Pages

jueves, 31 de diciembre de 2009

THE CULTIVATION OF CHRISTMAS TREES, DE T.S. ELIOT


There are several attitudes towards Christmas,
Some of which we may disregard:
The social, the torpid, the patently commercial,
The rowdy (the pubs being open till midnight),
And the childish - which is not that of the child
For whom the candle is a star, and the gilded angel
Spreading its wings at the summit of the tree
Is not only a decoration, but an angel.

The child wonders at the Christmas Tree:
Let him continue in the spirit of wonder
At the Feast as an event not accepted as a pretext;
So that the glittering rapture, the amazement
Of the first-remembered Christmas Tree,
So that the surprises, delight in new possessions
(Each one with its peculiar and exciting smell),
The expectation of the goose or turkey
And the expected awe on its appearance,

So that the reverence and the gaiety
May not be forgotten in later experience,
In the bored habituation, the fatigue, the tedium,
The awareness of death, the consciousness of failure,
Or in the piety of the convert
Which may be tainted with a self-conceit
Displeasing to God and disrespectful to children
(And here I remember also with gratitude
St.Lucy, her carol, and her crown of fire):

So that before the end, the eightieth Christmas
(By "eightieth" meaning whichever is last)
The accumulated memories of annual emotion
May be concentrated into a great joy
Which shall be also a great fear, as on the occasion
When fear came upon every soul:
Because the beginning shall remind us of the end
And the first coming of the second coming.
1954
By T.S. Eliot


EL CULTIVO DE LOS ÁRBOLES DE NAVIDAD


Existen varias formas de afrontar la Navidad,
algunas de las cuales francamente deplorables:
la social, la abotargada, la incontestablemente comercial,
la bulliciosa (la de bares abiertos hasta medianoche),
y la pueril –que no es aquella del niño
para el que la vela es una estrella, y el ángel dorado,
agitando sus alas en lo alto del árbol,
no decoración, sino ángel.

El niño se sorprende ante el árbol:
dejadlo permanecer en ese espíritu de asombro
propio de la verdadera Fiesta, la que no es utilizada como pretexto;
de modo que el encanto resplandeciente, la maravilla
del primer árbol navideño recordado,
de modo que las sorpresas, la delicia de las nuevas posesiones
(cada cual con su olor peculiar y apasionante),
la expectación ante el ganso o el pavo
y el esperado alboroto en su venida,

de modo que la ceremonia y la alegría
no se olviden en la experiencia próxima,
en el hábito anodino, en la fatiga, en el tedio,
en el conocimiento de la muerte y la conciencia de la decepción,
o en ese tipo de piedad contaminada
con la propia vanidad del convertido,
tan desagradable para Dios y ingrata a los niños
(y aquí recuerdo con gratitud a Santa Lucía,
su villancico y su corona de fuego):

De modo que antes del fin, la octogésima Navidad
(Y octogésima significa que cualquiera será la última)
los recuerdos atesorados de la emoción anual
deben concentrarse en un inmenso gozo
que ha de ser también un inmenso temor,
como la ocasión en que el miedo
descienda sobre cada alma:
Porque el principio nos recordará el fin
y el primer advenimiento, el segundo.

No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

Dádle voz al oráculo