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viernes, 31 de octubre de 2014

LA LEYENDA DE JACK-O'-LANTERN


Los irlandeses se llevaron a América la costumbre de hacer linternas, talladas a partir de nabos, que iluminasen el camino de vuelta a los muertos queridos durante la víspera de Todos los Santos y protegieran a los vivos de los malos espíritus. Pronto sustituyeron los nabos por calabazas ante las inmensas facilidades para el vaciado que ofrecían las famosas cucurbitáceas. El origen de esta tradición y de toda la parafernalia de Halloween está en la leyenda de Jack-o'-lantern, que os dejo aquí para que paséis una buena noche de miedo anglosajón. 

LA LEYENDA DE JACK-O'-LANTERN

Cuenta la leyenda que existía un hombre llamado Jack el Tacaño, un granjero tan perezoso como astuto y que no hacía ascos a unas buenas pintas de cerveza.
Una noche en la taberna donde Jack solía ir a beber y a jugar a las cartas hasta altas horas de la noche, éste se encontraba totalmente ebrio y, con la valentía que da el alcohol, gritaba desafiante a todo aquel que quisiera escucharlo:
 No hay nadie más listo que yo, ni capaz de superarme en inteligencia y astucia.
Ninguno de los presentes hacía caso de las fanfarronadas de Jack, molesto y furioso, Jack no iba a permitir que le ignorasen, así que volvió a gritar lleno de soberbia:
 Reto al mismo Diablo a que me demuestre si es más inteligente que yo.
La actividad de toda la taberna se paralizó, no se oían risas, ni bromas, en realidad no se oía nada, los aldeanos apenas se permitían respirar. Jack había retado abiertamente al Diablo. Todos los presentes miraban a Jack con terror, poco a poco, el bullicio empezó a crecer aunque el ambiente era lúgubre, sin alegría. Sólo había susurros ahogados y miradas furtivas.
Jack se enfureció aún más, de un salto se puso de pie tirando la silla que había estado usando y, con un puñetazo furioso, apartó la mesa de su camino desparramando todo por el suelo, y, mirando con desprecio a sus vecinos, salió del local.
Frente a la taberna, Jack vio a un siniestro caballero vestido completamente de negro y con un sombrero de ala ancha que cubría su rostro, pero los ojos del desconocido relucían con un brillo maligno en la oscuridad y le miraban fijamente.
El miedo se apoderó de Jack, aquel tipo era aterrador, pero él no se dejaba amilanar fácilmente y, con ademán bravucón, se dirigió al extraño y se encaró con él.
 ¿Qué es lo que quieres?  le preguntó con altivez.
El desconocido no le contestó, pero el brillo de sus ojos era más intenso y frio.
Jack se encogió de hombros, y con un gesto despectivo, se dió media vuelta y se dirigió a su casa. Al principio, Jack iba tan confiado y ufano como siempre pero la sensación de estar siendo seguido por alguien se iba acentuando con cada paso que daba. Empezó a mirar inquieto hacia atrás, pero no conseguía ver nada aunque la sensación era ya abrumadora, de vez en cuando creía ver la sombra del enmascarado acercándose cada vez más.
Jack aceleró el paso, tenía la impresión de oír los pasos de su perseguidor cada vez más cercanos, y el terror se iba apoderando de él, nunca el camino hasta su hogar le había parecido tan largo. Corrió. Cuando por fin llegó a casa Jack estaba completamente aterrorizado, rápidamente echó el cerrojo de la puerta y corrió a comprobar, una a una, todas las ventanas.
Cada vez que comprobaba una ventana podía ver al desconocido parado frente a la casa, esperando. Esperándole.
Después Jack esperó a ver que pasaba. La tensión y el miedo iban creciendo en él, pero no pasó nada. Cada pocos minutos se asomaba por la ventana, y cada vez el desconocido seguía allí, parado, esperando. Jack estaba desesperado, y, recogiendo el valor que le quedaba, se atrevió a salir y a volverse a enfrentar al desconocido.
 ¿Quién eres y qué quieres de mi?  le espetó Jack asustado.
El extraño le miraba fijamente, con aquellos ojos espeluznantes, y Jack creyó ver como la boca de aquel individuo se había torcido en una cruel sonrisa.
 Soy el Diablo, y estoy aquí puesto que me has retado, a mis oidos han llegado que te consideras más listo que yo.  Su voz sonaba siniestra y profunda.
