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miércoles, 8 de julio de 2009

YONQUI DE WILLIAM S. BURROUGHS


Como suele ocurrir en este tipo de literatura, el autor se las vió y se las deseó para poder publicar Yonqui, confesiones de un adicto irredimible. Sintomáticamente, Yonqui se convirtió en uno de los libros de referencia del siglo XX para la literatura estadounidense y anglosajona en general. También en uno de los más controvertidos y proscritos. Si su amigo Allen Ginsberg no se hubiera empeñado en buscarle una editorial este libro podría haber dormido tranquilamente en un cajón mucho, mucho tiempo. Pero la valentía del editor Carl Solomon hizo posible la publicación del texto en 1953, que el autor firmó bajo el seudónimo de William Lee.
Hacer algo así hoy en día no tendría demasiado mérito, pero hablamos de los Estados Unidos en los años 50 del pasado siglo. Que un escritor hable abiertamente de su adicción a la heroína y otras drogas o de su homosexualidad protegida por una relación convencional de conveniencia no debía estar muy bien visto en aquellos tiempos. Pero es que además lo que de alguna manera S. Burroughs está mostrando en Yonqui, esa especie de diario seudo(auto)biográfico, es la enorme corrupción y podredumbre que emana de la sociedad del momento. Nada se salva, ni la ciudad ni el campo, ni la policía ni el sistema penitenciario, ni el FBI ni la CIA, ni la psicología ni la farmacia, ni Nueva York ni Nueva Orleans, ni Mission ni México. No se salvan las instituciones pero tampoco los individuos, ni siquiera el propio e irredimible drogadicto confeso.
S. Burroughs cuenta sus experimentos, devaneos y fracasos sin aspavientos, con un estilo naturalista y desapegado, pleno de humor negro. En definitiva lo que trata de transmitir es que la droga (para el adicto) no es un estimulante ni una forma de escape, sino una manera de vivir.
Os dejo un fragmento interesante del libro. En ese momento se encuentra en Mission, una ciudad situada en el valle del fronterizo Río Grande. La descripción antropológica que hace del lugar en que se encuentra no tiene desperdicio y, además, podría aplicarse a otros lugares del mundo y otros momentos históricos:


"Mucha gente ganó dinero rápidamente y con facilidad durante los años de la guerra y la inmediata posguerra. Cualquier negocio era bueno, del mismo modo que cuando la Bolsa está en alza todos los valores son buenos. La gente creía tener vista de lince para los negocios, cuando lo único que tenía era la suerte de que la coyuntura les resultara favorable. Ahora el valle pasa por un mal momento, y sólo los peces gordos pueden sobrevivir. En el valle las leyes económicas son tan impersonales como las fórmulas algebraicas que enseñan en el bachillerato, ya que no hay ningún elemento humano que pueda modificarlas. Los muy ricos son cada vez más ricos, y el resto va camino de la bancarrota. Los grandes negociantes no son astutos, ni despiadados, ni emprendedores. No necesitan decir o pensar nada. Todo lo que tienen que hacer es quedarse sentados y esperar que el dinero les llueva a espuertas. Tienes que ponerte al nivel de los grandes negociantes o abandonar la partida y aceptar cualquier trabajo que te quieran dar. La clase media se ha de apretar cada vez más el cinturón, y sólo uno entre mil de los que han nacido en su seno levantará cabeza. Los grandes negociantes son la banca, y los pequeños agricultores son los jugadores que tratan de hacerla saltar. El jugador se arruina si sigue jugando, y el agricultor debe jugar o exponerse a ser llevado a los tribunales por no pagar los vencimientos de los préstamos. Los grandes negociantes son dueños de todos los bancos del valle, y cuando un agricultor no puede pagar, los bancos se quedan con sus bienes. Muy pronto, los grandes negociantes poseerán todo el valle"*.

*Traducción de Martín Lendínez y Francesc Roca.

S. Burroughs, William, Yonqui (Junky), Ed. Anagrama, Barcelona, 2004.

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