
Uno de esos iconos surgidos del cine en el último tramo del siglo XX es sin duda este primer plano de Roy Batty, el replicante Nexus 6, en el que baja la cabeza empapada por la persistente lluvia. Es hora de morir, cierra el replicante el speech tan recordado mientras la vida se diluye. Un personaje tremendo, este disidente que trata de escapar a su destino en el Blade Runner (1982) que dirigió Ridley Scott partiendo de Do Androids Dream of Electric Sheep? / ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), la novela de Philip K. Dick. Tremendo, este androide casi humano.
Recuerdo haberme visto capturado por la estética noir de la película durante mucho tiempo: la ciudad distópica, un sueño en color de Fritz Lang, la lluvia oscura, las luces, el humo, una tecnología barroca, si se quiere, y esa atmósfera cyberpunk preapocalíptica que se desprende en cada una de las proyecciones arquitectónicas o se hunde en el fango melancólico como la muchedumbre que camina entre los puestos callejeros atestados. Para los que amamos este tipo de cine la estética de Blade Runner no ha envejecido en un visionado contemporáneo, desde luego. E incluso muchos nos atreveríamos a asegurar que la película de Ridley Scott ha marcado el camino para todo lo que ha ido viniendo después. Pero detrás de toda esa cortina de belleza y fealdad subyace una gran historia.
Asistíamos entonces a la ascensión como actor de Harrison Ford, curtido en la piel de Rick Deckard, el agente perseguidor. Y sin duda nos habíamos dejado llevar por la empatía (nunca mejor dicho) hacia su papel protagonista. Centrados sobre Deckard de una manera del todo lícita se hizo posible y casi necesario que viéramos Blade Runner como una película convencional de ciencia-ficción en la que el bien y el mal se enfrentaban una vez más. Me recuerdo a mí mismo así, deseando que Deckard cumpliera su misión, que Rachael (Sean Young) no fuera una replicante, que el mismo Deckard tampoco lo fuera, y que aquellos que habían sido concebidos en el papel de antagonista, los malos de la película, acabaran derrotados...
Sin embargo todo cambió cuando desplazamos el punto de vista y nos pusimos en el lado de los que huyen. Así es. En Blade Runner los replicantes son desarrollos biomecánicos de la Tyrell Corporation que apenas pueden distinguirse de los humanos. Solo los diferencia la falta de empatía, detectable a través del test Voight-Kampff. Pero incluso esta prueba empieza a quedarse obsoleta. Los nuevos modelos son casi perfectos, reciben distintas implantaciones de recuerdos, y están muy cerca de "sentir". Su problema está en su caducidad. La esperanza de vida de los replicantes es de cuatro años. La huida de algunos de ellos está propiciada por la percepción de ese final que se aproxima. En realidad no huyen, sino que corren hacia su creador para buscar un método de supervivencia o una explicación. Y en el camino dejan víctimas. Rompen la baraja. Matan al padre. Como haría cualquiera en una situación límite. Al querer sobrevivir demuestran de una manera fehaciente su lado "humano" y convierten por contraste a los perseguidores en unos meros instrumentos de limpieza que el sistema necesita para mantenerse en pie. Los replicantes son así una metáfora de nosotros mismos, de nuestro instinto de supervivencia en un mundo cada vez más deshumanizado y hostil, de nuestro sueño de libertad en definitiva.
Año 2019. La muerte de Rutger Hauer ha vuelto a revivir esa otra muerte de cine, la de Roy Batty, el replicante Nexus 6 que fagocitó la propia imagen del actor para siempre. Hasta tal punto puede arrastrarte el mito. No sé si Hauer renegó alguna vez del personaje que le dio todo a cambio de su rostro, de su piel. Lo cierto es que fue esencial para construir un replicante inquietante, contradictorio y profundo, que en el último momento se demuestra paradójicamente mucho más complejo y vivo que, por ejemplo, el agente Deckard. Dicen que las últimas palabras de Roy Batty son fruto de una improvisación inspiradísima de Rutger Hauer. Mistificación o no, me gusta creer que sí. Ahora que Rutger Hauer ha muerto se cierra el círculo. El replicante afloja los brazos y deja que la paloma escape con un torpe batir de alas. Baja la cabeza empapada por la persistente lluvia. Tal vez una lágrima. Es hora de morir.
jueves, 25 de julio de 2019
LA MUERTE DEL REPLICANTE
martes, 16 de abril de 2019
NOTRE-DAME DE PARÍS Y EL ESTUPOR
La cubierta de Notre-Dame de París arde y de repente nuestros devenires cotidianos se ven interrumpidos por inesperados mensajes de Whatsapp. La cubierta de Notre-Dame arde. Las redes arden. Los móviles arden. Una aguja de madera y plomo de noventa metros de altura y quinientas toneladas de peso se deshace como si fuera de papel, desde distintos ángulos, una y otra vez ante nuestras miradas incrédulas. Vídeos que tiemblan en vertical, fotografías de amplio dramatismo acentuado con la caída de la noche, alta y baja resolución, curiosidad entristecida al otro lado del río. Vivir en directo el acontecimiento como si estuviéramos allí mismo, testigos apostados detrás de las pantallas. Los turistas se agolpan dispositivo en ristre para inmortalizar la calamidad del edificio. Algunos se llevan las manos a la cabeza. En los rostros de muchos se adivina una verdadera tristeza. También aquí.