Aunque muerto de miedo, Jack sonrió al extraño y lo cogió del brazo invitándole a volver juntos a la taberna a tomar sus últimas copas. El Diablo aceptó. Durante horas ambos estuvieron hablando, bebiendo y jugando animadamente, en una extraña competición de ingenios, la velada transcurría como una fiesta entre dos amigos. Durante todo este tiempo Jack no paraba de pensar en como salir de ésta aunque no encontraba la forma.
Inexorablemente, ya muy cerca de la madrugada, el Diablo le dijo a Jack que iba a llevárselo al Infierno donde purgaría sus pecados y pagaría por su soberbia. Jack sabía que había llegado su hora, aún así no se amilanó e invitó al Diablo a una última ronda. El Diablo, que lo había estado pasando tan bien hasta el momento, no vio motivos para negarse.
Al llegar el momento de pagar, Jack afirmó haberse quedado sin dinero, lo que provocó numerosas bromas y burlas entre ellos, momento que aprovechó Jack para volver a retar al Diablo:
 ¡Vamos compañero! demuéstrame tus poderes, a ver de qué eres capaz. ¿Por qué no te conviertes en algo pequeño, en una moneda, por ejemplo?
El Diablo, bastante ebrio y picado en su orgullo, usó toda su parafernalia y se transformó en una moneda. Momento en el que, astutamente, Jack aprovechó para coger la moneda y guardársela rápidamente en el bolsillo, donde previamente había guardado un crucifijo de plata.
El Diablo, atrapado junto a la cruz, no podía hacer nada para liberarse, por lo que, no le quedó más remedio que hacer un trato con Jack. Jack le liberaba y, a cambio, el Diablo no podía presentarse ante él en un año.
Así que, un año después, el Diablo se presentó puntual a su cita. Este año no habría borracheras, ni bromas, ni risas, en esta ocasión no iba a permitir que Jack le volviera a burlar.
En esta ocasión, Jack pidió un deseo antes de morir. Como bien es sabido, los últimos deseos de los que iban a morir debían de ser concedidos, por lo que el Diablo volvió a concedérselo, aunque en esta ocasión puso algunas condiciones. No iba a permitir que, utilizando algún truco, Jack volviera a retrasar su entrada al Infierno.
 Quiero una última cena. No quiero nada exótico, llevo todo el año cuidando de ese manzano, y una de ellas, esa que se ve en la copa del árbol, acaba de madurar y pensaba comérmela mañana. Desearía disfrutar de ella antes de mi muerte. Mi deseo es que me la bajes para que pueda comérmela y luego puedes llevarme contigo.
Al Diablo le pareció un deseo razonable. Sólo una manzana. Por lo que sin pensárselo más aceptó. Ágilmente subió al árbol y se puso a buscar la manzana que Jack había señalado.
Pero Jack había vuelto a engañarle, justo cuando el Diablo había subido al árbol, Jack grabó en el tronco una cruz para que este no pudiera escapar.
El Diablo estaba furioso y humillado, ¡aquel granjero se había atrevido a engañarle dos veces! Aún así, no le quedó más remedio que volver a hacer un trato con Jack.
Esta vez Jack pidió que el Diablo no pudiera presentarse ante él en diez años.
Pero el destino quiso que Jack perdiera la vida mucho antes del tiempo establecido. Tal como era, soberbio, altivo, vicioso y tramposo era completamente imposible que cruzara las puertas del Cielo y, por lo tanto, debía ir al Infierno.
Pero había un problema, el pacto seguía vigente y, por consiguiente, era imposible que Jack se encontrara con el Diablo antes de que se cumplieran los diez años. Por lo que tampoco podía entrar en el Infierno. Jack se quedaba en tierra de nadie, entre el Cielo y el Infierno, sólo y a oscuras. Jack suplicó ayuda.
El Diablo burlón, había estado esperando todo este tiempo su venganza, y esta era su oportunidad. Le negó la entrada al Infierno transcurrido el tiempo pactado, pero como burla, le lanzó una brasa que no dejaría de arder con el fuego del infierno para iluminar su camino.
Jack vació un nabo y colocó la brasa en su interior a modo de farolillo. Comenzó a vagar eternamente, sin pertenecer a ningún lado, en busca de un lugar donde encontrar el descanso final.
Desde entonces, Jack-o'-lantern, como se le empezó a llamar, ha sido visto en numerosas ocasiones durante la noche de Halloween, acompañando a aquellos que se atreven a salir esa noche, y ofreciendo a sus acompañantes un truco o un trato.

