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miércoles, 30 de abril de 2008

LENTEJAS Y PAELLA POST-MARATÓN EN EL BUKOWSKI CLUB


No creía yo que esto de la fotografía diera tanta hambre, pero la verdad es que el mediodía del domingo 27 de abril en el Bukowski Club fue todo un ir y venir de platos, cervezas y algún que otro pacharán. Ganaron las fantásticas lentejas de Carlos y también la paella de la que dimos buena cuenta. Cuando hay hambre, hay hambre. El mejor fin de fiesta.

lunes, 28 de abril de 2008

HE AQUÍ EL HOMBRE


Un relatito.

El deteriorado aspecto de la dentadura nos habla de sus hábitos alimenticios, pero en ningún modo puede ser este el único parámetro aceptado para datar con seguridad científica un cuerpo. Conviene señalar lo resbaladizo que puede llegar a convertirse, en este sentido, el terreno de investigación, deliberadamente vasto, proclive a los bailes de fechas. El análisis de los estratos en los que aparece cada hallazgo debería precisar de una manera definitiva cualquier tasación, acortando para siempre los márgenes del error. Instrumental, semillas encontradas, tipo de estrato, restos de utensilios y otros huesos, de los animales con los que convivió, establecen entre ellos una red de concomitancias a las que resulta imposible sustraerse. Así, la veta de color en determinada piedra, la muesca oscura en un modelo prototípico de cerámica, un molar de menos, un milímetro de más en el diámetro del orificio de trepanación, pueden resultar esenciales para confirmar o deshacer una teoría. Por otra parte, un exceso de celo en el trabajo de campo, el vandalismo de los curiosos o, incluso, un mero descuido al tratar, manipular, desmantelar o transportar las evidencias pueden contaminarlas y hacerlas del todo inservibles.
Estoy seguro de que ahora deben pensar en lo innecesario, lo reiterativo de este preámbulo. Están cansados de escuchar la misma cantinela una y otra vez, desde que entraron en la escuela, en cada una de las excavaciones en las que han tenido la suerte o la desgracia de participar. Pero, créanme, quien les habla lo hace desde la perplejidad más absoluta ante un descubrimiento que podría cambiar nuestro concepto de la historia, de la prehistoria. Por eso, sin ninguna duda, hay que andar con pies de plomo. Ser el director del yacimiento me ha servido para comprender el nivel de frustración y desasosiego que la existencia del mismo provoca en los sectores más influyentes de la capital, dispuestos siempre a acortar los plazos, empecinados hasta la náusea en su afán esquizofrénico de hacer caja. Algo tan sencillo, una cala tan sutil que apenas roza la línea del tiempo es capaz de colapsar sin remedio esta ciudad caníbal que desaparece cada día un poco más, travestida autótrofa, absorta jungla de ladrillos y acero que ya apenas es capaz de reconocerse.
Cuando el técnico avispado detuvo el avance de la tuneladora que perforaba los bajos de Lavapiés para la decimonovena ampliación del suburbano sólo porque se encontró delante de un par de tibias blanquecinas no sabía lo que se le venía encima. Brillante, desgraciada decisión. En un primer momento los políticos, muy correctos, maniatados por el maniqueo acopio de votantes, impulsados a un ficticio afán de recuperación de la memoria, acordaron paralizar las obras mientras la ciencia se daba al examen de los restos buscando una posible fosa común abierta y cerrada durante la Guerra Civil. La desgracia y caída del técnico que estorbó con su extraña honestidad al brocosaurius se produjo el mismo día en el que fue anunciada la proterva antigüedad de los descarnados, que los emparentaba, entre otros, con los parietales de Atapuerca. No quiso saber nada de la vacilación, de esa fuerza