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sábado, 15 de agosto de 2009

DESDE LO OSCURO - CAPÍTULO II (LA TERTULIA LANGUIDECE)


Por eso nos extrañó tanto que de pronto Henry Troyiat-Mecir dejara de acudir a nuestras reuniones. Tal vez se había cansado, estaba harto de tanta futilidad, de tanto juego de niños. Durante las lecciones permanecía silencioso y distante, y ya no discutía sobre los fosfatos con el profesor Griffin. Tenía un aspecto desaliñado, parecía no haberse afeitado desde hace días y los surcos bajo los ojos eran un claro indicio de largas noches de vigilia. Con respecto a mí, su actitud fue, cuanto menos, esquiva. En la multitud de ocasiones en que intenté acercarme a él recibí un trato frío y desapegado, impropio de un hombre al que consideraba mi amigo.
Poco después se esfumó sin explicación alguna. Parecía haberse desvanecido de la faz de la tierra, o, cuanto menos, de la gran urbe londinense. Ya no acudía a las clases, y tampoco respondía a los telegramas que le enviábamos al número 23 de Hitfield Road, una de esas callejas del West End cuyas paredes se inclinan tortuosas en la parte baja del río, donde había alquilado un pequeño estudio.
El extraño caso de su desaparición fue denunciado por algunos de nosotros, pero aunque desde Scotland Yard se nos aseguró la búsqueda inmediata de Henry, no podía ocultarse que aquellos días habían sido bastante difíciles para la policía. El hallazgo de tres prostitutas asesinadas brutalmente en las dos últimas semanas en White Chapel tenía la culpa de ello. Resultará evidente que todo el personal disponible estuviera en estos momentos ocupado en otra búsqueda.
Todas estas noticias llenaron de inquietud los espíritus –y he de incluir entre ellos el mío- de los que seguían acudiendo a las convocatorias semanales en torno al fuego de mi hogar. Así como la persona de Henry nos había honrado y asombrado con su presencia, era ahora su ausencia inexplicable lo que presidía, de algún modo, nuestras conversaciones. Pocos pensaban entonces que no volverían a ver a Henry. Cunningham solía farfullar que aquel francés había hecho muy bien largándose de allí.
-Faltaría más –comentaba limpiándose con el dorso de la mano la espuma de cerveza que manchaba su roja barba-, qué puede interesarle de un puñado de inútiles como nosotros.
Pero para todos, incluido el bueno de Cunningham, aquella desaparición había sido un duro trago. Todo seguía girando alrededor de Henry, como si nuestras almas abrazaran, sumidas en la inconsciencia, la necesidad de encontrarle, imaginando, creando turbias historias que pudieran guiarnos hasta él. En poco tiempo comenzó a flotar sobre nosotros una sensación de decadencia, como si la falta de Henry transformara nuestros sábados en una especie de rito absurdo, en la ruina de un pasado reciente y esplendoroso que ahora se desmoronaba poco a poco, ajada por el implacable viento de la inercia. Sí, lo echábamos de menos, lo añorábamos sin querer admitirlo. Sin su brillo, sin su carisma, nuestras voces, incluso nuestras propias relaciones, languidecían, como si antes de Henry no existiera nada, como si después de Henry tampoco debiera existir. Así fue como, después de cuatro años de reuniones en mi casa, tan sólo interrumpidas en los meses de ausencia estival, me vi obligado a clausurar este hábito social que tantas veladas agradables me había deparado.
Todo lo sucedido contribuyó a agriar mi carácter y, en cierto modo, a descuidar mis estudios. Comía poco y dormía peor. Nada me reconfortaba, es cierto. De alguna manera culpaba a Henry por la evolución de unos acontecimientos que me habían llevado a la patética situación actual. Quizás, en aquel arrebato de tácitos reproches reptaba indeliberado cierto sentimiento de envidia hacia Henry que nunca había sabido reconocer. Aquella aceptación por parte de los demás, aquellas miradas anhelantes de unas mujeres que jamás se habían dignado a saludarme, aquella expresión inconfundible de su rostro, tan segura, tan envolvente, habían dejado en un corazón tiznado por el amargo sabor de la soledad –y fue entonces cuando pude comprenderlo- las semillas del rencor.

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