martes, 28 de octubre de 2014

PÁJAROS NEGROS SOBRE LA VALLA DEL CAMPO DE GOLF


Poco queda por decir sobre esta fotografía que José Palazón (@PRODEINORG) tomó junto a la valla de Melilla, salvo que se trata de la asquerosa metáfora perfecta de nuestro tiempo. 
Cuando salió a la luz muchos pensamos que se trataba de un montaje de mal gusto. Nos estamos acostumbrando demasiado a manipular la realidad con Photoshop, retranca y mala uva con el objetivo pueril de arrancar una sonrisa o unos cuantos "me gusta" en las redes sociales, en vez de utilizar toda nuestra creatividad en cambiar las cosas de verdad. Y hay montajes excepcionales, lo digo desde el punto de vista de un diseñador gráfico. Pero esa es otra historia, y, como luego se demostró, la realidad supera ampliamente cualquier ficción.
La indignación creció al saber que no se trataba de ningún montaje. Los hombres ahorcajados sobre la valla contemplando ese trozo de paraíso artificial pegado a la frontera mientras las fuerzas del orden tratan de hacerlos bajar.
Es una foto de Pulitzer. Como el buitre que acecha al niño desvalido. Como tantas otras imágenes redondas y desesperanzadas. Una foto que es a la vez denotativa, ya que muestra una situación concreta y objetiva, y connotativa, porque al mismo tiempo es capaz de trascenderla. Una foto-metáfora, ya lo he dicho, que expresa como pocas nuestro Zeitgeist. Dos mundos en un palmo de terreno. Suele suceder con las fotos fronterizas, contrastes a ambos lados de cualquier muro, Berlín, Palestina, México-Estados Unidos, las dos Coreas, Melilla... 
Las autoridades melillenses dicen que esta imagen es demagógica, pero no hay duda de que ese campo de golf existe allí y ahora, junto a la valla.
Nada que decir sobre los que ajenos a lo que pasa a su espalda siguen golpeando la pelotita. Si lo pensamos bien, todos nosotros estamos al mismo lado de la alambrada, seguimos con nuestras vidas y nuestros propios problemas sin ser conscientes de la forma de la jaula. Aunque en el fondo la metáfora va mucho más allá del habitual mensaje de África versus Europa, más allá de las altas puertas del Paraíso. ¿Acaso no estamos muchos de nosotros, aquí y ahora, subidos como pájaros negros sobre nuestra propia valla? 

martes, 21 de octubre de 2014

EN LA CIUDAD BLANCA, DE ALAIN TANNER


Ocurrió hace mucho tiempo. Un acontecimiento colectivo inusual que sin embargo, por aquello que he ido descubriendo, no pasó del todo desapercibido. Coincidían entonces el insomnio de muchos, las habitaciones en penumbra, los televisores adquiriendo algún sentido aquella madrugada. Alguien programó con sentido la cinta en La 2. Yo tampoco conocía la obra de Alain Tanner, y aún no asociaba a Bruno Ganz con el ángel de Cielo sobre Berlín. Pero un carguero se había adentrado en el Tajo de nuestros corazones para dejarnos durante 108 minutos En la Ciudad Blanca (Dans la Ville Blanche, 1983). Lisboa.


