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lunes, 29 de septiembre de 2008

ANTOLOGÍA DEL BUKOWSKI CLUB EN GRUTA77


Este martes 30 de septiembre de 2008 a las 21:30 horas se presenta en la sala Gruta77 la antología poética BUKOWSKI CLUB 06-08. Todo un espectáculo "rockdisciplinar" que combina un recital (en el que participa un buen número de los poetas antologados) con el concierto de Los Espirituosos. La entrada es libre. Así que a carabanchelear un rato. No os lo podeis perder.

GRUTA 77
c/CUCLILLO, 6 (ESQUINA NICOLÁS MORALES) Madrid
Metro: Oporto
Bus: 34, 35, 108, 118 y N-17 (nocturno)

jueves, 25 de septiembre de 2008

SUBSTANCIA

Abríase breve
-¡silencio!- concha
en el jardín dubitativo.
¡Odio en los hoteles, aire!
Júzganme lejos ángeles y anáforas,
solían ser más tristes que sublimes,
solían permanecer, yo nunca quise.
Júzganme hoy como la sombra
habitaciones, cuerpos, candelabros.
Reclinable muro, hazme el amor,
mi boca repercute en tus abismos
más que gritos incoloros,
al fin aquella muerte
es un silencio
como cualquier otro,
negaré al instante
las palabras o el gesto,
silencio silencio
que ya va a abrirse,
malablandada rabia,
quién duda que acaso esté.

Ademán en un nombre inaudible.

viernes, 19 de septiembre de 2008

ÚLTIMA NOCHE


Haz lo que nunca imaginé,
llegó el tiempo de huir,
agoniza ya la juventud
y nuestras vidas cambian.
Más o menos es lo mismo,
niégame, pero todo está virando,
no te esfuerces demasiado
en comprender, la luna se enrojece
al otro lado en la pantalla.
Si amanece, lo demás propagará
este juramento inútil.
Desdeña la versión, eclípsate,
que aquí ya no habrá más verdades,
no intentes aferrarte al último trazo de luz,
márchate de la ciudad ahora que puedes
y abandóname al albur,
en la calle impersonal donde crecimos.
Imperativo vete.
Llamas devoran horizontes:
los hombres se están crucificando esta noche.

viernes, 12 de septiembre de 2008

IDENTIDAD


¡Anárquico alado! ¡Soldado hermano! ¡Nómada cósmico dispuesto una vez más a deambular por el mundo! ¡Cuántas noches he muerto! ¡Cuántas horas febriles ardieron en tus labios los cuentos! La locura nos envolvía con entusiasmo en aquella búsqueda. Detrás, el simulacro. Llegamos a compartir un extraño agotamiento. A través de los intersticios horadados en los puentes se adivinaba un fulgor incontrolable. Así era el mundo que forjábamos. Por cada palabra desatendida volveríamos al infierno, a la identidad verdadera. Volveríamos, dominados por esa inocencia acostumbrada, expuestos a motivos de nombres espantosos e incompletos.
Yo ceñía océanos de hombres pretéritos con redes hiperbólicas que iban desintegrando el libro y a menudo solía volatilizarme por completo. Fabricaba, atrapado por la maraña urdida en cada velada perfecta, los lúcidos estragos de mi propia niebla.
Retrocedía siempre por las mismas calles, heredero de un rumor exhausto. Y, casi siempre, como un vulgar marinero borracho, extraviaba los atajos encarnados de la noche, percutía en los papeles arrugados del bolsillo y pensaba en ti, animal de bestiario, con la mano abierta, la humedad temprana, tal y como me imaginaba a mí mismo, y arrodillaba mi decrepitud disfrazada de inolvidable rutina.
¡Anárquico alado! ¡Soldado hermano! ¡Nómada cósmico dispuesto una vez más a deambular por el mundo! Traté de descubrir la raíz del síndrome. Era preciso romper la absurda promesa con que había desterrado la razón y doblegar aquella delirante inarmonía. Era el tiempo de decir lo nunca dicho y no volverlo a oír jamás, de retorcer ese todo hecho de nada que fluye en la deriva del silencio. Te encontré allí, menos recóndito, todavía no demasiado lejos, reivindicado por el tedio y el espejismo del veneno, loco como yo por encontrar el ritmo la farsa la letra y el secreto.
A DANIEL HERRERA.
BUEN VIAJE, AMIGO.
BUEN VIAJE.

domingo, 31 de agosto de 2008

EL RETORNO

Húmedo encuentro
cuando el agua murmura
brillo en los ojos.