En esta vertiginosa sucesión de momentos que nos habita, el estupor, como la felicidad, apenas dura un instante. Una reacción ante lo que no esperas. El símbolo que cae. El coloso en llamas. Acto seguido, casi sin solución de continuidad, el torrente de los datos se desparrama por todas partes. Fuego viral con millones de visualizaciones, baile en las cifras, especulación de las causas, reacciones políticas, fakes, memes, referencias literarias encontradas... los nervios retorcidos de Nuestra Señora, el infierno desatado en las alturas, los milagros de Nuestra Señora, la obviedad del tejado calcinado, el sueño de la restauración...
El estupor es, por tanto, el único momento en el que estamos solos frente al hecho desnudo. Tal vez el más puro. En el estupor caben nuestras propias experiencias en relación al símbolo universal destruido. Todo lo que sabemos, nuestros pasos en la galería, los selfies junto a las gárgolas, lo que una vez nos contaron en el colegio, lo que dibujamos, los planos que estudiamos, y los ojos de Esmeralda, o Quasimodo oteando la plaza desde las torres, una ciudad como París, y tantas lecturas y vivencias, las nuestras. Una reflexión sobre la manera de mirar las cosas. Todo lo que se quema en el mismo incendio, en un acto purificador. Un instante de vacío (y de miedo al vacío) que pronto volverá a rellenarse.
En cualquier caso, desde el horror casi siempre cabe la esperanza del ave Fénix. La cubierta de Notre-Dame de París arde como en su día se desplomaron las Torres Gemelas, como la Fenice o el Palau de la Música. Como ciudades enteras devastadas en las distintas guerras. Que luego se levantaron. En unos años las oleadas de turistas distraídos volverán a recorrer las naves de la catedral gótica más famosa del mundo. Sin duda una de las cosas que nos define es nuestra capacidad para la reconstrucción. Y más tratándose de símbolos.
Al otro lado de la vorágine informativa mi hija juega al ahorcado. Me pide que adivine la palabra que ha pensado. La sonrío, empiezo con la letra "L" y cierro el texto para volver a lo cotidiano.
jueves, 11 de octubre de 2018
ESTA NOCHE EN SAMARKANDA
Además de ser aquel fantástico guionista que trabajó en distintas ocasiones con Luis Buñuel o que adaptó para el cine grandes historias como El tambor de hojalata de Günter Grass o La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, Jean-Claude Carrière se dedicó también a recopilar numerosos relatos, leyendas y cuentos tradicionales de distintas culturas y épocas. Con todo el material recogido construyó El círculo de los mentirosos: cuentos filosóficos del mundo entero (1998), una antología que se ha convertido en un clásico.
Mi contacto con el texto tuvo lugar a principios del milenio, cuando nuestro tutor de Realización Audiovisual nos lo incluyó como lectura obligatoria de su programa. Fue una grata e inesperada sorpresa encontrar esa forma de contar historias en un contexto tan aparentemente distinto al de la literatura, aunque, como muy pronto descubrí, las diferencias nunca fueron tan grandes.
En fin, que de entre todos aquellos relatos variadísimos siempre recuerdo "Esta noche en Samarkanda", una verdadera, breve y efectiva reflexión sobre el destino que ahora os dejo aquí:
La historia más célebre que se refiere a la muerte es de origen persa. Así la cuenta Farid ud-Din Attar.
Una mañana, el califa de una gran ciudad vio que su primer visir se presentaba ante él en un estado de gran agitación. Le preguntó por la razón de aquella aparente inquietud y el visir le dijo:
—Te lo suplico, deja que me vaya de la ciudad hoy mismo.
—¿Por qué?
—Esta mañana, al cruzar la plaza para venir a palacio, he notado un golpe en el hombro. Me he vuelto y he visto a la muerte mirándome fijamente.
—¿La muerte?
—Sí, la muerte. La he reconocido, toda vestida de negro con un chai rojo. Allí estaba, y me miraba para asustarme. Porque me busca, estoy seguro. Deja que me vaya de la ciudad ahora mismo. Cogeré mi mejor caballo y esta noche puedo llegar a Samarkanda.
—¿De verdad que era la muerte? ¿Estás seguro?
—Totalmente. La he visto como te veo a ti. Estoy seguro de que eres tu y estoy seguro de que era ella. Deja que me vaya, te lo ruego.
El califa, que sentía un gran afecto por su visir, lo dejó partir. El hombre regresó a su morada, ensilló el mejor de sus caballos y, en dirección a Samarkanda, atravesó al galope una de las puertas de la ciudad.
Un instante después el califa, a quien atormentaba un pensamiento secreto, decidió disfrazarse, como hacía a veces, y salir de su palacio. Solo, fue hasta la gran plaza, rodeado por los ruidos del mercado, buscó a la muerte con la mirada y la vio, la reconoció. El visir no se había equivocado lo más mínimo. Ciertamente era la muerte, alta y delgada, vestida de negro, con el rostro medio cubierto por un chai rojo de algodón. Iba por el mercado de grupo en grupo sin que nadie se fijase en ella, rozando con el dedo el hombro de un hombre que preparaba su puesto, tocando el brazo de una mujer cargada de menta, esquivando a un niño que corría hacia ella.
El califa se dirigió hacia la muerte. Esta, a pesar del disfraz, lo reconoció al instante y se inclinó en señal de respeto.
—Tengo que hacerte una pregunta —le dijo el califa en voz baja.
—Te escucho.
—Mi primer visir es todavía un hombre joven, saludable, eficaz y probablemente honrado. Entonces, ¿por qué esta mañana cuando él venía a palacio, lo has tocado y asustado? ¿Por qué lo has mirado con aire amenazante?
