Un perro goloso deambula
como las olas que pasan;
olisqueándome, construye su presa.
Si te mueves, cariño,
no lo cuentas, me dice.
Tal vez para nosotros,
que continuamos aquí,
el tiempo ya no existe.
Cierro los ojos:
escoltado por centurias
de ramas verdes
el negro príncipe de la muerte
viaja trágico en su góndola infinita,
conoce lo que hemos perdido
mientras se acerca envuelto en llanto,
ignora las deliberadas caricias
de sus muchachos, los aduladores labios,
las frases vanas de lenguajes olvidados,
y su vientre fluido, chupa-chupa
de los cuerpos descompuestos,
las ignora, como al fuego y al mar,
como al desierto.
Me estremezco.
Su esbirro tricéfalo sospecha:
tal vez no sigas muerto.
Pero la cohorte avanza y mi velo
se desprende de autopistas espectrales,
maestro de las bellezas más oscuras,
yo que no me vendo a un alto precio.
Luz, la tinta de cielos palpitantes,
el haz previsto en la explosión.
Abro los ojos.
Me relamo
y olisqueo.
Luis Morales Poesía Pedazo de carne Zero
Poema del día: "El gato blanco", de Hu Xudong (China, 1974-2021)
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En el 568 un sogdiano vino de Istämi
como guía de unos mercaderes.
En la orilla de un río vio un gato blanco
tendido bajo la pálida luz de la noche.
Vio en...
Hace 21 horas
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