Muy buenas a todos. Ya estoy volviendo poco a poco.



sábado, 2 de agosto de 2008

EL EMBRUJO DE SHANGHAI - NOS VEMOS PRONTO

Empujado por los deseos de ir lejos, siempre más lejos, lejos. Me aguardan el skyline espacial, las murallas milenarias, la congestión habitual, las vacaciones sin descanso, tan esperadas.
Je, je.
Un saludo a todos.
Hasta la vuelta.

martes, 29 de julio de 2008

SILENCIO

Silencio tú también nos oscureces,
silencio que nos vas levando elipses,
contén al hombre ejemplo
que desatiende el labio,
allá donde alacenas el rubor
si el intervalo calma
y sigiloso te redimes
sin el mar la voz los brazos.

sábado, 26 de julio de 2008

FARSA DE MEMORIA

Nosotros en el acabamiento, pero con esa curva de eslabón que va rompiéndose infinita, nosotros, tocados por el ron y el filo y las palabras y esa música, como si la gravedad hubiera alcanzado alguna vez, para siempre nuestra tristeza.
En aquella edad de sombras se extinguió el rito: era de una levedad tan trascendente y córnea que aniquilaba arcángeles. No existía espacio para la fascinación o el tedio, jamás hubo una noche que no ocultara tantas dudas. Las siluetas prorrumpían en aquella edad de sombras con la certeza inconmovible de un actor esquivo: sabíamos desarbolar nuestros cuerpos, pero no fuimos capaces de enterrarlos, percibimos el olor en el sendero, la carga en el aire, como signos de un lenguaje de tormenta e interpretamos la sangre, la dolencia del músculo, bajo el estigma proverbial de los proscritos: bebed, leed de mis labios sin estructura, hay cosas que no deben contarse, mis dos paralelepípedos desenfundan el duelo, yo pregunto por tu yo, tú disparas la respuesta con más arborescencia que esperanzas, tú disparas por mi tú, yo duplico los silencios de esta amarga incontinencia.
Nosotros en cualquier comienzo, pero con esa roca de algodón que va descomponiéndose, la vida de nosotros, pospuesta en el neón y en las arterias bajo lluvias míticas, como si el destino nos hubiera alcanzado alguna vez, para siempre en la tristeza. Es la hora, irradia ya esa luz que prevalezca, ten cuidado que se acaba ya tu tiempo, desentrama todavía nuestra historia, prende fuego ya a esta farsa de memoria con la rabia iconoclasta del momento.


jueves, 24 de julio de 2008

ERAN VEINTINUEVE

Carreteras desiertas,
dulce sabor empalagoso,
la imagen fallida del velo
se inmola. Agítense el pasado,
los jóvenes perdiendo el tiempo
enchufados a una vida sin calles.
Las neuronas señalan el abismo
en el que estar seguros.
Hueso resbala tras su siglo en el polvo:
mézclate con la tierra y descansa,
hay un puesto vacante a mi lado
cuando la mirada aburre. Baila.
Santa obviedad, qué resuelta pasa la nada.
La ciudad hiede a morfina,
algunos vuelan millas inocentes.
La semilla ya no crece en el cemento,
lamentable haz de luces descompuestas.
No necesito una esperanza
que rompa las reglas,
ninguna defensa absurda
de mi comportamiento.
¡Basta!, ya no hay nadie alrededor.