indeterminada que abría el espectro de lo posible entre los dieciocho y los veinticinco mil años. Mientras recogía su finiquito, aquel pobre hombre que caminaba cabizbajo hacia la cola del paro tuvo que sufrir las miradas despreciativas de sus deshonestos jefes. Luego luego los mismos grandes talentos constructivos pisaban por primera vez la obra y enseñaban los dientes, se bajaban los pantalones al paso de un alcalde encajador de golpes, estratega del regateo mediático, que en visita oficial de urgencia a las instalaciones evaluaba a casco puesto la nueva situación ante la caterva de periodistas que se amontonaba en la entrada del túnel para disputarse, olvidada la frase del día anterior, la correspondiente a la jornada presente: estamos ante un descubrimiento único, hemos encontrado al madrileño más antiguo de esta Villa y Corte que nos define. Madrid, floresta emergente, altar elevado a los cielos para la inversión, despierta oh tú, metrópoli del progreso, mira también al suelo ante tu cita con la Historia. Resulta casi de Perogrullo el apunte sobre la oportuna sucesión de palmaditas en la espalda y golpes reivindicativos en el pecho que, como prescriben las buenas costumbres, no se hizo esperar. Que si ya tenemos nuestro Homo Matritensis, que si somos más pretéritos que nadie, que si ya lo decía yo que el Madrí es mucho Madrí (Homo Regens Matritensis), que si hay un gallego en la luna teniá que saberse de algún chulapón de pro en el centro de la tierra, que viva el Atleti (Homo Atleticus Matritensis), la madre que le parió y el chulo que le hizo, que ande yo caliente y a los demás, a mí plim…
Ustedes ríen, como debe ser. Todo esto les parece de lo más divertido y están en la edad de reir. Rían, rían. Pero el técnico que hizo enmudecer al engendro mecánico yaciente, olvidado ahora aquí, en su rincón, lleva ya más de ocho mensualidades cobradas de su prestación por desempleo y eso significa, amigos míos, tres cosas: la primera, que alguna voz ha corrido subrepticia entre las empresas que podrían darle el pan a este buen señor a cambio de sus excelentes servicios de peritaje para evitar que esto, lo del pan, lo de los servicios, se lleve a cabo a pesar de la franca disposición del susodicho; la segunda, que la prensa y la gente y el alcalde reelegido y la oposición despechada y un gato que pasaba por allí han perdido hace mucho, mucho tiempo, el interés por una noticia que no se renueva, por una investigación que ajena a la vorágine de arriba rasca paciente las tripas de Lavapiés; y la tercera, conectada a la lógica aplastante de las otras dos, que esos mismos picatostes metidos a mecenas, apresurados en un principio a figurar en los carteles como altruistas amigos de la cultura, ven que con el paso de los meses el soñado beneficio parece desvanecerse, así que todo empieza a moverse al ritmo de una asfixia distinta a la que provoca el estar bajo tierra, el cordial apremio para que liquidemos el asunto, nos vayamos con nuestras espátulas, carbonos y ordenadores a otra parte y dejemos al insecto cometierra trabajar por el interés general. Así que rían, rían. Aunque mi cabeza penda de un hilo de incontinencias antes de caer, precediendo con estrépito a las suyas.
Vuelvo a repetirles lo arduo de este estudio fundamental, deliberadamente vasto, proclive a los bailes de fechas. ¡Dejen de reír, coño! Sepan que yo debo responder por todos ustedes. Habrán entendido de una vez por todas lo delicado de nuestra situación. Qué hemos encontrado hasta ahora: además de las dos tibias que originaron todo este embrollo, apenas siete huesecillos de una mano izquierda, una articulación del codo extraordinariamente conservada en un ángulo de cuarenta y cinco grados y varios fragmentos desperdigados de un occipital, demasiado irrelevantes para proponer siquiera una teoría sobre la capacidad craneana del individuo descubierto. Parece, con todo, evidente, que el interfecto es un vetusto ejemplar de Homo Sapiens Sapiens, pero nada más. Que sea el más antiguo de los hallazgos en Europa entra dentro de lo probable, pero no me atrevería a afirmar algo que, en cualquier caso, los promotores de la taifa capitolina se encargarán de difundir a los cuatro vientos.
