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lunes, 30 de noviembre de 2009

MAREA (CON TODAS LAS JOTAS Y SIN LAS X), DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


Como una enorme ola retenida por la luna, mientras la vida jira fatalmente, me quedo absorto ante ti, vueltos los ojos a tu blanca maravilla celeste.
¡Parecías, desde este antro plutónico de mi alma, tan leve, tan suave, tan ofélica! Yo me creía un invencible mar. Mas tú haces retorcerse mis entrañas de líquido fuego, impasible entre las claras estrellas que te nimban.
Y mi corazón, mujer sin nombre, luna sola de mi vida, se marcha hacia ti, -¿por dónde, cómo?- inesplicablemente, involuntariamente, perdido sin remedio.


Fragmento de "Mar de vuelta", en Diario de un poeta reciencasado, Juan Ramón Jiménez, 1916-1917.

viernes, 27 de noviembre de 2009

TEMPLO

Incolora

ruina

entablamento

antiguo

geométrico

vestal

mi mano lejos

acaricia;

puertas de viento

mi mano

en el aire golpea,

puertas de un templo

abierto.

Alíviame,

bóveda vientre

donde toda luz

varía extinta,

que los hijos de la fe

duermen tranquilos,

alíviame

y que el aire ya no venga

a contemplarme,

que sea esta frontera

de inquietud

jamás por el aire contemplada,

absorta en el callar

de la palabra,

en el fragor

de este silencio.



TRESMENDAS


Tres, Tresmendas, TRES. Tres amigas y residentes en Madrid, pero por encima de todo tres poetas de alto vuelo que se vuelven a reunir para darle a los versos (siempre en el mejor de los sentidos) y, si queréis, para compartirlos con vosotros. Sería una buena opción para la noche de este viernes 27 de noviembre. Tresmendas, Ada Menéndez, Marta Noviembre y Mayte Sánchez Sempere os esperan a partir de las 21:00 horas en el Entrelíneas Librebar (c/Gonzalo de Córdoba, 3, Metros Quevedo o Bilbao, MADRID).

jueves, 26 de noviembre de 2009

LA QUINTA CONDENA


Vuelve el ciclo Condenada Poesía. Atentos como siempre, los miembros de La Vida Rima siguen enfrentándonos a las perennes cadenas del verso, y si hay algo seguro en estos momentos sin duda es su fantástica capacidad de transmisión. Siguen aferrándonos, sí, al verso, y ya van cinco condenas a cadena perpetuo-poética. Hoy jueves 26 de noviembre de 2009 volverán a reunirse tres autores de la asociación (Victor Sierra, Violeta Castaño y Rafael Sarmentero) que acompañarán y serán acompañados por un poeta invitado (en esta ocasión, Aurora Pintado). Será de nuevo en Los diablos azules (c/Apodaca, 6, Metro Tribunal, MADRID), a eso de las 21:00 horas. Ya sabéis que no os los deberíais perder.
Más información en http://lavidarimablog.blogspot.com

martes, 24 de noviembre de 2009

LA VIOLENCIA


Cada caso de violencia forma parte de la historia desesperada y trágica de la humanidad, una exquisita entelequia que se adueña de las formas mientras pende en vilo, sujeta a un cambio en la trayectoria del viento, como fracción de circunstancias microscópicas que fluctúan alrededor de la existencia sin que nos demos cuenta, sin quererlo, sin ni siquiera suponerlo, fortalecidos, envilecidos por las adicciones, los mitos o deseos que nos mantienen en el sueño permanente de estar vivos.


Ay, qué bonito es ser un adorador del ruido, un hermoso cuerpo temerario, magnífico, despeinado e inmisericorde, qué bonitos la contundencia del descaro y el ingenio penetrante, la tendencia auténtica en los zapatos, esa desazón organizada, la osadía del que no quiere saber, la llanura de la nueva pantalla, el brillo del arma ingenua, la blanda hipocresía del que finge escuchar, del que finge reír, del que finge estar, el eterno retorno a casa, sin otra opción, de nuevo un semidiós alcoholizado. Y qué absurda la idea de llegar a viejo paseador de callejones sin otro objetivo que el de dilatar en silencio el paso del tiempo abominable, de releer un libro, cualquier libro y sentir, a veces, aprensión por las guadañas. Pero no. Es mejor alardear de la muerte y el presente, de la violencia que nos anestesia, hiperrealistas efímeros, chicos malos on the block, otro nido para la evasión más hacedera. ¡Que vivan las noches!¡La balanza es la nuestra!