La muerte pareció ligeramente sorprendida y contestó al califa:
—No quería asustarlo. No lo he mirado con aire amenazante. Sencillamente, cuando por casualidad hemos chocado y lo he reconocido, no he podido ocultar mi sorpresa, que él ha debido tomar como una amenaza.
—¿Por qué sorpresa? —preguntó el califa.
—Porque —contestó la muerte— no esperaba verlo aquí. Tengo una cita con él esta noche en Samarkanda.
Recopilado en CARRIÈRE, JEAN-CLAUDE, El círculo de los mentirosos. Cuentos filosóficos del mundo entero, (Trad. Néstor Busquets) Barcelona, Lumen, 2008.
viernes, 2 de marzo de 2018
TRAS LOS MONTES, EL VIAJE POR ESPAÑA DE THÉOPHILE GAUTIER
Hubo un tiempo en que vividores, poetas y artistas de la Europa del norte se empeñaron en dejarse caer hacia el sur para merodear extasiados entre las ruinas de otra época, cuando viajar seguía siendo una aventura y un signo de distinción social, un rito de aprendizaje y un último salto al vacío antes de sentar la cabeza, una revolución pautada y a la vez un riesgo indefinido. Cada cual vivía el Grand Tour a su manera: en el sol, en la Historia, en la belleza de las mujeres del sur, en el Parnaso, en la ebriedad proverbial de las tabernas...
Grecia, Roma, Italia entera, Egipto, y también España se convirtieron en objetos de peregrinación para estos jóvenes mistificadores dispuestos a recorrer el mundo con la cabeza llena de tópicos románticos y prejuicios aprehendidos en los libros. Es posible que el hecho de que todavía nos vean por ahí como toreros comedores de ajo venga de esa época de viaje y posterior crónica.
Si os fijáis en la imagen que encabeza esta entrada podréis comprobar el aspecto que tenía el prolífico poeta, dramaturgo, y crítico francés Théophile Gautier cuando en 1840, con veintinueve tiernos años, decidió darse una vuelta de seis meses por la Península Ibérica en calidad de periodista y fotógrafo, acompañado por el coleccionista de arte Eugene Piot, en un recorrido que arranca en el Bidasoa y culmina en la costa catalana tras las huellas del Romancero, de Don Quijote, o del Lazarillo de Tormes, de Ribera, de Goya, pero también de Victor Hugo, de Merimeé o de Musset.
La crónica del viaje está compuesta por una serie de artículos que fueron publicados en formato de libro en 1843 bajo el título de Tras los montes (Tra los montes) y reeditados en 1845 con el nombre definitivo de Voyage en Espagne. Enamorado de Granada, de la fiesta y de las mujeres españolas, Gautier compone un relato fresco y ameno, no exento de tópicos como el de la afición a los toros o el calor insoportable, pero que se lee con auténtico deleite gracias al tono acertado y mordaz que el poeta imprime ante lo que experimenta y descubre en el camino. Por ejemplo, a propósito de su estancia en Madrid, Gautier se apresura a narrar una tarde cualquiera en el paseo del Prado y describe de esta manera a las mujeres madrileñas ("En España hay rubias"), las cuales le sorprenden gratamente más allá de la mantilla, única prenda propiamente española...
El Prado ofrece un golpe de vista animadísimo, y como paseo es, desde luego, uno de los más bellos del mundo, principalmente por la afluencia de gente que por él circula todas las tardes de siete y media a diez. El sitio, sin embargo, es muy vulgar a pesar de los esfuerzos de Carlos III por embellecerlo. En el Prado se ven pocas mujeres con sombrero; sólo van con mantilla. Y yo creía que la mantilla española era una ficción en las novelas de Creval de Charlemagne, pero ahora veo que son verdad; suelen ser de encaje blanco o negro, más frecuente negro y se adhieren a la parte posterior de la cabeza sobre la peineta; el tocado lo complementan unas flores a los lados de la frente, adorno que resulta encantador. Con una mantilla, una mujer que no resulte bonita tiene que ser más fea que las virtudes teologales. La mantilla es la única prenda de la mujer verdaderamente española. Lo demás sigue la moda francesa. El traje tradicional es el más adecuado para el carácter y costumbres de las españolas. Ahora tiene una pretensión de parisianismo que el abanico corrige en gran parte. Todavía no he visto una mujer sin abanico en este país; las he visto que llevaban zapatos de raso sin medias, pero no sin abanico; el abanico las acompaña a todas partes, incluso a las iglesias, donde se ven mujeres sentadas o arrodilladas, viejas o jóvenes, que rezan y se abanican con fervor santiguándose de vez en cuando, según uso español: rápido y preciso, digno de soldados prusianos y mucho más complicado que el nuestro. En Francia se desconoce por completo el arte del abanico.
Las españolas lo realizan a maravilla. Entre sus manos juega, se abre y se cierra con tal viveza y velocidad que no lo haría mejor un prestidigitador. Hay magníficas colecciones de abanicos. Recuerdo una que constaba de más de cien de diferentes clases; los había de todos los países y de todos los tiempos; de marfil, de nácar, de sándalo, de lentejuelas, con acuarelas de la época de Luis XIV y de Luis XV, de papel de arroz, del Japón y de la China. Algunos cuajados de rubíes, de diamantes y de piedras preciosas mostraban, además, buen gusto en su lujo y justificaban esta manía del abanico, que es encantadora para una mujer bonita. Los abanicos, al abrirse y cerrarse, producen una especie de rumor, que constantemente repetido compone una nota flotante en todo el Paseo, que para el oído francés constituye un ruido original. Cuando una mujer se encuentra a algún conocido le hace una seña con el abanico al mismo tiempo que le dice la palabra abur.