Lo que no puedo entender, queridos amigos, colegas, compañeros en esta profesión tan bonita como aburrida… si, si… rían, sigan riendo… a ustedes lo del rigor les da igual, ¿no es cierto?... lo que no puedo entender es este absurdo sabotaje, esta rechifla que veo en sus ojos… ¿no se sienten ridículos perjudicando la investigación?... acaso prefieran verme así, desquiciado por la perplejidad a la que ahora me someten… se que ha sido alguno de ustedes… no, no lo nieguen… sean valientes… den un paso al frente… les reconozco al menos que tienen mucho ingenio, que yo mismo me reiría si mi prestigio como arqueólogo no dependiera de todo esto… vamos, no habrá represalias para el que salga ahora… tampoco estará mal vista la delación para aquel que se atreva a aclararnos lo sucedido… vamos… por favor… ya veo que callan…
Bueno, pues nada, prepárense a recoger sus finiquitos porque o me convencen de que en aquel tiempo el ser humano dominaba la técnica de la alteración de materiales por el calor, lo que supondría un vuelco brutal en nuestra concepción de la Prehistoria, o nos van a llover las piedras cuando comunique a nuestros benefactores el novedoso hallazgo de una mano derecha aferrada desde hace unos dieciocho mil años, año arriba, año abajo, a un extraño objeto vítreo de color ocre semitransparente. No se desternillen tan rápido, porque tal vez tendrían también que explicarme cómo es posible que, adelantándose de calle a las tablillas sumerias, aparezcan sobre dicho objeto vestigios de la que sería el primer ejemplo de escritura e hito que marca, esta vez sí, el comienzo de la Historia, ese motor de la cultura en forma sacrosanta inscripción, de texto raro por inteligible: Mahou.
Imagínense los titulares. Daríamos la vuelta al mundo, varias vueltas daríamos, casi seguro. Se dispararían las controversias muy pronto. Muchas sociedades históricas y arqueológicas se rasgarían sin ningún tipo de tapujo las respetables vestiduras. Sería fantástico ver a los catalanes disputándose la propiedad de los restos por aquello del apellido y el lúpulo, a los escoceses recordando la procedencia del chotis, a los suizos observando el jaleo con rigor y evanescencia, siempre puntuales, siempre desde la barrera. Luego comenzaría otro tipo de reivindicaciones, se compararía nuestro hombre con nuevos descubrimientos e imprevistas imitaciones. No sería extraño encontrar un ejemplar de lo más añejo en Tubingia, una protesta el día de Saint Patrick en Dublín, un holandés errante, un monje belga cervecero y viejo, al menos tan viejo como el nuestro.
No se rían, no. Ya, ya sé en Lavapiés hay más bares que en toda… como dice ese que canta, pero nada más. Que tanta proliferación de buena vida venga de tan antiguo entra dentro de lo probable, pero no me atrevería a afirmar algo que, en cualquier caso, los promotores de la taifa capitolina se encargarían de difundir a los cuatro vientos, y hasta habría algún empecinado en demostrar que estas manos, este codo, estas tibias y esta calavera pertenecieron al primer tabernícola, apuntillando con ese natural gracejo matritense que a mí, plim al abandonar la tasca de viejos y la barra del tiempo y la caña vacía y el plato de loza en elipse en el que yacen, olvidados, uno cuantos huesos… de aceituna.