Lisboa. El Sur. La luz. Lisboa en los ojos de un suizo. De un jefe de máquinas que abandona su barco como Paul. Suizo. De un director como Tanner. Cuatro líneas de guión y la maestría interpretativa de los actores para contarnos algo del tiempo detenido. De Lisboa, de la forma de caminar en la ciudad blanca. A través de imágenes más que de palabras, a través de todas las lenguas, como en todos los lugares que sirven de encrucijada. 
Apenas unas líneas de guión: harto de la "fábrica flotante de gente loca" en la que viaja, Paul desembarca en Lisboa, donde decide alojarse y escapar del ruido y la normalidad. Comienza a cartearse con su mujer, a la que expresa su angustia vital. Vaga por la ciudad y encuentra a una mujer y las filma a través de su cámara Super-8. Las imágenes acaban sustituyendo a las cartas. 
Sí, el tiempo se ha detenido para Paul. Ahí entra en juego Julio Cortázar.


Julio Cortázar. Le habían llamado axolotl. Pero es en una carta de su mujer cuando Paul descubre lo que eso significa. "Fue su quietud lo que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. (...) Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl". Este fragmento del famoso relato se convierte en la clave sobre la que bascula la película. Es entonces cuando descubres lo que eso significa. Paul se ha quedado en Lisboa, atrapado su reflejo en el espejo. Paul ha acabado al otro lado, claro, como el que mira la quietud primordial del axolotl. El mundo es diferente. Los relojes van al revés. Todo empieza a adquirir otro sentido. La misma estructura difusa se adivina en el hombre que se filma a sí mismo, cine dentro del cine, hasta que dejamos de saber cuál es la persona y cuál su imagen. El gran acierto de Tanner es esa confesión atravesada en la aparente libertad de movimientos, de este viaje interior a ninguna parte. 
Joyas de un cine distinto que cambian vidas y visiones del mundo. Lisboa. Dans la Ville Blanche. Ocurrió hace mucho tiempo. Ahora mismo está ocurriendo.

Título: En la Ciudad Blanca (1983)
Título original: Dans la Ville Blanche (Suiza/Portugal/Reino Unido)
Dirección: Alain Tanner
Guión: Alain Tanner
Producción: Paulo Branco, Alain Tanner, António Vaz da Silva
Fotografía: Acácio de Almeida
Música: Jean-Luc Barbier
Intérpretes: Bruno Ganz, Teresa Madruga, Julia Vonderlinn, José Carvalho...



En Youtube.