Ahora es preciso que digamos algo de las bellezas españolas. Lo que nosotros consideramos en Francia como el tipo español no existe en España, o por lo menos, yo no lo he visto. Al hablar de mantilla y mujer nos imaginamos un rostro largo y pálido de grandes ojos negros, con curvas y finas cejas de terciopelo, nariz un poco arqueada y labios rojos como una granada; todo ello con un tono cálido y dorado, semejante al que alude aquel romance: Elle est jaune comme une orange.
Este tipo es más bien árabe que español. Las madrileñas son encantadoras, en toda la amplitud de la palabra; de cada cuatro, tres son bonitas; pero no responden a la imagen que nosotros podemos formar. Son pequeñas, lindas y bien formadas; frágiles de cintura, pie diminuto y hermoso pecho; pero la piel es demasiado blanca; los rasgos, por delicados, se acentúan poco; los labios, en forma de corazón, dan al conjunto una similitud con los retratos característicos de la época Regencia. Muchas tienen el pelo castaño claro y no es difícil, al dar un par de vueltas por el Prado, encontrar siete u ocho clases de rubias, de todos los matices, desde el rubio grisáceo al rojo fuerte, el rojo de la barba de Carlos V. En España hay rubias; sería erróneo no creerlo así. También abundan los ojos azules; pero gustan menos que los negros.
Nos costó cierto trabajo acostumbrarnos a ver mujeres escotadas como para ir a un baile, con los brazos desnudos, zapatos de raso, el abanico y las flores. Y más, verlas así en un sitio público, paseándose sin dar el brazo a ningún hombre; aquí esto no es costumbre, a no tratarse de un pariente cercano o del marido. Se contentan solamente con ir a su lado, al menos durante el día, pues de noche parece que la etiqueta es menos rigurosa, particularmente con los extranjeros que no pueden conocerla muy bien...
viernes, 2 de febrero de 2018
EL HAMBRE ESTÁ EN EL PAN DE CADA DÍA
El hambre sabe al pan de cada día,
la mano que gobierna está cautiva,
el sueño se diluye en la alegría,
la luz nace en el ojo del que mira,
la voz baila en el labio de la huida,
la luna reflejada en la caricia,
la rosa se marchita en la mejilla,
el surco que has llenado con tu tinta,
el cielo que atardece las mentiras,
la vida está muriéndose de risa,
la sombra se desliza en la sombrilla,
la duda está en la noche concedida,
la carga que soporta quien camina,
la tierra que se rompe en la caída,
la llama que me abraza posesiva,
el viento que no fluye ni se hincha,
el mar que me atraviesa,
el mar que me atraviesa,
el mar que me atraviesa la escotilla,
el tiempo que en su vuelo me aniquila,
el niño que olvidó la pesadilla,
la esfera que dibuja tu sonrisa,
la madre que no pudo con la herida,
la sangre que destruye la cuchilla,
la ola va arrastrando las cenizas,
la arruga de la piel desguarnecida,
el cuerpo que responde a la injusticia,
el hambre, el hambre, el hambre,
el hambre está en el pan,
el hambre está en el pan de cada día.
viernes, 15 de diciembre de 2017
NO ME HABLES DE POLÍTICA
Todo es política. Nada es política. Política ficción, imaginación política, políticamente correcta desilusión de la diatriba política, una decisión política, otra decepción política, alguna canción política entre tanta tertulia política, mi hermana política, la casta política, el debate, el desgaste político y el chanchullo político, doy un respingo político, se me corrompe la actualidad política, se me enlonga el pinzamiento de la pinza política, se me va la pinza, sí, se me cae de la nariz y aquí huele a política, no tengo olfato para la política, lo mío es in-competencia política, in-comparecencia política, in-consistencia política de la política sin consecuencias, intercesión de la política de la cesión, ascenso político, vértigo político, cálculo político, pacto político, reparto político, comisión política, res pública política, la cosa política, agenda política para un año políticamente intenso, políticamente denso, políticamente parlamiento, político imputado, preso político, juicio político politizado, sentencia política, conciencia política, cada cual con su receta política para salvar un país, una polémica ley política sobre los sueldos de los políticos, un papel político, poetílico, paleolítico, policlínico... Ser de política, estar en política, entrar en política, salir de la política. Porque todo esto tiene que ver con la política, hay que tener voluntad política y aspiraciones políticas para ser fiel o infiel a la política monetaria, tener en privado actitudes políticas, convenir una política de vivienda, convivir con la crítica de la razón política, con la radio fórmula política, con la televisión plural e independientemente política y su sección de política, su obsesión política marcada por los sueños políticos propios de toda una clase política, con el clientelismo político, y el sobrino del político, el hijo del político, y el alter ego del político, y la terna, el turno, la alternancia, el trueque político de la transición política tiene su coste político, a la mierda los políticos, dónde está la libertad política, qué falta de cultura política, qué hara-kiri político, qué locura tan política ha sido llevar a cabo semejantes políticas, políticas de austeridad, de realidad, de vanidad política, qué tremenda elocuencia qué dominio de la dialéctica política, menudo sofisma político, tremenda in-definición política, qué recorte político por chicuelinas a la politizada pregunta del periodista deportivo, digo político, qué violencia verbal política, qué manipulación político-educativa, qué discurso teórico político, qué intensidad política, cómo me marea la marea política, cuántos factores, cuántos actores políticos, cuánto hombre, cuánta mujer, cuánto animal político suelto en mitad de la efervescencia de la política, buscando su ubicación, su puesto político en el mapa político, en el panorama político, su yo político, su posicionamiento político, su política impostura, su postura, su imposición, su política solución, su deuda, su rebaño, su ideario político, su plegaria política, su condición... suposiciones políticas, supositorios que calmen tanta in-defensión al margen de la política mentira, debajo de la tormenta política, condicionados por la incertidumbre política, causa y consecuencia de la crisis de la política, del tsunami político, de la explosión de la nueva política. No me hables de política. De la nueva ficción política, de la nueva política ficción...