sábado, 26 de abril de 2008

MELLON COLLIE AND THE INFINITE SADNESS

Dejando a un lado a los grandes monstruos intocables (Rolling Stones, Bob Dylan, The Who, Lou Reed, etc), y ante la multiplicidad de los grupos surgidos a finales de los ochenta y en los noventa a la sombra del rock (ese manantial anárquico de ritmo y letra, extinguido en los setenta para algunos) parece imposible decantarse por nadie. Los estilos se fueron mezclando y confundiendo hasta convertirse en un (no siempre negativo) international sound ecléctico. Sin embargo siempre he pensado que la continuidad está en el espíritu, y el rock permanece porque de vez en cuando un puñado de jovenzuelos creativos reunidos sin saber por qué se atreve a escuchar a los clásicos, a copiarlos, versionarlos y adaptarlos a su propia vibración e incluso romper definitivamente con ellos hasta encontrar (cada cual a su modo) un camino novedoso y vigorizante. De cuántos garajes y reuniones clandestinas acústicas, de cuántos homenajes etílicos o combinaciones esporádicas habrán partido las nuevas inspiraciones.
A menudo se producen oleadas, tempestades de conexión que movilizan y realimentan hacia un sonido particular a una serie de músicos inquietos. En todos los lugares ha sucedido: en Argentina, en Australia, en Islandia, incluso en España. Pero mi obsesión se centra sobre todo en el aspecto anglosajón de la cuestión (casi pareado). En los ochenta / noventa he observado este fenómeno en varias ocasiones, pero sobresalen por su potencia dos tendencias:
Por un lado, el sonido británico, atenuado por la psicodélica adicción de las nuevas tecnologías, todavía deudor de los Beatles, orientado hacia un pop más o menos sesudo, o inducido brutalmente por la incandescencia punk (a veces me sorprendo añorando ese sonido Manchester, el cuelgue fiestero de los Happy Mondays o la sinuosa batería de los Stone Roses, a veces me sorprendo salvando a la reina con los Sex Pistols o sueño con Tom Yorke metamorfoseándose bajo el aura de su propia tristeza).
Por el otro, la sombra oscura y rasgada de los músicos del otro lado del charco, la iconoclasta adolescencia grunge sin pelos en la lengua (pero con muchos pelos en otras partes), que se desperezaba también entre guitarras punk y letras de cantautores y poetas. Nirvanizaré otro día, le daré al Red Hot otra oportunidad tal vez, pero la verdad es que todo este preámbulo indie-rollo sólo sirve para hablar del grupo que más me sacudió en los noventa: The Smashing Pumpkins.
The Smashing Pumpkins nació como grupo en
Chicago, Illinois, en 1988. A menudo, especialmente en sus inicios, el grupo fue catalogado dentro del estilo grunge por haberse formado la banda en la misma época de apogeo de dicho estilo. Pero luego derivó hacia otros horizontes.
Aunque sus primeros discos son ya masterpieces (ni Gish ni Siamese Dream tienen desperdicio), quiero sacar de mi jukebox particular este álbum doble poéticamente titulado Mellon Collie and The Infinite Sadness.
El disco fue lanzado el
24 de octubre de 1995. Constaba de 28 canciones perniciosamente diferentes y que hacen de Mellon Collie una obra total. Esta ópera-sueño del rock alternativo llegó a vender dieciséis millones de copias en el mundo y consiguió nueve discos de platino, convirtiéndose en el álbum doble más vendido de la década en ese momento. A mí me llegó la fiebre un poco después, en el otoño romano del 96, pero desde entonces el virus de la melancolía infinita persevera, sólidamente inoculado, en algún lugar de mis venas. Billy Corgan (guitarra y voz de pito, a veces desagradable) era la cabecita pensante de la que surgieron las 56 canciones compuestas en origen para el disco, aunque el resto de la formación en aquel momento no le iba a la zaga y todos tuvieron un papel importante en la grabación. James Iha (guitarra), D'arcy Wretzky (bajo) y Jimmy Chamberlin (batería) le acompañaron fructíferos en aquel viaje.
El viaje constaba de dos discos. El primero, Dawn to dusk, transitaba por espacios oscuros y primordiales, familiarizados con esa primera parte de la noche. Aunque ambas partes alternan los temas melódicos con los ardores de la potencia, Dawn to dusk se adivina más inaccesible. Al lado de los singles más conocidos como “Tonight, tonight” o “Bullet with Butterfly Wings” se acumulan joyas abrasivas como “Zero” o “Fuck You (An Ode to No One)”, sonidos cercanos a los de Siamese Dream (“Muzzle”) o verdaderas piezas envolventes como “Porcelina of the Vast Oceans”. El segundo, Twilight to Starlight, afrontaba la noche desde la perspectiva del que encuentra la luz. Así, los temas se hacen más llevaderos sin desprenderse jamás de la tristeza o el estupor. “1979” fue su principal single y todo un himno generacional. Pero tampoco resultan menores temas como “In the arms of sleep”, la psicoaceleradaeincendiariaguitarra de “Bodies” o el particular juego de “We only come out at night”. El disco peca, quizá, de un final en diminuendo demasiado largo, como si el anticlímax se hubiera extendido en exceso sobre las últimas cuatro canciones, todas ellas baladas. Pero el resultado es en conjunto (siempre desde mi humilde punto de vista) extraordinario.
El viaje de los Smashing Pumpkins, ese grupo grunge que nunca fue, ese emblema del rock alternativo que nunca fue, esa marca mainstream que nunca quiso ser, representó, para mí, esa gota de creatividad arrancada en el corazón de la incomprensión, una esperanza de grito en medio de los individualistas años noventa. Y no es poco. Sus huellas se han dejado sentir sin duda en numerosos epígonos. También en España. Acérrimos y puristas se llevarán las manos a la cabeza si digo a qué me suenan algunos temas de Piratas o de Vetusta Morla. Y ojo, si eso fuera así tampoco estaría nada, pero que nada mal.
En fin, lo de siempre. Que muy recomendable. Os dejo con el video de “Tonight, tonight”, este homenaje orquestado y a todo color de otro viaje, a la luna, de un tal Meliès.