viernes, 3 de octubre de 2014

MADRID: UN GRAN FIN DE SEMANA PARA LA POESÍA



Este es un fin de semana intenso en cuestión de poesía independiente que podéis aprovechar si estáis por Madrid.
Sí, porque desde este jueves 2 de octubre y hasta el domingo día 5 coinciden en el tiempo dos eventos más que interesantes: el encuentro Voces del Extremo Madrid 2014 (Poesía y desobediencia), que está teniendo lugar en el Campo de Cebada (Metro La Latina) y el festival poético y feria de publicaciones 2014 Poetas por Km2, ubicado en el Centro Cultural Conde Duque (c/Conde Duque, 11, Metros Ventura Rodríguez, Noviciado, Plaza de España o San Bernardo).
Tenéis, por lo tanto, dos espacios distintos y casi siempre complementarios para descubrir lo que se cuece en el panorama poético y cultural de esta ciudad aparentemente muerta.
El margen es tan grande que podéis incluso acudir a los dos eventos. En los enlaces descubriréis los distintos programas y sus horarios. En ambos hay recitales y actuaciones de viejos amigos y conocidos poetas de lo más recomendable. 
Me gusta especialmente el planteamiento de 2014 Poetas por Km2, que cumple diez años, con esa exposición dedicada a Federico García Lorca, La voz de Lorca, con su espacio para recitales o la feria de publicaciones en las que participan varias editoriales amigas. Por allí desplegarán sus libros y propuestas, entre otros muchos, mis queridos LVR[ediciones, Ya lo dijo Casimiro Parker, Proyecto Genoma Poético o Zoográfico. Allí se presentará de nuevo, este sábado a las 17:30, la antología En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis, de Bartleby Editores, en la que tuve la fortuna de participar (suerte, Gloria). Allí dará voz a su Ardimiento Esteban Gutiérrez Gómez, el mismo sábado 4 de 19:00 a 20:00 horas. Y el bueno de Daniel Orviz cerrará junto a Nach el festival con, presumo, una de sus actuaciones estelares.
Lo dicho. Puede ser un fin de semana inolvidable.

sábado, 27 de septiembre de 2014

EL BESO


Si mi historia cifrara libros apaisados en la luz.
Si tu lengua donde abierto me derramo.
Desprendiérame para holgar en el olvido.
Vínculo de cuerpo brillante espera o bruñe
incrédulo alabastro de membrana discreta,
cúrvate osamenta inquilina en la delación,
como vida tu lengua, turbamiento imborrable.
Si una noche un viajero mascullara en el frío,
si el misterio desplazara un infinito aerolítico.
Como un golpe de nieve
llega del aire la tormenta. Si tu lengua.
Si desando inexorable
en el espacio la inquietud, el parto.
Si tu lengua queda atrás. Cuando la repetición
despierta una enésima sospecha.
Como un labio de papel toda la vida anáfora.

martes, 23 de septiembre de 2014

LA IMAGEN DEL VERANO (SEIS)

© Fotografía de Luis Morales
Ya es costumbre, lo sé, seleccionar una imagen entre todas las captadas por mi ojo electrónico este verano, cada vez más numerosas y variadas, tantas que su multiplicación incontrolada amenaza seriamente con colapsar todos mis discos duros. Antes de que esto ocurra, procedo, pues, a elegir una de ellas.
Si bien en otras ocasiones me he decantado por los espacios encontrados en mis viajes o en la figura humana que los puebla, en esta ocasión os muestro un objeto, o mejor, un campo lleno de objetos, un mundo entero en miniatura, una estructura resumida y metafórica del mundo, el yin y el yang, el bien y el mal elevados a su más alta potencia: un juego para maniqueos, estrategas y emperadores cuyas particularidades conocía mi hijo, por primera vez, este agosto ajedrezado.
Aunque no lo creáis se trata de una fotografía playera. La luz del Mediterráneo entraba por la inmensa ventana a primera hora de aquella mañana mientras mi hijo, al que le había explicado la noche anterior las cuatro reglas básicas del juego, colocaba correctamente las piezas en sus correspondientes casillas. 
Contemplé este acto silencioso y demoledor de la memoria mientras recordaba vagamente a otro niño y otro tablero y otro padre contemplándolos. Y entonces percibí las alargadas sombras que las piezas arrojaban sobre el tablero, tan misteriosas y amenazadoras, y supuse que en efecto el ajedrez es una magnífica metáfora del mundo, y que mi hijo está aprendiendo lo que eso significa a pasos de siete leguas. Y supe que aún hay esperanza al comenzar la primera partida y comprender que a las primeras de turno mi hijo se inventaba sus propias reglas.
Con esa imagen me quedo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