viernes, 17 de noviembre de 2017
BALADA DE LAS COSAS SIN IMPORTANCIA, DE FRANÇOIS VILLON
François Villon, poeta aventurero y mordaz, describió como pocos las debilidades y contradicciones del ser humano de su tiempo (siglo XV), y el francés lo hizo con esa retranca tan de superviviente, dándole la vuelta al los tópicos medievales, riéndose de todo y de todos, incluso de sí mismo.
Esta Balada de las cosas sin importancia (Ballade des menus propos) es, sin duda, una buena muestra de ello. Aquí la tenéis, en el original francés y traducida al castellano, ilustrada por Los Provervios Flamencos (1559), obra que otro genio, Pieter Brueghel el Viejo, dejaría plasmada más o menos un siglo después.
BALLADE DES MENUS PROPOS
Je connois bien mouches en lait,
Je connois à la robe l'homme,
Je connois le beau temps du laid,
Je connois au pommier la pomme,
Je connois l'arbre à voir la gomme,
Je connois quand tout est de mêmes,
Je connois qui besogne ou chomme,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.
Je connois pourpoint au collet,
Je connois le moine à la gonne,
Je connois le maître au valet,
Je connois au voile la nonne,
Je connois quand pipeur jargonne,
Je connois fous nourris de crèmes,
Je connois le vin à la tonne,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.
Je connois cheval et mulet,
Je connois leur charge et leur somme,
Je connois Biatris et Belet,
Je connois jet qui nombre et somme,
Je connois vision et somme,
Je connois la faute des Boemes,
Je connois le pouvoir de Rome,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.
Prince, je connois tout en somme,
Je connois coulourés et blêmes,
Je connois mort qui tout consomme,
Je connois tout, fors que moi-mêmes.
BALADA DE LAS COSAS SIN IMPORTANCIA
Conozco bien a las moscas en la leche,
conozco por el vestido al hombre,
conozco el buen tiempo y el malo,
conozco la manzana en el manzano,
conozco por su resina al árbol,
conozco cuándo todo es lo mismo,
conozco quién trabaja o quién descansa,
lo conozco todo, excepto a mí mismo.
Conozco el jubón por el cuello,
conozco al monje por el hábito,
conozco al señor por el vasallo,
conozco por el velo a la monja,
conozco cuándo un pícaro habla en su jerga,
conozco atiborrado de nata al loco,
conozco por el tonel el vino;
lo conozco todo, excepto a mí mismo.
Conozco al caballo y a la mula,
conozco su carga y su fardo;
conozco a la Beatriz y a la Isabela;
conozco la ficha que se cuenta y suma;
conozco la visión y el sueño;
conozco el pecado de los bohemios;
conozco el poder de Roma;
lo conozco todo, excepto a mí mismo.
Príncipe, en suma, lo conozco todo;
conozco a los que tienen buen color y a los pálidos;
conozco a la Muerte que todo lo consume,
lo conozco todo, excepto a mí mismo.
lunes, 2 de octubre de 2017
AMPLÍSIMA

Leve totalidad, frágil.
Tañer el universo amante
donde desconocidos dedos
una vez de libertad las horas
colmaron imaginarios y la sed
—esa sed— hacía silvestre el brotar, la palabra.
Es extraño o íntimo o ínfimo
el amargor, deja vértices de memoria
donde mares clamaban de mi boca
sed agonizante.
Antes.
Soledad amplísima
de tantas-otras-nuestras-vidas,
pudieras desmentirme
y jamás manos bastarían,
demasiado es el mundo
que apenas alcanzo,
demasiados cuerpos derritiendo el Nombre,
demasiadas mentiras consentidas,
algo que resta del insano aliento,
relojes, cavidades, fe.
La lengua, la tierra, la madre que no es.
La ruina, la sal, la sangre...
la luz que se resiste.
Cómo sabes que te espero siempre,
fuego líquido en la claridad perpleja,
y si espero cuánto ríes,
a quién miras, sonriendo.
Imagen: Garden of Selves
(En The Architect's Brother, de Robert & Shana ParkeHarrison)
viernes, 7 de julio de 2017
FEACIA, MI CAMINO ES UN RETORNO
![]() |
| Kirk Douglas y Silvana Mangano en Ulises (1954) de Mario Camerini |
Retorno.
Sol poniente en la ciudad trunca.
Sombras nebulosas, esquinas larvadas,
aves escindidas desembarcan
sobre la tarde revuelta.
Bergamota, ardid que embauca,
labios, oleaje, piel desnuda,
centro del calor.
Hay un rasgo humeante en la horizontalidad,
un rumor de olvido más fuerte que el sueño.
Despierto, hospedo manos precisas,
acompaso la quimera con la canción del vientre,
ojos traigo, revolución de letargos sin pétalo,
rastros que despacio te desmiento
con la digna ingratitud de los idiotas.
Feacia, cuéntame tu historia.