lunes, 21 de abril de 2008

FOTOMARATÓN LA VIDA RIMA EL DOMINGO 27 DE ABRIL

A todos los que os gustan la fotografía, la gente y la calle no os debería pasar por alto esta oportunidad de saborear una buena mañana de domingo malasañero entre imágenes, amigos y algún que otro premio. Vale la pena, os lo aseguro. Para participar hay que inscribirse en La foto rima. Allí encontraréis las bases, la forma de inscripción y un poco de alegría con la que resolver todas las dudas.

domingo, 20 de abril de 2008

ORFEO ANTE LOS DEVORADORES DE TRAGEDIAS



Traes tierra en la boca,
desconocido,
y en tus ojos extranjeros
tiembla para siempre
el fulgor de la pérdida.
Quién fecundará esta noche
nuestros pálpitos sino tú,
engendrado en los odios de otros.
Sentimos el frío, ciertamente,
el mutuo abandono
en la sombra reconfortante.
Detestamos el silencio que nos define.
Tú, que has producido en tu imprudencia
una lástima inservible,
recoge para nosotros el dolor
que arrojaste
o las sombras que te acechan
acabarán devorándote.
Hazlo, desdichado.
Si no es así,

de qué entonces al abismo descender te sirve.

viernes, 18 de abril de 2008

SNATCH: CERDOS Y DIAMANTES


Esta vez toca hablar de cine, de ese cine que va apareciendo por ahí de vez en cuando para asombrarnos con su lenguaje, para enseñarnos otra cara de las cosas o, simplemente, hacernos pasar un buen rato. No seamos muy sesudos. Nada mejor para entretenerse que este disparate, esta comedia disfrazada de thriller (o viceversa): Snatch: Cerdos y diamantes.
Guy Ritchie (el director, si, el de la Madonna) había prosperado gracias a su brillante Lock & Stock, y con un poco más de contactos, unos cuantos billetitos verdes extra, se lanzó a este proyecto alucinógeno. Otra vez la misma historia: unos rateros de poca monta se meriendan al malo de turno. Parece algo convencional, pero Snatch sobresale por encima de la media general debido a varios aspectos: un guión bajofondista exasperante, un par de joyas interpretativas (ese Benicio del Toro como Franky Cuatro Dedos, ese sorprendente e ininteligible Brad Pitt en la piel de un boxeador gitanazo), una banda sonora de aúpa (Maceo & The Macks, The Herbaliser, The Stranglers, etc) y, sobre todo un montaje a prueba de todo ritmo (al rico video-clip) que ejemplifica a la perfección los caminos de la edición en el cine norteamericano contemporáneo (junto con otro puñado de películas como El club de la lucha, las de Tarantino, algunas de Soderbergh e Iñárritu, etc). Supongo que el Cuco estará de acuerdo conmigo. Nada, una maravilla que no hay que perderse.
Lo de siempre. Recomendable. Aunque muchos ya la hayan visto. Para los que no, ahí van los datos y el trailer (aunque dura seis minutos, los tres últimos corresponden a los títulos de crédito).