lunes, 23 de noviembre de 2009

LOS POETAS


Trazos azulencos de lamé, sobre los vidrios. Una síncopa esperpento en los tinteros: restos héticos, amoratados puentes, pedazos de ciudad esparcida aquí y allá bajo ángulos e hileras imposibles, miniaturas asombradas ante la imperfección de las probóscides. Pero hay dedos tan livianos que urden de palabras el líquido, órbitas violentas que pulsan como trampolín ambas orillas. Todos los poetas son tan hoscos y exactos que a menudo los caminos, surcados por una desproporción en los versos, pierden la orientación y se extinguen. Ninguno arrebata al vacío el instante. Yemas que sostienen élites, atriles, delirios suculentos. Hemistiquios que se inflaman con el viento, a cuyo grito atroz acude el buitre. A lo lejos la lección ingrávida del tiempo, a lo lejos, con ese aspecto huero y desboscado. Álbumes sonoros, fragmentos, violadores del secreto. Acaso hay en tu esperma barroquismos cartesianos, acaso sólo sombras que incomodan a los pueblos, sólo voces que se exprimen, tan anchas como un brazo de mar, como una pierna que se expande en la pausa de los días, de los libros. Remontando la corriente, elevándose sobre la marea uniforme, a veces basta una página para arrasar tanta calma.


viernes, 20 de noviembre de 2009

LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES

Sí, esta noche tengan cuidado ahí fuera, protejan sus espaldas y no dejen de mirar alrededor, o mejor no salgan, quédense en sus confortables hogares, vigilen a sus niños, a sus mujeres y demás pertenencias, vigílenlos, y giren los espejos, abatan los postigos, enmaderen los quicios, bloqueen las puertas, arrastren los sillones, los armarios si es preciso, desconfíen esta noche, sí, desconfíen, sean piadosos, temerosos, cobardes... porque nunca se sabe, nunca se sabe, repito, quién puede salir de la tumba.

jueves, 19 de noviembre de 2009

ERA UN FANTASMA DEL GOZO, DE WILLIAM WORDSWORTH


SHE WAS A PHANTOM OF DELIGHT

SHE was a Phantom of delight
When first she gleamed upon my sight;

A lovely Apparition, sent

To be a moment's ornament;

Her eyes as stars of Twilight fair;

Like Twilight's, too, her dusky hair;

But all things else about her drawn

From May-time and the cheerful Dawn;
A dancing Shape, an Image gay,

To haunt, to startle, and way-lay.

I saw her upon nearer view,
A Spirit, yet a Woman too!

Her household motions light and free,

And steps of virgin-liberty;
A countenance in which did meet

Sweet records, promises as sweet;

A Creature not too bright or good

For human nature's daily food;

For transient sorrows, simple wiles,

Praise, blame, love, kisses, tears, and smiles.


And now I see with eye serene

The very pulse of the machine;

A Being breathing thoughtful breath,

A Traveller between life and death;
The reason firm, the temperate will,

Endurance, foresight, strength, and skill;

A perfect Woman, nobly planned,

To warn, to comfort, and command;

And yet a Spirit still, and bright

With something of angelic light.


1804


ERA UN FANTASMA DEL GOZO


Era un fantasma del gozo cuando
por vez primera resplandeció ante mis ojos,
una aparición jubilosa enviada para adornar un instante:
sus ojos, eran estrellas de un bello crepúsculo;
como el atardecer de sus cabellos oscuros.

El resto de ella provenía de la primavera,
y de la aurora gozosa.
Una forma danzante,
una imagen radiante
que obsesiona, turba y descarría.

Vista de cerca, advertí que era un espíritu.
Sus movimientos en el hogar eran leves y etéreos,
y su paso de una libertad virginal;
un semblante en el que se encontraban
promesas y dulces recuerdos.

Una criatura no demasiado brillante
ni excelente para el sostén cotidiano,
para los dolores fugaces, los pequeños engaños;
la alabanza, el reproche, el amor, los besos,
las lágrimas y las sonrisas.

Ahora veo con ojos serenos
el mismo pulso de la máquina;
un ser que transita una vida pensativa,
un peregrino entre la vida y la muerte,
razón firme, voluntad moderada,
paciencia, previsión, fuerza y destreza.

Una mujer perfecta,
noblemente planeada para advertir,
para consolar,
para ordenar.
No obstante, siempre un espíritu,
y resplandeciente con no sé qué angélica luz.


lunes, 16 de noviembre de 2009

EN EL BORDE DE LA CAMA


O tú, que no respondes, pérfida sombra en éxtasis,

acaso esto es un sueño cercano al amor o a la muerte.

No respondes mientras se esfuma mi resistencia al agua,

te oprimo en lo profundo, en tu exigencia misma,

te arrojo labios al acecho, te lanzo ballenas al viento,

te mando pan te tengo sed te canto fuegos

que no quieran encontrarte más allá

de la lúcida disolución del cuerpo.

Ruge mi temblor de posesión sonora,

¡qué resolución tan misteriosa y vaga!

Te hallo resurrecta en el borde de la cama.

Ahora sí que estoy despierto.