Retorno al mar del color del vino.
En la ciudad trunca se desagua
el manso abismo del ocaso.
martes, 20 de junio de 2017
EL AULLIDO DE ALLEN GINSBERG
Beat your lips. Beat that ears. Beat on deep. Mind your beats.
"Six poets at the Six Gallery". Una noche cualquiera de 1955, que luego será conocida como la del "Renacimiento poético" de San Francisco. Ginsberg lee un texto sobre el cual está trabajando hace tiempo y que no tiene intención de publicar: Howl (Aullido). Canta sus versos, los gime, y en la parte final de su lectura camina al borde del llanto, golpeando. Esta performance causa una emotiva reacción en el público. Beat. Estallan la locura y el escándalo. Ginsberg comprende entonces que exponiendo su personalidad sobre el escenario puede conmover al público. Get my beat. Beat your mist. La idea de crear una nueva audiencia para la poesía ya no le parece tan descabellada.
Howl tiene uno de los comienzos más impactantes de la historia de la literatura universal (lo digo en serio, lo pongo al lado de Homero, de Cervantes):
"He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.
Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.
Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.
Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.
Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes..."
El texto continúa, por supuesto. Aquí.
Aquella noche suena irreemplazable.
Aunque el primera grabación de Aullido es esta, de apenas unos meses después. El artista Eric Drooker ha construido sobre la misma una magnífica versión gráfica.
Poetas, aullad. Aullar sigue siendo imprescindible.
jueves, 8 de junio de 2017
GOYTISOLO EN LA GRAN PLAZA
Goytisolo, Juan, memorable y difícil : habrá quienes no quieran comprender a este incómodo picaresco transterrado, Juan, sin tierra, un tal Cide Hamete contemporáneo reivindicando a don Julián y al beduino : buscando unas señas de identidad : que el todo y la nada dependan de una simple inacción : observando periférico el ocaso de las ciudades cementerio : Europa atrás, la maqbara en la que yacen los Imperios y el capital : España Una : una forma de hablar hipodérmica y a menudo censurada de la oscuridad del dictado de la culpa de la excepción y la hipoteca del tiempo y el escombro : el asombro de un dios postpuesto ante el gran viaje : con la lengua infiltrada : fragmentada : fragmentaria : diafragmática : aljamiada : con el portento viril : el horizonte de Marrakech está en la pluma y en la lengua y en la gola : no saber a qué esperan vuestros cuerpos desnudos y excitados : para correr en libertad : para perderse en los trayectos : ¿quieres visitar la kasbah? : Juan podrá llevarte donde no llegan los turistas : de memoria : difícil : página a página : más allá del atardecer y los encantadores, al otro lado de los puestos : donde apunta la quibla : tocando el aceite con las manos : luz bergamota : permite que el cuentacuentos te acompañe a la gran plaza y de pronto alce su verga mítica o su probóscide milenaria o su serpiente ancestral y se marche entre los distintos ocasos de Occidente dejándote pendiente de una ojiva, de un hilo ambulante, Teseo : rodeado de cuerpos en Xmaá la lenguaraz Xmaá el Fna la humana Jammaá/Yammaá/Jemmaá la que cuenta tu historia desde las afueras : tan lúcida y laberíntica la vida : adiós a la sonoridad del comienzo de la noche 1001 : adiós al ojo azul del mar : al rojo callejeo : a la esquina de la que parte el camino : al mayo del 68 : a cualquier 69 : al calor ávido : al canto alminar : al grito sin nombre, pues así es la lúcida y lógica y arquitrabada muerte salvo por lo que queda (y quedará) luego en algún papel y en aire y en la sangre : olvido memorable y complejo : otra maqbara en Larache : nunca o tal vez es el fin esto de desandar : demudar : deshojar : desaprender : desprenderse de la piel y de los huesos.
viernes, 12 de mayo de 2017
MAROSCURO
En los ojos era un maroscuro
de aguas tristes
e insospechadas calmas.
—¡maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!
El fantasma de la tarde,
cuando cae,
extiende el aire que fecunda
todas las entrañas,
toma lo que brota con sus infinitas lenguas,
y amenaza siempre,
un vendaval furioso
para ti depara,
quiere ensordecer tus voces,
arrastrarlas donde nadie,
nadie más las pueda oír.
¡Rápido, maroscuro hambriento,
coraje hacia las islas
que aquí esperan!—
maroscuro en los ojos náufrago de la muerte,
último hijo del amor-que-ya-no-era.
jueves, 20 de abril de 2017
AUTOR PERDIDO EN BUSCA DE SUS PERSONAJES
Ya me hubiera gustado a mí, tan cervantino, tan metalingüístico y retorcido como soy, haber asistido hace ya casi un siglo a la primera representación de Sei personaggi in cerca d'autore en el Teatro Valle de Roma. 9 de mayo de 1921. Me imagino con la boca abierta y sorprendido mientras el público enviaba al infierno o al manicomio al pobre autor incomprendido.
¡Ay, cómo cuesta lo difícil de entender! Cómo cuesta en general (¿verdad?) abrir los sentidos y la razón de nuestros contemporáneos. La desintegración del espacio. La ruptura de las paredes. El atrapamiento del espectador. La visualización de la trampa, del mecanismo que oculta cualquier trama. Incluso hoy en día se suelen utilizar técnicas parecidas cuando se quiere 'asombrar' al público.
Al final el bueno de Luigi Pirandello tuvo que explicar con un prefacio su drama, sus intenciones dinámicas y temáticas. Y eso le llevó al éxito.