Snatch: Cerdos y diamantes (2000)
Título Original: Snatch (USA)
Director: Guy Ritchie
Intérpretes: Benicio del Toro, Jason Stathan, Stephen Graham, Brad Pitt, Vinnie Jones.

miércoles, 16 de abril de 2008

AOL RADIO



Posiblemente muchos ya la conozcáis, pero para los que no, os dejo el enlace de AOL Radio featuring XM, una radio por internet muy completita (amplia biblioteca en múltiples estilos, 10 presets, galería, info, etc), sobre todo si os gusta el rock.


Se acaba la era del CD, chicos.

martes, 15 de abril de 2008

ISOLA




No finjas recorrer el veneno,
no finjas conocer la plata inmaculada
de este lago hecho de espejos
hacia el que se extiende, retorcida,
cualquier garra; hoy nace una pálida frontera
semejante a la cicatriz del pan,
hierro que va por delante
como bermejo arañazo del tiempo,
sombra de un cuchillo antropófago
sobre el sagaz perfil del sol.
No finjas desterrar tu corazón,
no finjas esa rabia espesa
que atormenta a los hombres
ni asciendas de la dulce muerte
de un modo distinto al anhelo;
cómo surgirá entonces tu cuerpo,
si no como la blanda boca
enlodada del náufrago.
El aire rejuvenecerá
tus pulmones ahogados
con la justa melancolía,
el aire saciará el dolor alado
arrojándote a las olas-crepúsculo,
el iris de sal descansará sobre la arena
que se agita en algún rincón desierto,
absorta en su profundidad sin lágrima.
La vida desnuda, desprovista de belleza
en esta isla ha de bastarte,
despídete del labio, de la urgente auriga.
No finjas admitir que este placer duele,
no finjas nunca más sobre el misterio,
pues cada uno habrá de responderse un día
mientras desliza su camino de tristezas.

lunes, 14 de abril de 2008

PESTO GENOVESE


PREPARADO PARA PESTO GENOVESE (NAVEIRAS, TOMA NOTA)

Ingredientes: aceite de oliva, albahaca, ajo, queso rallado, piñones, sal.
Modo de empleo:
Machacar en un mortero el ajo, las hojas de albahaca, la sal y los piñones, y añadir un vaso de agua caliente para suavizar el preparado.
Dejar reposar.
Escurrir el mismo eliminando el agua sobrante.
Añadir 250 ml de aceite de oliva extra virgen y 50 gr. de queso rallado (si encima es parmesano, mejor).
Machacar el preparado con un cucharón y dejarlo macerar durante media hora. Habréis obtenido así el pesto genovese, excelente para utilizar sobre primeros platos y como fondo de otras salsas (JE, JE).

domingo, 13 de abril de 2008

ILUMINACIONES DE ARTHUR RIMBAUD




Tal y como señalé en la introducción a este blog, uno de mis propósitos era el de llevar hasta este lugar parte de mis experiencias (más o menos absurdas) y, por supuesto, las lecturas que me han causado alguna vez vértigo. No se trata de proselitismo, venta de ideas o exhibicionismo barato. Tan sólo pretendo que conozcáis algunas de las caras de mi poliédrica sed. De vez en cuando realizaré breves comentarios (ni exhaustivos ni filológicos, of course) de obras literarias y/o audiovisuales que han influido en mi trayectoria más o menos errática.