CALÍGULA, DE ALBERT CAMUS

Desde tiempos de Plinio, Plutarco o Suetonio se han contado las vidas de los césares romanos. A través de crónicas, relatos o recreaciones dramáticas más o menos apegadas a los clásicos hemos sido informados de los caracteres, hechos vividos y comportamientos de una innumerable ristra de personajes: generales, lugartenientes, madres de bastardos, sátrapas agregados, reinas de Egipto, filósofos condenados, sacerdotes y aduladores, concubinas y, sí, césares. Pero a pesar de que la lista de emperadores fue larga hasta la definitiva caída de Roma, casi siempre han trascendido literariamente los infortunios del gran predecesor, Julio César, marcado por una trayectoria justa y una muerte trágica, la pax expansiva y cultural del primero, Octavio César Augusto, prototipo de estadista ideal, así como las depravaciones de Tiberio o las veces que el tartamudo Claudio logró esquivar la muerte, pero sobre todas, la vida y obra de malvados como Nerón y Calígula, ejemplos de la corrupción moral que proviene de un poder absoluto. De hecho me atrevería a decir que estos dos últimos superan, si hablamos de interés dramático y exceptuando los grandes acercamientos shakesperianos, a los dos primeros.
Se dice que Cayo Calígula sucedió a Tiberio después de envenenarlo y rematar su vida asfixiándolo con un cojín. Sus desmanes son del todo conocidos. Suetonio destaca su crueldad y locura, y sin llegar a justificar sus actos, las hace frutos de la inestabilidad mental de un enfermo. Sin embargo cuando Albert Camus, el existencialista, El extranjero atormentado por La peste, aborda el personaje para esta obra representada por primera vez en 1945 va mucho más allá que un simple cronista de los hechos. En Calígula Camus transmite sus propias obsesiones: el absurdo de vivir, la búsqueda metafísica, la irracionalidad del sufrimiento humano y la lógica del poder. En el drama Calígula deambula insomne y pendenciero intentando emular a cualquier dios, inventando una nueva condición humana que parte del miedo a la muerte, muerte que el propio emperador puede administrar de una forma aleatoria y carente de sentido en cualquiera de los estamentos y grupos sociales que le rodean: pobres, ricos, senadores, esposas, esclavos, amantes, poetas, amigos. El terror ante esta incongruencia vital hace que los hombres pierdan su esencia humana.
Calígula acabará quedándose sólo consigo mismo, consciente de la hilera de muertos dejados atrás, esperando en cualquier momento la conspiración contra el tirano, su propia muerte, reflejo de su rostro en un espejo roto, preguntándose de dónde viene, a dónde va. Quisiera apoderarse de lo imposible, de la luna, aunque sabe que de alcanzar su objetivo, lo imposible dejaría entonces de serlo.
Camus aborda con brillo esta alucinación en cuatro actos que he leído en la edición de Alianza Editorial, que sigue, traducida por Javier Albiñana, el texto unificado por el Petit Théâtre de París en 1958. Un fragmento encontrado en la escena 5ª del Acto 3º, monólogo imperial:

CALÍGULA

Habías decidido ser lógico, idiota. La cuestión es saber hasta dónde te puede llevar eso. (Con ironía.) Si te trajeran la luna, todo cambiaría, ¿no? Lo imposible pasaría a ser posible y en consecuencia todo quedaría transfigurado de repente. ¿Por qué no, Calígula? ¿Quién puede saberlo? (Mira en torno a él.) Es curioso, cada vez hay menos gente a mi alrededor. (Al espejo, con voz sorda.) Demasiados muertos, demasiados muertos, demasiados muertos, eso lo va dejando todo vacío. Aunque me trajeran la luna, no podría volver atrás. Por más que los muertos vibrasen bajo la caricia del sol, los asesinatos no quedarían enterrados. (Enfurecido.) La lógica, Calígula, hay que perseverar en la lógica. El poder hasta el final, el abandono hasta el final. No, imposible volver atrás. ¡Hay que llegar hasta la consumación!.


Camus, Albert, Calígula (Caligula), Alianza Editorial, Biblioteca Camus, , Madrid, Trad. Javier Albiñana, 2003.