Primera de las obras de la trilogía del Teatro dentro del Teatro, Seis personajes en busca de autor tiene momentos sublimes y acotaciones de lo más aclaratorio. Como muestra este botón, casi al inicio, sobre la presentación de los personajes:
Quien vaya a intentar una puesta en escena de esta comedia debe valerse de todos los medios disponibles para lograr un efecto gracias al cual estos SEIS PERSONAJES no se confundan nunca con los ACTORES de la compañía. La disposición de unos y otros, indicada en las anotaciones,cuando ya se encuentren en el escenario, será sin duda útil; tanto como una intensidad luminosa variada de reflectores especiales. Pero el medio más eficaz e idóneo que se sugiere será el uso de máscaras especiales para los PERSONAJES: máscaras especialmente elaboradas con una materia que el sudor no ablande, así que no serán ligeras para los actores que deberán llevarlas; se confeccionarán de tal modo que dejen libres los ojos,la nariz y la boca. Se interpreta de esta manera el sentido más profundo de la comedia. Los PERSONAJES no deberán, por lo tanto, aparecer como fantasmas, sino como realidades creadas, elaboraciones inalterables de la fantasía: y por lo tanto más reales y consistentes que la voluble naturalidad de los ACTORES. Las máscaras ayudarán a dar la impresión de la figura construida artísticamente y fijada de manera inalterable en la expresión del propio sentimiento fundamental, que es el remordimiento en el PADRE, la venganza en la HIJASTRA, el desdén en el HIJO, el dolor en la MADRE, con lágrimas de cera, fijas en lo más lívido de las ojeras y las mejillas, como se puede ver en las imágenes esculpidas y pintadas de las Mater dolorosa de las iglesias.
Máscaras especialmente elaboradas... La máscara siempre es la clave. Pero claro, los seis personajes no son solamente eso.
EL DIRECTOR. (Primero sorprendido, luego fastidiado.) ¡Déjenlo! ¡Cállense! (Luego, dirigiéndose a los PERSONAJES.) ¡Y ustedes váyanse de aquí! ¡Despejen el lugar! (Al DIRECTOR DE ESCENA.) ¡Por Dios, sáquelos de aquí!
EL DIRECTOR DE ESCENA. (Acercándose, pero luego deteniéndose como si lo retuviera una rara turbación.) ¡Fuera! ¡Fuera!
EL PADRE. (Al DIRECTOR) Mire, nosotros...
EL DIRECTOR. (Gritando.) ¡Basta, tenemos que trabajar!
EL PRIMER ACTOR. No es posible que alguien se burle así...
EL PADRE. (Resuelto, adelantándose.) ¡Me sorprendo de su incredulidad! ¿Acaso no están los señores acostumbrados a ver cómo aparecen casi vivos aquí, uno frente a otro, los personajes creados por un autor? ¿O a lo mejor no tienen (señalará la concha del APUNTADOR) un guión que nos contenga?
LA HIJASTRA. (Colocándose frente al DIRECTOR, risueña, zalamera.) Puede creer, señor, que somos de verdad seis personajes interesantísimos. Lamentablemente frustrados.
EL PADRE. (Apañándola.) ¡Sí, frustrados, eso es! (Al DIRECTOR, de inmediato.) En el sentido, claro está, de que el autor que nos dio vida, después no quiso o no pudo materialmente introducirnos en el mundo del arte. Y de verdad que fue un delito, señor, porque quien ha tenido la suerte de nacer como personaje vivo, puede reírse incluso de la muerte. ¡No morirá jamás! Y para vivir eternamente ni siquiera necesita de dotes extraordinarias o realizar prodigios. ¿Quién era Sancho Panza? ¿Quién era don Abundio? Y, sin embargo, son eternos, porque —semillas vivientes—
¡tuvieron la suerte de encontrar una matriz fecunda, una fantasía que supo nutrirlos y desarrollarlos, darles vida eterna!
EL DIRECTOR. ¡Todo lo que dice está bien! Pero ¿qué quieren aquí?
EL PADRE. ¡Queremos vivir, señor!
EL DIRECTOR. (Irónico.) ¿Por toda la eternidad?
EL PADRE. No, señor. Por lo menos un momento, a través de ustedes.
UN ACTOR. ¡Qué ocurrencia!
LA PRIMERA ACTRIZ. ¡Quieren vivir en nosotros!
EL ACTOR JOVEN. (Señalando a la HIJASTRA) Por mí no hay problema, si a mí me toca ella.
EL PADRE. Fíjense, fíjense: todavía hay que hacer la comedia; (al DIRECTOR) pero si usted quiere y sus actores están dispuestos, la organizamos rápidamente entre nosotros.
EL DIRECTOR. (Molesto.) ¿Pero qué quiere organizar? ¡Aquí no se hace nada de eso! ¡Aquí se interpretan dramas y comedias!
EL PADRE. ¡Por eso mismo! ¡Hemos venido con usted justamente por eso!
EL DIRECTOR. ¿Y dónde está el guión?
EL PADRE. Está en nosotros mismos, señor. (Los ACTORES reirán.) El drama está en nosotros, somos nosotros, y estamos impacientes por representarlo, así como dentro nos urge la pasión.
Ya me hubiera gustado a mí, tan cervantino, tan metalingüístico y retorcido como soy, encontrarme alguna vez con unos personajes así.
miércoles, 8 de marzo de 2017
MITOLÓGICA DE ALMENDROS
En honor a las hijas de la memoria
te respiro mitológica de almendros,
paseando las orillas
de su mar primavera.
