los autores que han participado en este número.
Como se suele decir, seguimos al pie del cañón. Allí estaremos. Os queremos ver allí.

GRACIAS A TOD@S

GRACIAS A TOD@S, porque habéis soportado la pesadez de mis mensajes, porque no habéis pasado por encima y a otra cosa. Me habéis regalado vuestros votos, vuestros entusiasmados ánimos. Habéis difundido el asunto entre los vuestros, creando una cadena de mujeres y de hombres, de padres y hermanos, de amigos de amigos de otros amigos, una red de energía indisoluble, positiva, alternativa. Antes me sentía como un grano de arena en el desierto, como una molécula de agua arrastrada por la corriente del tiempo. Y ahora también, pero las metáforas han perdido su aspecto negativo. Fluyo, me desprendo a vuestro lado, codo con codo, en cada pequeña parcela de mi vida. Ahora entiendo que el esfuerzo vale la pena, que estoy en el buen camino, que hay que seguir sembrando, trabajando por cumplir los sueños, sin ningún miedo, y reivindico por encima de todo el concepto de la generosidad con los demás, porque ser generoso es muy fácil, no cuesta nada. Ahora comprendo todo lo que me valora mi familia, todo lo que me apoya mi pareja, todo lo que me aprecian mis amigos más directos, pero también descubro la enorme potencia de la red social, la fuerza que me habéis dado los menos conocidos, incluso aquellos a los que no conozco personalmente y que, sin embargo, habéis colaborado con vuestro altruista espaldarazo.
HABEMUS PREMIO, en efecto. Acaban de comunicarme que he conseguido el segundo premio de la categoría gráfica en el VI Concurso de Artes Visuales contra la Violencia de Género convocado por la revista YO DONA, la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, el Istituto Europeo di Design (IED Madrid), FNAC y Mobext. Podéis comprobarlo pinchando aquí. Por aclamación popular, que así se dice. Y aunque me hubiera gustado conseguir el primer premio (con su carga económica y demás historias), os aseguro que todo lo dicho más arriba se debe precisamente al hecho de haber alcanzado este segundo por el sistema de voto, algo que jamás podrá reportarme la elección por parte de cualquier jurado.
El premio refleja mi nombre, pero yo pondría todos y cada uno de los vuestros, porque en realidad os pertenece. Lo repito de nuevo: GRACIAS A TOD@S. Me habéis regalado una de las experiencias más bonitas de toda mi vida. Me incorporo agradecido al hilo de la red, lanzo mi mano de eslabón para unirme a la cadena. Os quiero.

viernes, 4 de noviembre de 2011

MI CARTEL CONTRA EL MALTRATO A LAS MUJERES

No hace mucho que diseñé este cartel para el VI Concurso de Artes Visuales contra la Violencia de Género, convocado por YO DONA, la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, el Istituto Europeo di Design (IED Madrid), FNAC y Mobext. Lo presenté porque el tema, la erradicación de la violencia contra las mujeres, es uno de los pilares fundamentales de la lucha social de nuestros tiempos, así que intenté aportar mi granito de arena de un modo creativo relacionado con aquello de lo que soy capaz como diseñador gráfico.
Así surgió esta imagen con mensaje dirigido a las mujeres: NO HAGAS UN MAL TRATO. Una imagen de la que estoy particularmente contento.
Otra cosa es el concurso. Claro que a todo el mundo le gusta ganar, pero como aquel que sale previamente derrotado confieso que desde luego no esperaba entrar entre los finalistas. Y, sin embargo, esta vez no ha sido así.
Para obtener el segundo premio en la opción de obra gráfica (el primer premio ha sido concedido a Maore Sagarzazu Zurutuza por un cartel muy bueno que podéis ver aquí) las bases del concurso estipulan que se realice una votación popular entre los que visiten la página de YO DONA. Allí comparto espacio con otros 19 finalistas.
Nada más. El objeto de este post es pediros el voto (con todo el pudor del mundo) para mi cartel, que es el número 4. Lo podéis encontrar en este enlace:

http://www.elmundo.es/yodona/carteles-violencia-genero/votacion_carteles11.html.

Os lo agradezco de corazón, por adelantado.


PD. Votad en conciencia, si os apetece, al que más os guste. Ojalá sea el mío y no esté ahora tirando piedras contra mi propio tejado.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO, DE GABRIEL CELAYA


Texto viejo, conocido, me dirán algunos fanáticos de la efervescencia y la fast food, texto viejo y experto, sin embargo, en establecer el hecho poético como herramienta humilde, engrasada, válida para los momentos duros de la vida, ante los abismos a los que se asoma nuestra perpleja sociedad actual. Ahí tienen al autor, Gabriel Celaya, bolígrafo en mano, regalándonos estos versos de 1955, colgándolos luego al lado de la llave del tres.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

CELAYA, G., Cantos Iberos, 1955