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jueves, 23 de abril de 2009

QUIJOTADAS EN EL DÍA DEL LIBRO


Un año más se conmemora el Día del Libro, que en España "acaesce", como muchos saben, el 23 de abril, día de San Jorge, San Jordi y otras joyas del santoral.
¿A qué se debe la elección de tan ilustre fecha? Muchos también creen saberlo: se celebra el aniversario de la muerte de nuestro escritor más grande, Miguel de Cervantes Saavedra.
Pero este dato no es del todo exacto. En realidad la muerte se produjo el 22 de abril, (por cierto, una semana después que la de Shakespeare). La fecha del 23 constata de facto el momento de su sepultura. El autor del Quijote fallece en la calle del León y es enterrado al día siguiente, con el sayal franciscano, en el convento de las Trinitarias Descalzas de la actual calle de Lope de Vega.
Pero bueno, lo importante, más allá de estas cabriolas y zarandajas histérico-históricas, es su obra, tan distinguida, tan defendida, tan difundida y tan clásica que apenas se lee. Y sí, os aseguro que es una pena.
Os dejo un fragmento del capítulo LXII de la S
egunda Parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha que viene muy al pelo con todo lo que importa en un día como hoy: el gusto por la lectura. Cervantes escribió esta segunda parte de su Quijote porque un tal Avellaneda se había atrevido a continuar las andanzas de su personaje (todo un pirata literario del Barroco). De una manera magistral, Cervantes da una vuelta de tuerca al texto y aprovecha la ocasión para lograr un efecto metaliterario innovador (como también supo hacer Shakespeare). El don Quijote de la Segunda Parte entra en una imprenta y descubre sus propias andanzas falseadas y ya escritas, en el libro de Avellaneda. Teatro dentro del teatro, novela dentro de novela.

"Sucedió, pues, que, yendo por una calle, alzó los ojos don Quijote, y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: Aquí se imprimen libros; de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto emprenta alguna, y deseaba saber cómo fuese. Entró dentro, con todo su acompañamiento, y vio tirar en una parte, corregir en otra, componer en ésta, enmendar en aquélla, y, finalmente, toda aquella máquina que en las emprentas grandes se muestra. Llegábase don Quijote a un cajón y preguntaba qué era aquéllo que allí se hacía; dábanle cuenta los oficiales, admirábase y pasaba adelante. (...)

Pasó adelante y vio que asimesmo estaban corrigiendo otro libro; y, preguntando su título, le respondieron que se llamaba la Segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesta por un tal vecino de Tordesillas.

-Ya yo tengo noticia deste libro -dijo don Quijote-, y en verdad y en mi conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho polvos, por impertinente; pero su San Martín se le llegará, como a cada puerco, que las historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan a la verdad o la semejanza della, y las verdaderas tanto son mejores cuanto son más verdaderas.

Y, diciendo esto, con muestras de algún despecho, se salió de la emprenta."

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