Ahora sí que estoy despierto.


viernes, 13 de noviembre de 2009

HISTÉRICOS MICROSCOPIOS


La escolopendra se escabulló inquieta cuando un arriero levantó la piedra que la resguardaba del sol fronterizo. El refugio ajeno al camino apetecía la escolopendra, que promovida por un enjambre de patas se lanzó zigzagueante entre los cantos del secarral, hacia su ciego mundo. Esta es la historia del terror que experimentó aquel desgraciado ser plurípodo. Porque no puede calificarse de otro modo la odisea sin sentido que, alimaña arrastrada para siempre lejos de su negro hogar, más allá de un improbable tiempo y todo el absoluto espacio, vivió. Terror, porque un viaje alucinante sin misterio resultaría demasiado absurdo comparado con la huida inconsciente ante las lagartijas.

Que en su acometida libertaria se viera interrumpida por la enigmática caída de aquél fardo no entraba en los cálculos del instinto. Que el transporte perentorio la dejara atrapada entre las telas, prisionera en las volandas sin saberlo, quiso llevarla a un primer estupor.

Prodigio del animal prendido en otro, que a su vez es porteado sobre un tercero sometido por un cuarto, concreción si cabe de todo lo que se mueve dentro del planeta giratorio, en un sistema dominado por las leyes vastísimas y espirales que contempla la expansión del universo. Prodigio, digo escolopendra que halló su senda desvergonzada, siempre hacia el calor, que abandonó la incómoda rigidez de las fibras hacia un centro más terso y húmedo, todavía humeante. Como entrar en una cueva deshabitada o colarse, capa a capa, a través de las estrechas aristas de los pozos, de los líquenes que crecen en las junturas de algunas lápidas.

Para una multitud de pies hambrientos adentrarse en los abismos de la carne es tan complejo como profanar, lejos del peligro, cualquier corredor custodiado por cientos de hormigas guerreras. Cuando no hay derecho a comprender lo que sucede alrededor, sólo queda la mimética, repetitiva y seminal necesidad de ir hacia adelante. Así que como el anticipo de la eclosión de los frágiles huevos puestos por las moscas, con el impulso que se aventaja a la transformación de la materia, la escolopendra precursora recorrió las cavidades jugosas que aquella horizontalidad trepidante le supo ofrecer. Sólo eso, sabiendo soslayar las tentaciones que podrían retenerla en el profundo derrotero.

No es objeto imprescindible ni lugar este para explayarse desmedidos en la visceralidad del asunto. Baste pues con admitir, más allá de toda repugnancia, la biológica intención de este tránsito, obviando el inexistente valor estético que pudiera derivar del hecho de contarlo, limitándonos tal vez a recurrir, histéricos microscopios, a una representación del mundo desde un tipo de coordenadas distintas a las nuestras.

Por ello habremos de reencontrarnos con la fatigada escolopendra un poco más allá de la tráquea, justo en el preciso momento en el que algún designio oculto incendió su bombilla de insecto, quizás una breve brisa, la pretendida señal de un exit, una salida cercana. La quisiéramos descubrir escrutadora, deliberando el ángulo correcto, desarbolada en un mar de dudas, perseguida por todos los aguijones certeros.

Sintió el futuro, distinguió la calidad de los tejidos. Promovida por un enjambre de patas se lanzó zigzagueante sobre la superficie esponjosa de la lengua, circunvaló el velo del paladar, chocó con la barrera de esmalte, sintió la comisura y escapó hacia el exterior, perpetua rendija la boca. Nadie se dio cuenta al principio. Las luces reverberaban imprecisas en los extremos de aquel cuarto. Hacía tiempo que las plañideras roncaban en sus sillas, apoyadas las cabezas en el vetusto muro. Era el amanecer más lóbrego para la mujer muerta. Era el amanecer más lóbrego, aunque el hombre que la había sentenciado ya no existiera. Aura matinal, celo de la luz en las persianas, este primer aliento del día resultó ser también el principio del fin, la conclusión postrera y redundante para la historia de terror que experimentaba aquel desgraciado ser plurípodo.

Cuando una madre envarada en los kilómetros del dolor entró por fin en la sala y quiso acercarse, sí, a la hija inmóvil en medio de las respiraciones, aquellas damas gemebundas carraspearon intentando disimular su aturdimiento. El velorio estaba llegando a su apogeo. Un labio parapetado en las lágrimas se disponía a dar el último beso. Pero algo interrumpió el movimiento.

-¿Quién le puso estos pendientes? –preguntó la madre-. Ella nunca los usaba.

Los presentes se cruzaron de hombros. No entendían nada. Alguien acercó una candela al rostro de la muerta. Mientras la madera iba crujiendo la descubrieron, ajena, dulce caricia de patas sobre el lóbulo de la oreja derecha, pasmada en el último instante de paz antes del alarido. La madre cayó desmayada y todo fue algarabía de quejumbrosas en socorro, jesúsmaríayjosés, avientos, aspavientos y abanicos. La escolopendra trató de huir, pero una mano azotó su cuerpo leve catapultándola sobre el pavimento. Que su desesperada acometida libertaria se viera interrumpida allí mismo por la enigmática y enorme suela no entraba en los cálculos del instinto.