EL BALCÓN DE JULIETA


JULIETA
¡Ah, Romeo, Romeo! ¿Por qué no expulsas a esa turba de turistas mistificadores, a esos que lo dejan todo perdido con sus candados y sus firmas en los muros, a los que no perdonan un selfie? Dime, Romeo, por qué no les confiesas que nunca existimos, que ni siquiera estamos ahora aquí, que Shakespeare no pisó jamás Italia, que este balcón de Verona es falso, que el anfiteatro de la ciudad sí es Historia y está bien conservado, que solo somos sombras, criaturas de tinta sobre papel, ilusiones de amor, ficciones, sueños de polvo y arte, moneda de cambio, estrategia de mercado.
ROMEO
No me creerían, Julieta. O en cualquier caso admitirían que nadie es perfecto.

viernes, 5 de septiembre de 2014

MEMORIA OLFATIVA


Aún siguen ahí:
el olor de la leche en el pecho de tu madre,
del tabaco negro en la mejilla de papá,
la mercromina sobre la herida infantil,
o ese soplo que se desprendía al abrir
la botella del calcio.
Aún siguen ahí
los aromas agitados por el viento del pueblo,
cuando, al caer la tarde, volvían los cerdos,
y la nata hervida en el fogón de la abuela,
y el heno y la mierda de la mula en el corral,
y el tomate recién cortado a navaja en el mismo huerto.
Aún siguen ahí
los misteriosos ambientadores de pino,
la naftalina en los armarios,
la fritanga que ascendía hasta la ventana desde el bar,
todo lo que se colaba en la rejilla de ventilación
del autocar
desde el fumadero de la fila de atrás.
Y ese linimento de las farmacias,
y ese olor a rancio ultramarinos,
y aquella zapatería que olía a pies,
y el bálsamo Floïd en la barbería,
y el inclasificable golpe en la nariz
al entrar en las letrinas de ciertos bares,
aquellos hoyos negros sobre blanco
en los que tanto costaba acertar.
Ahí, ahí siguen
la tinta de los libros nuevos en septiembre,
el plástico del forro transparente,
la madera arrebatada a los lápices
por los sacapuntas,
la blanda cera olorosa Manley,
la plastilina indigesta,
los chicles Boomer, el regaliz
en la tienda de las chuches,
el chorizo pamplonica en el eructo
de tu mejor amigo, gajes de recreo.
Y el pan recién hecho,
y la paella dominical,
las natillas caseras,
el café en la cafetera,
la naranja exprimida,
y otra vez el café, sí.
Ahí siguen la lavanda,
la tierra después de la tormenta,
pero también los calcetines húmedos,
secándose sobre la calefacción de los trenes.
La memoria de un patio en la hora de la siesta,
el tambor de detergente colgado en la pared,
el polvo desprendido en cada bote,
la piel sudorosa de los más altos,
los brazos en alto, mientras tú te defendías
de su defensa de axilas.
Y mucho más tarde
el submarino herbáceo en el asiento trasero,
el desinfectante en los cines dudosos,
las cáscaras de pipas,
los litros devueltos a las esquinas,
el vómito abismal.
Y el mar, siempre el mar,
el olor a mar.
Tú y el mar,
la piel de sal,
la piel con piel,
la mantequilla
a la que olieron
nuestros cuerpos
la primera vez.
Aún sigue ahí.
Lo que fue.
Lo que ya no es.