Manuscritos
desplegados
sobre arena,
nácar púrpura verbena
los senderos que se vierten
bueyes detenidos no regresan,
apostados en altares
a tu aire esteatopígico.
Y celebras junto a ellos
libación por tus edades
mientras surcos recolectas
sin virtud, pues sospechas
que muy pronto zarpará
tu pedazo de página,
y que yo te pondré
más morena la perplejidad.
viernes, 20 de enero de 2017
EL ARCA INTERRUMPIDA
Recuerdo este poema en el día en el que cambia parte del mundo (el resto ya ha cambiado hace tiempo). ¿Qué nos deparará el futuro que ya es presente? La verdad es que no lo sé. Eso sí... desconfiemos de los héroes.
EL ARCA INTERRUMPIDA
Un héroe otea.
Hoy has visto: muchas son las horas desatendidas.
El sol somete el trayecto a las olas de la semilla,
el ojo se convierte en lágrima austera,
el ojo, con esa forma de rostro acuchillado.
Lo sientes: algo te ciñe la frente.
La oscilante voz en el límite de las plazas,
el hormigueo en el bazo,
la continua presión en la nuca,
la celeridad de la trampa,
el flujo esparcido en la corriente,
arrastran, por entre los cuerpos extraños
y la dura incógnita,
a los hombres cercados por la rabia del hambre
y del golpeo.
Ahí van los que conquistan nuestro mundo,
segando los acertijos plantados en el tiempo,
buscando algún abismo del que sacarnos;
La razón y el deber están con ellos;
Abrirán con parsimonia las puertas del arca,
nos han prometido un diluvio un sacrificio
una salvación.
Desilusiones bajo la quilla,
en las atroces noches que nos queden.
Por la memoria que tiembla en la estructura
–un océano de olores dilucida el miedo,
las lenguas jóvenes trepidan ajenjo en las esquinas-,
por las sombras compartidas en este horizonte trunco,
se atisba, revolviéndose como un loco
en la inmovilidad forzosa de la camisa,
arqueado, retorcido sin fin, un hervidero.
Una multitud aliada del dolor, frente a los paladines y los líderes,
mientras en lo alto siluetas de luz y mensajes se suceden,
señales, arquetipos de una imagen auditiva.
No lo sabéis: algo nos ciñe la frente.
Ángeles suicidas bloquean la entrada porque no,
aquí no hay sitio para un arca que flota por encima de este sueño.
El misterio y el miedo y la inquietud insolentes,
el aire puro que trae el humo de presentes quiméricos,
fresca libertad todavía, fresca lucha de palabras
que sujetan su volumen a este ritmo de viento.
Un héroe otea encerrado en su arca.
Algo rezonga. Y cobarde escapa.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
MEDIUM (RELOAD)

¿Hay alguna razón para que todo lo que ha sido dado indultar en esta vida permanezca deliberadamente quebrantado, para que no lleguen a extinguirse jamás los signos idólatras de nuestra impotencia? Vendrá un día en que la muerte nos sepulte bajo columnas de espanto ante las constantes muestras de equilibrio.
¡Tormenta! ¡Semilla! ¡Belleza Vacía! ¡Supremo Amor Desconcertante! La extraña lentitud de dioses ebrios, siempre ausentes; palabra, voz; la furia que resuena aquí: ¡qué amarga y venerable cobardía!
La doble profusión de abscesos místicos y el entusiasta sacrificio colectivo son glorificados con vehemencia por los justos para el restablecimiento inaplazable del primer motor inmóvil.
¡Oh gran pope! ¡Odre intercesor tambaleante! ¡Condúcenos por esta solitaria vía de costumbres!
Otro arcángel nos impide exorcizar lo que olvidamos amarrado a los instantes, conspira en los letreros, escudriña las arterias ateridas, trasiega como un golpe de viento en los cenáculos inmundos tras dejarnos fascinados.
Buscar algún sentido, desde avenidas enfermas; bajo agujas vigentes, por el bálsamo de las transgresiones y el sexo abismales; en las horas venideras, en su repetición prodigiosa.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
EN EL AIRE
porque vengo.
Y aunque tenga tantas cosas
que decir ni yo me nombro.
Vistas de silencio,
estertores dentro de rompientes,
gritos incoloros
y deseos flotantes
murmurándome.
Qué es la libertad
sino los pies en el aire,
vueltos a la lengua
inaudible,
los mismos pasos libres,
qué es la libertad, decidme:
¿es un sueño o una imagen?,
¿una ausencia horizonte o una voz?
miércoles, 29 de junio de 2016
MUJER CON ALCUZA, DE DÁMASO ALONSO
MUJER CON ALCUZA
¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.
Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro, por una voluntad
de esquivar algo horrible.
Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos
/del color de la desesperanza.
Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan
/extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.
Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.
Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso
/que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran
/el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran
/innumerables margaritas, blancas cual su alegría
/infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo
/de amar a Dios y esa voluntad de minutos
/en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
sólo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio
/cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.
Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas
/bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados
/a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que
/en los túneles les pellizcan las nalgas,
... aún mareada por el humo del tabaco.
Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con un ansia turbia, de bajar ella también,
/de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos
/inacabables.
... No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iba cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos
/a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla
/un instante en las sombras,
algún chillido como un limón agrio que pone
/amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Sólo la velocidad,
sólo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
sólo el ruido del tren.
Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola, y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.
... Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como
/el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con
/delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o
/un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.
Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo
/de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada
/fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan
/los pájaros?
















