Carreteras desiertas,
dulce sabor empalagoso,
la imagen fallida del velo
se inmola. Agítense el pasado,
los jóvenes perdiendo el tiempo
enchufados a una vida sin calles.
Las neuronas señalan el abismo
en el que estar seguros.
Hueso resbala tras su siglo en el polvo:
mézclate con la tierra y descansa,
hay un puesto vacante a mi lado
cuando la mirada aburre. Baila.
Santa obviedad, qué resuelta pasa la nada.
La ciudad hiede a morfina,
algunos vuelan millas inocentes.
La semilla ya no crece en el cemento,
lamentable haz de luces descompuestas.
No necesito una esperanza
que rompa las reglas,
ninguna defensa absurda
de mi comportamiento.
¡Basta!, ya no hay nadie alrededor.
Poema del día: "Las bodas vienesas", de José María Eguren (Perú, 1874-1942)
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En la casa de las bagatelas,
vi un mágico verde de rostro cenceño,
y las cicindelas
vistosas le cubren la barba de sueño.
Dos infantes oblongos deliran
y a...
Hace 23 horas
guapo!
ResponderEliminarleñe!
siempre hay alguien alrededooorrrr...cuidadooo...nus vigilannnnn
jejejeje
mua!