Comienzo la revisión de esta biblioteca destartalada con una de las joyas literarias que mayor impacto causaron en mi juventud (así he salido después, je, je). Las Iluminaciones de Rimbaud llevan ya trece años en mi poder (imaginad el libro así, en manos de un imberbe melenudo de diecinueve añitos), y a menudo vuelve a perseguirme con su aliento de frescura irresistible, de modernidad arrolladora. ¡Qué rabia empezar a leer a la edad en que otro ya ha dejado de escribir!


En 1875 Verlaine ya había manejado los textos de l’enfant terrible, pero los mismos sufrieron una serie interminable de vicisitudes, confusiones, añadidos y tergiversaciones que hacía imposible su reconocimiento, hasta que casi cien años después la editorial Gallimard publicó unas Obras Completas de Rimbaud en las que se establecían definitivamente los parámetros generales de las Iluminaciones como el conjunto de poemas en prosa que conocemos hoy en día.


Poemas en prosa que, si bien no tienen la riqueza formal que aporta Baudelaire, desde luego ahondan con energía súbita y penetrante en el inconsciente colectivo de ese final de siglo XIX ya tan lejano y rejuvenecen a gritos el panorama poético del momento, aformales y mundanos, abismales y reconcentrados, desencadenados vértices del objetivismo, iluminaciones, estampas que obvian y bordean ese yo que tan de moda estaba entonces, que habita ahora universal entre los versos de más de uno.


Lectura de juventud, sí, pero que, al menos en mi caso, no ha perdido un ápice de su potencia destructora de los tópicos. Lectura que me revuelve, a la que recurro siempre y que me influye, incluso ahora mismo, cada vez que escribo, io confesso.


Existen una infinidad de versiones más o menos válidas de las Iluminaciones, pero me decanté en su momento (y sigo recomendándola siempre) por esta, bilingüe, editada por Hiperión, sin duda debido a la fina traducción de Juan Abeleira, de una sonoridad casi inquietante. Como muestra bien vale un botón, sí. Pero esta vez no repetiré el fragmento más conocido y perdurable: Matinée d’ivresse (Mañana de ebriedad). Prefiero este otro, que, como notaréis, parece haber sido escrito en nuestros días.

SOIR HISTORIQUE (ATARDECER HISTÓRICO)

Un atardecer cualquiera, por ejemplo uno de esos en que el turista ingenuo se encuentra retirado de nuestros horrores económicos, la mano de un maestro anima el clavicordio de los prados; en el fondo del estanque, espejo evocador de las reinas y de las favoritas, se juega a las cartas; sobre el poniente se alzan las santas, los velos, las prolongaciones armónicas y los cromatismos legendarios.
Él se estremece al paso de las cacerías y de las hordas. La comedia gotea sobre los tablados de césped. ¡Y la turbación de los pobres y los débiles sobre estas planicies estúpidas!
Esclava de su visión, Alemania se yergue hacia las lunas; los desiertos tártaros se iluminan; las antiguas revueltas se agitan en el centro del Celeste Imperio, por las escaleras y ante los sillones reales; un mundo pequeño, descolorido y llano, África y Occidentes, va a edificarse. Luego un ballet de mares y noches conocidas, una química sin valor, y melodías imposibles.
¡La misma magia burguesa en cualquier lugar donde nos deje la silla de posta! El más elemental de los físicos advierte que ya no es posible someterse a esta atmósfera personal, bruma de remordimientos físicos que ya al ser constatada aflige. ¡No! El momento de la estufa, de los mares encrespados, de los incendios subterráneos, del planeta furioso y de los consiguientes exterminios: certezas descritas de un modo tan claro en la Biblia y por las Nornas, y que a todo ser sensato le será dado vigilar. Sin embargo, ¡su efecto no será nunca legendario!


Rimbaud, Arthur, Iluminaciones (Iluminations) seguidas de Cartas del Vidente, Ed. Bilingüe, Madrid, Hiperión, 1995.