lunes, 25 de agosto de 2014

LOS CIEN AÑOS DE CORTÁZAR, EN EL ALEATORIO


Julio Cortázar cumpliría cien años mañana 26 de agosto de 2014. Cifra redonda e histérica. Obviamente, la red bulle en torno a una sacrosanta efeméride de la que el autor, casi seguro, desconfiaría. O no. Siempre me he preguntado qué hubiera experimentado Cortázar de haber podido utilizar las herramientas de las que nosotros disponemos ahora. Cruces, puentes, intertextualidad, el arte de lo efímero, los restos del pasado sobre el presente conformando un extraño conjunto... tal vez.
No voy a extenderme demasiado más. Me remito a mis comentarios, en este mismo blog, a la novela que ha marcado a varias generaciones: Rayuela, sobre la que planeé hace un año y medio a propósito del medio siglo de su publicación.
Sin embargo quiero recordar a todo el que esté interesado en hacer su homenaje personal a Cortázar que mañana mismo, en una iniciativa sin precedentes, se procederá a una lectura pública integral de Rayuela. Será en el Aleatorio (c/ Ruiz, 7, Metro Bilbao, Malasaña, MADRID). 
Allí mismo, desde las 9:00 horas del día 26 a las 3:00 horas del día siguiente, el micrófono estará abierto para leer, un capítulo por persona, ese texto situado entre la tierra y el cielo.
Para ello podéis enviar un email a rayuelaleatoria@gmail.com apuntando vuestra disponibilidad horaria aproximada. Los organizadores os confirmarán la hora y el capítulo a leer. Ánimo, aún estáis a tiempo.
Yo estaré por allí hacia las 23:00 horas, con un capítulo que amo especialmente, cuya lectura me sorprendió en su momento y que además ha sido el pretexto para algunas de las composiciones propias que más valoro. Por pura casualidad se me asignó en 148, posiblemente el mismo que yo hubiera elegido en el caso de poder haberlo hecho. Así que la magia es doble (o triple) si cabe: Cortázar, azar, aleatorio. ¿Quién da más?

sábado, 23 de agosto de 2014

AMERICAN GIRL IN ITALY, DE RUTH ORKIN


Seguro que conocéis esta foto. Se titula "American girl in Italy", y fue captada en Florencia el año 1951 por una mujer, la fotógrafa Ruth Orkin.
La composición, impecable, abre el espacio en torno a la figura central de la muchacha con la maestría de los grandes pintores. Varias líneas diagonales imaginarias que parten de los ojos de los hombres aterrizan sobre Ninalee Craig, de 23 años, que muestra cierta indiferencia, atrapada en esa red de miradas. En la fotografía se palpan la tensión sexual y el efecto túnel. Las distintas actitudes de los hombres: el piropo, acción verbal indeseada, la mirada de soslayo, disimulada, la mano en la entrepierna, el codazo hacia el amigote, el silbido, el comentario que expresa sin duda pulsiones privadas colectivas.
La foto no estaba planificada, pero sí es cierto que Ruth Orkin hizo pasear varias veces a Craig por aquella acera. El resultado es una fotografía que siempre se ha visto bajo el prisma de la polémica sexista. Aunque posiblemente no fuera esa la intención de la autora, sino la contraria, es decir, ensalzar la libertad de la nueva mujer que comenzaba a emerger en aquellos tiempos.
Sin embargo...
Los italianos arrastran desde entonces ese sambenito. Paradigma de la Italia de posguerra, diréis, esa fama que siempre han tenido los italianos con las mujeres.
Pero no, claro que no, ese modo de mirar sigue vigente, y es universal.
La pulsión de los hombres persiste, en cualquier lugar y aunque haya pasado tanto tiempo. Solo cierto sentido de la civilización, tal vez la educación, impide que la cosa vaya a más, aunque no siempre.
Cada día podría conseguir una instantánea parecida a esta en mi calle, en todas las calles, a cualquier hora. No hay vez que un hombre no gire la cabeza para valorar el culo de la chica que acaba de pasar a su lado. Mi fotografía sería mucho peor, menos estética seguro, y posiblemente mucho más soez. Poco hemos cambiado. Las mujeres siguen siendo vistas como objetos. Las redes sociales y la tecnología de la que disfrutamos amplifican el hecho. Y los hombres, con la que está cayendo, siguen proclamando a los cuatro vientos sus fantasías, sus deseos, olvidándose de nuevo del respeto. ¿Será algo innato? ¿Tendremos alguna vez remedio?